martes, 17 de abril de 2018

LEER CONTRA LA NADA de Antonio Basanta




Hoy os invito a un manifiesto revolucionario: ¡Vivir con libros! Si alguna vez me preguntaran por mi profesión, diría: lectora. De entre todas las profesiones que he ejercido, ejerzo y ejerceré, la de lectora es la más vocacional y a la que más tiempo he dedicado y dedico. 
Sí, Vivir con libros, para mí, es algo parecido a esos azares obstinados, que damos en llamar casualidades y que revolucionan tiempos y espacios y nos devuelven al estado de humanidad, donde velan las armas los tejedores de instantes.

 Y es que el azar en letra impresa siempre es revolucionario. Asumir el riesgo de vivirlo, de aventurarnos en él, implica comprender que la derrota no llega cuando nos vencen; llega cuando desistimos. 
¡Y seguimos en las barricadas! ¡Jamás desistimos! ¡Esa es la revolución de Vivir con libros! 
Azar de instantes, de palabras, de lectura de lecturas, de símbolos, de interpretaciones... Interpretaciones que envuelven el alba tras noches en donde adivinamos que «somos el tiempo que nos queda», como decía Caballero Bonald. Y, hoy, quiero dedicar este ensayo de Antonio Basanta «Leer contra la nada», al espacio que existe entre un libro y una nube. 

Sófocles ya sostenía que «Una palabra es suficiente para hacer o deshacer la vida de un hombre» Yo, por mi parte, soy de la misma opinión. La fuerza de una palabra puede con todas las murallas, con todos los malentendidos, con todos los fusiles. 
 Y es que no hay nada más bello que tejer instantes con palabras a la sombra del azar obstinado, allí donde mantenemos lo ignorado en espera o nos damos de bruces con nuestra inmisericorde realidad. Porque justo allí el pincel y la palabra se aman...  

Ese azar en letra de molde, hermana las notas al pie de lo vivido con los adjetivos por vivir. Y es entonces cuando emerge la voz de la conversación, porque leer es compartir. Leemos para saber que no estamos solos. Es un sentimiento tan bello como el de amar y sentirse amado, se asemeja a ese descubrimiento turbador e irrepetible... 

Cabe preguntarse ¿Por qué lloramos o reímos, si todo en un libro es de mentira?... 
Sencillamente... ¡Porque lo que sentimos es de verdad!. 

¿Os sumáis al manifiesto revolucionario: ¡Vivir con libros!? 

¡Si así fuere... llegaremos todos y a tiempo de morir con cordura! 






LO QUE SE HA ESCRITO ACERCA DE LA OBRA 

Para el escritor Antonio Basanta leer es "conjurar el vacío", pero lo necesario para que la sociedad crezca y mejore es reivindicar que ese ejercicio sea "más profundo, sensitivo y emocional", algo sobre lo que reflexiona en su nuevo libro, "Leer contra la nada", un "homenaje" a todo lo que le ha dado la lectura. En una época como la actual en la que la información es infinita hay que "profundizar en el modo de leer" para que todo ese cúmulo de datos se convierta en conocimiento, explica a "Hay que volcarse hacia una lectura profunda, sensitiva y emocional que nos devuelva las claves de lo que somos, es decir las claves de nuestra propia humanidad", señala el escritor, que ha dedicado toda su vida profesional al fomento y al desarrollo de la lectura también como docente, editor y gestor de proyectos culturales. 

"Leer contra la nada" es su nueva forma de reivindicar algo de lo que está plenamente convencido: la importancia de "reequilibrar" el sistema para que los ciudadanos sean capaces de "transformar, aprender, asimilar y compartir todo lo que digan". Es, admite, una "utopía social" que, espera, se pueda convertir en realidad algún día: "En esto apelo mucho al sistema educativo porque hay que aprovechar lo que el sistema en sí mismo significa para darle acomodo prioritario a la lectura". Olvidarse de las prisas y dedicar a los libros "su tiempo y su tempo" no solo es fundamental, según el madrileño, sino que es la única vía posible para conectar con las palabras escritas. "El lector tiene que buscar el libro que esté creado para él, el que le despierte sensibilidades", señala convencido de que la lectura es también "lo más análogo a vivir" y de que construir una verdadera "sociedad de lectores" se torna imprescindible. 

