sábado, 26 de noviembre de 2016

EL OFICIO DE VIVIR de Cesare Pavese


Hoy os invito a leer un diario; irrumpiremos, por tanto, en material sensible: en Pavese y en «El oficio de vivir». Cada uno de nosotros se detendrá en una entrada, en aquello que el autor dejó escrito un día cualquiera; en definitiva, en aquello que pensaba y sentía una persona frente al abismo de sus días. 

Trataremos de advertir, irremisiblemente, lo que existe de nosotros mismos en sus palabras, aquello que habita entre la dermis y la epidermis de nuestra vida. Y, con esa necesaria inclinación al consuelo, dejaremos de pensar sobre renglones apriorísticos. 

Ahondar en algo tan intimo, como un diario, nos producirá pudor y, por ello, lo haremos con la reverencia de las acciones ilógicas. Y así, entre la inquietud y la confusión, caeremos en la cuenta de que la certeza de nuestros abismos también está en aquello que no nos permitimos pensar, ni decir, ni siquiera ese amar sublime, ajeno a cualquier intención volitiva. Porque «en cuestión de amores no se toleran más que los propios». 

El 20 de abril escribía Pavese: « Si tengo hoy clara una cosa, es ésta: cada putada que me han hecho, se ha originado en mi voluptuoso abandono a lo absoluto, a lo desconocido, a lo inconsistente. No he comprendido aún en qué consiste lo trágico de la existencia, aún no me he convencido. Y sin embargo, está muy claro: es preciso vencer el abandono voluptuoso, dejar de considerar los estados de ánimo como fines en sí» 

Y el 10 de noviembre escribió : «¿Por qué pido siempre a mis poesías un contenido exhaustivo, moral, juzgador? ¿ Yo, a quien no le convence que el hombre juzgue al hombre? Mi pretensión no es sino un vulgar deseo de echar mi cuarto a espadas. Lo cual dista mucho de la administración de la justicia. ¿Hago yo justicia en mi vida? ¿Me importa algo la justicia en las humanas cosas? y entonces, ¿por qué la pretendo pronunciada en las poéticas?» 

 Os deseo suerte en esta travesía por los Mares del Sur de Pavese... Porque entre proezas y oscuridades, todos, sin excepción, vamos escribiendo nuestro particular cuaderno de bitácora. 


 LO QUE SE HA ESCRITO ACERCA DEL AUTOR Y DE SU OBRA

 Sin duda, fue una de las grandes figuras literarias e intelectuales de la primera mitad del siglo XX. Cesare Pavese, de cuyo suicidio se cumplen hoy 65 años, fue novelista, poeta y crítico. Su obra cumbre, su diario autobiográfico «El oficio de vivir», puede considerarse una de las más certeras obras de los últimos cien años para entender los sinvivires y las angustias, los sueños y las pesadillas del hombre contemporáneo. 

Pavese, licenciado en Filología Inglesa por la Universidad de Turín, se inició en el mundo literario como traductor de autores norteamericanos como Sherwood Anderson, Gertrude Stein, John Steinbeck y Ernest Hemingway, a la vez que empezaba a desarrollar una importante labor como crítico literario, labor que desarrollaría durante toda su vida a un nivel repleto de excelencia y sagaces comentarios. Eran los años treinta, el joven Pavese, nacido el 9 de septiembre de 1908, en unión de Giulio Einaudi y su amigo Leone Ginzburg, compañero del colegio, ponen en marcha la editorial Einaudi, que será una referencia de la cultura europea en los próximos decenios. En 1935, será detenido por el régimen fascista de Mussolini, debido a sus escritos contra el régimen. En 1936, publica un magnífico poemario, «Trabajar cansa» (1936), pero cuando es llamado a filas decide refugiarse en casa de su hermana. 

Durante la Segunda Guerra Mundial, mientras muchos de sus compañeros deciden alistarse en la Resistencia, él apenas se compromete, lo que le amargaría durante toda su vida, ya que muchos de sus compañeros morirían en combate o asesinados por los nazis. Eso, unido al trauma de la temprana muerte de su padre, cuando Cesare Pavese tan sólo tenía seis años, y sus infructuosas relaciones con las mujeres (amores no correspondidos) y su desánimo depresivo de por vida le llevarían al suicido en un hotel turinés el 27 de agosto de 1950. Pasados ya sesenta y cinco años de su trágica y desoladora muerte ya se puede mirar su obra literaria, que sobre todo en el terreno narrativo, puede que haya quedado un tanto anticuada. 

Enjaezada en el neorrealismo, sus novelas no siguen tan en pie como los clásicos cinematográficos de ese estilo, como «El Ladrón de bicicletas», de De Sica, «Roma, ciudad abierta», de Rossellini, «Arroz amargo», de De Santis, o «Rocco y sus hermanos», de Visconti. Sin embargo, su obra poética, circunscrita tan sólo a dos libros, «Trabajar cansa» y «Vendrá la muerte y tendrá tus ojos», es extraordinaria, y en concreto, el poema que da título al segundo