Todas esas conclusiones a las que Basanta ha llegado después de dedicar toda su vida a fomentar esa lectura detenida y reflexiva las comparte en su libro "desde el ámbito emocional" y aludiendo a la conexión que ve con la "neurociencia lectora". "Creo que también hay que volver a descubrir el valor de la lectura emotiva, el valor de la lectura que realmente es capaz de atraparte y transportarte porque es lo que permite vivir con toda la intensidad infinidad de experiencias que en la vida real no vas a tener la oportunidad de disfrutar" añade. https://www.elperiodico.com/es/ocio-y-cultura/20171107/antonio-basanta-reivindica-la-lectura-profunda-en-leer-contra-la-nada-6408366

lunes, 26 de marzo de 2018

NO HAY ORQUÍDEAS PARA MISS BLANDISH de Hadley Chase



Hoy os invito a una expedición a los abismos del alma: «No hay orquídeas para miss Blandish» de James Hadley Chase. Al leerla, releerla o visionarla, a buen seguro que sentiremos que la condición humana, quebradiza, supera el paso del tiempo. Y esa perversidad despiadada y sin concesiones, que ahora se presenta en cada telediario, nos remitirá, entre otras, a la historia del brutal secuestro de miss Blandish, perpetrado por la banda de Ma Grissom. 

 Absolutamente espeluznante es el personaje de la madre de la familia de mafiosos, un personaje de esos que no se olvidan y con el que es mejor no soñar, porque la pesadilla está asegurada. En la novela, como en la vida, se hace omnipresente la crudeza a través de la brutalidad de sus personajes por la frialdad con la que Hadley Chase narra las escenas violentas, y por la premura que tiene uno por olvidar lo que ha leído nada más acabar el libro. 

He de confesaros que no soy lectora de novela negra. Y en el Cine, todavía hoy, me siguen inquietando estas películas. De tal modo, que busco cualquier excusa para no estar atenta en los momentos duros y violentos. Y solo respiro cuando aparece «The end» y «los malos» han sido abatidos. 

Y es que la maldad, pese a la anhelada bondad de la que revestimos nuestras acciones con pretextos anodinos, siempre nos evoca los renglones torcidos con los que escribimos o nos escriben algunos pasajes de nuestras vidas... 

Este espinoso asunto, no cabe duda que nos desfigura ante cualquier espejo, por muy benévolos que deseemos ser con nosotros mismos y por muy aleccionado que tengamos al espejo. 

Y es en ese preciso momento, cuando sentimos miedo de ese alter ego que se ríe, irónico y burlón, de nuestras buenas intenciones. 

 ¡Os deseo que la maldad no os sea indiferente! 



LO QUE SE HA ESCRITO ACERCA DE LA OBRA 

La novela destaca por su crudeza, por la fría crueldad de sus personajes principales, por la frialdad con la que se narran las escenas violentas y por la prisa que tiene uno por olvidar lo que ha leído nada más acabar el libro. Una expedición a los peores abismos que pueden abrirse dentro del alma humana, la psicosis, la dureza y la crueldad más despiadada. 

Una obra maestra del género, un clásico imprescindible cuya lectura es toda una experiencia, intensa e inolvidable. René Babrazon Raymond (Londres, 1906-1985), más conocido como James Hadley Chase, fue un escritor inglés, hijo de un coronel de la Armada Británica. Estudió en el King's School en Rochester y luego en Calcuta. A los 18 años se independizó y trabajó como librero, vendedor de enciclopedias y mayorista de libros. A los 32 años escribió su primer libro. 
Basándose en la cultura estadounidense de la Gran Depresión (1929-1939), la ley seca y el crimen organizado, y después de leer «El cartero siempre llama dos veces» de James M. Cain, decidió probar suerte con la novela negra y en seis semanas, con la ayuda de un mapa y un diccionario de argot americano, acabó esta espléndida composición titulada irónicamente «No hay orquídeas para Miss Blandish». La novela alcanzó un éxito espectacular y fue llevada primero al teatro y luego al cine. Hadley Chase se animó y escribió más de 90 títulos, la mayoría de serie negra. En casi todas sus novelas se sabe desde el principio quién es el asesino, pero se mantiene la intriga sobre qué va a pasar hasta el final. Las mujeres juegan un papel muy importante en sus libros, suelen ser fatales, hermosas, manipuladores y malvadas. 

Durante la Segunda Guerra Mundial fue piloto de la RAF y llegó a ser líder de escuadra. Como escritor, James Hadley Chase ha resultado ser muy popular en Asía, África y la antigua URSS.
http://laantiguabiblos.blogspot.com.es/2013/08/no-hay-orquideas-para-miss-blandish.html

lunes, 26 de febrero de 2018

JINETES EN EL CIELO de Eduardo Torres-Dulce



Hoy os invito al Cine, al cine de mi infancia y al cine que, siempre que tengo ocasión, visiono, una y otra vez. Mi abuela era una gran aficionada al Cine. Y es sabido que los nietos y los abuelos siempre tienen una suerte de alianza clandestina. Yo la tuve. Y fue aquella clandestina complicidad, el más bello de cuantos regalos hubiera podido imaginar. 

Tanto es así que su sombra se ha alargado en el tiempo de mis años. Porque, a decir verdad, sigo leal a ella. Sí, pese a los reglones torcidos que la vida en su oficio escribe, sigo vadeando Rio Grande a caballo y me inspira, profundamente, la fuerza irlandesa de Maureen O' Hara . 
Y es que Irlanda ha pasado a ser de la familia... Y una sutil intuición me dice que la «Isla esmeralda» será la tierra de mis nietos… 

 He de decir, en honor a la verdad, que el caballo es para mí el animal más hermoso y noble, hecho éste por el cual, también, os invito a esta trilogía de la caballería de uno de los grandes cineastas: John Ford, y que  ha  escrito y analizado, magistralmente, Torres-Dulce. 

Lo cierto, y eso lo sé ahora, es que me gustaba, y aún me gusta, evadirme y soñar con esas gestas homéricas: ¡Tardes de Cine con sueños a galope! 
Y en «Jinetes en el Cielo» existen caballos hermosos, héroes de gran humanidad y se forjan sueños que alcanzan a los mismísimos dioses… 

 ¡No se puede pedir más! 

 ¡Os deseo que el buen Cine os procure sueños a galope tendido! 


 LO QUE SE HA ESCRITO ACERCA DE LA OBRA 



 Entre 1948 y 1950, John Ford rodó Fort Apache, La legión invencible y Río Grande. El prolífico director filmó en ese tiempo tres películas más, pero las citadas -y dentro de su amplia y magistral dedicación al western- han adquirido una identidad propia al ser agrupadas por la crítica bajo el rótulo de “Trilogía de la Caballería”, pues están dedicadas a las actividades de ese cuerpo del ejército de los Estados Unidos en el último tercio del XIX, lo que las dota de unas características comunes, refrendadas por múltiples ingredientes de estilo y producción compartidos. Con su socio Merian C. Cooper -creador de King Kong- y para su productora independiente Argosy, John Ford dirigió en su mítico escenario de Monument Valley esas tres películas de fuerte vocación historicista y pulsión por la leyenda, basadas en relatos de James Warner Bellah -sobre episodios reales o susceptibles de serlo, y siempre con observaciones realistas- e inspiradas en su planteamiento visual en pintores como Charles Schreyvogel y, sobre todo, Frederic Remington. Fueron películas rodadas con presupuestos austeros, en poco tiempo (seis-siete semanas) y con la proverbial frugalidad de tomas de John Ford. John Wayne estuvo en las tres, si bien el protagonista de Fort Apache fue Henry Fonda. Eduardo Torres-Dulce (Madrid, 1950) ha sabido encontrar en esta trilogía fordiana un corpus compacto, dotado de personalidad y de cohesión interna para elaborar un excelente ensayo, acorde -como explica en el prólogo- con su propia memoria y experiencia cinéfila de joven espectador de películas y joven lector de novelas del Oeste. 


Torres-Dulce (Armas, mujeres y relojes suizos) es un crítico de entraña cinéfila, pero, una vez más, demuestra que tal condición no se sustancia, en su caso, en un mero ejercicio de nostalgia o de evocación idealista, sino que se despliega bajo otros, al menos, tres requisitos combinados: la investigación prolija de datos y referencias de toda índole, el análisis tanto del discurso visual como del ideológico -y de su imbricación- y la escritura que, finalmente, congrega elementos críticos, periodísticos e historiográficos con una prosa de calidad que propicia una lectura altamente satisfactoria desde un punto de vista exclusivamente literario. 

 Torres-Dulce suele exhibir una mirada humanista, atenta a los valores conservadores-liberales susceptibles de poder ser aceptados universalmente, que, naturalmente, encuentran en el cine de Ford y en estas tres complejas -más de lo que parecen- películas un objeto de reflexión muy propicio: personajes con conflictos morales importantes, ideas en liza con la propia conciencia y con las ideas de los otros, un material que Torres-Dulce desgrana con detalle, revelando con minuciosidad cómo el cine de Ford -que el gran público consume por sus tramas o por su acción- estaba fundado en personajes interiormente desgarrados y en pugna -entre aciertos y errores- con sus convicciones y sentimientos. 

 Jinetes en el cielo parece tomar su título de una inolvidable canción country de Stan Jones (Riders in the sky), versionada en su día, entre otros, por Bing Crosby y Raphael. El libro se estructura en tres partes correspondientes a cada una de las tres películas en orden cronológico, pero lo interesante es cómo cada parte se desglosa en muy legibles fragmentos de corta duración que acaban componiendo una especie de gran puzzle. Es preciso destacar la muy buena edición gráfica, con aportaciones de las portadas y de las páginas de las revistas en las que James Warner Bellah -gran coprotagonista del libro- publicó sus relatos, así como con imágenes de las películas, glosadas con oportunidad e intención esclarecedoras en los pies de fotos.
http://www.elcultural.com/revista/letras/Jinetes-en-el-cielo/29719

miércoles, 31 de enero de 2018

CANADÁ de Richard Ford


Hoy os invito a un libro de sed, os invito a un trozo de mi corazón en donde existen flores en las grietas… 

Os invito a un lenguaje, el de Richard Ford, que en absoluto reconforta, es duro, desértico… Si bien, llega a la razón con la misma intensidad que un poema se posa en el vuelo de una mariposa. 

Os invito a una de sus novelas: «Canadá», que llegó a mi biblioteca sin pedir permiso y en ella se quedó, a salvo de los fantasmas digitales. Fue un regalo, mas tenía tanto por leer que se quedó en lista de espera ¡Maldita espera! Era un engaño, el libro, el autor, me esperaban con la paciencia de los sabios... Aprendí tanto... que, desde entonces, la espera para mí es una suerte de tiempo, al margen del tiempo. La espera ha conseguido sosegar mis impaciencias... y avivar  mi curiosidad... porque no es vano el deseo de conocer...  

 Con Ford, os invito a huir, en un movimiento constante, para volver a empezar… Porque, a decir verdad, tras vagar por nuevas tierras, recorrer caminos inciertos, incendios y destrucciones sin movernos de nuestro tiempo, sin salirnos de lo acostumbrado, hemos creído que debemos vivir para sobrevivir a la Vida… Mas no es así... 

¡Es la Vida la que siempre nos sobrevive! 

 ¡Os deseo que nadie os despoje del perfume de la Vida!



 LO QUE SE HA ESCRITO ACERCA DE LA OBRA 


«En «Canadá», Ford (Jackson, Misisipi, 1948) vuelve a territorios conocidos por sus seguidores: lenguaje áspero y despojado como el paisaje de Montana; el derrumbe del amor y la construcción de los siempre frágiles puentes que unen a padres con hijos; el reflejo casi automático que empuja a huir del pasado pero al mismo tiempo a extrañar lo que se deja atrás; el trabajo o la falta de trabajo como disparador; el exquisito arte y talento para tomar todas las malas decisiones y los caminos equivocados, y el movimiento perpetuo y el fantasma verdadero del poder volver a empezar. 

Hemos huido, hemos conocido nuevos mundos sin movernos Pero aquí Ford lo rehace con una madurez que deslumbra pero, también, conmueve. Porque conviene aclararlo: hay muchos libros excelentes, pero son contados los que apelan con igual fuerza a nuestro corazón y a nuestro cerebro. En ese sentido, los paisajes tanto geográficos como mentales de «Canadá» –la épica doméstica y delictiva de la familia Dell– recuerdan a la inquieta quietud en el cine de Terrence Malick a la altura de «Malas tierras» y «Días del cielo». 

O a ciertas añejas baladas asesinas cantadas por Johnny Cash o Bob Dylan, donde el elemento criminal (como el de Arthur Remlinger) es presentado con un lacónico pero arrollador lirismo que, nos guste o no, de inmediato nos hace sentirnos cómplices. Así, cuando la policía llega a arrestar a los padres de Dell, sentimos como si viniesen a por nosotros o a por nuestros padres. 
Dividida limpiamente en dos largas partes y una breve coda –el fordiano Great Falls en Montana y el atraco; Canadá y los asesinatos; un último encuentro entre los hermanos ahora grandes pero de algún modo pequeños para siempre–, Dell parece, como nosotros, ir encontrándole cierto sentido a su historia a medida que nos la cuenta. Pero lo suyo no tiene la ambigüedad de los narradores poco confiables de Joseph Conrad o Ford Madox Ford o Francis Scott Fitzgerald. 

Imposible no creer a Dell. El elemento criminal es presentado con un arrollador lirismo Ninguna duda perturba su relato o nos perturba a nosotros hasta las últimas páginas, cuando un Dell sexagenario y profesor de literatura nos habla de la lectura y del estudio de grandes ficciones como del «cruzar una frontera» y de la vida como algo a lo que debe intentarse sobrevivir. Igual sensación nos deja «Canadá»: hemos huido, hemos conocido nuevos mundos y nuevas personas sin movernos demasiado. Pero –y nunca nos cansaremos de experimentarlo– regresando siempre a esa nueva patria para siempre cada vez que volvemos a viajar y a vivir un gran libro».
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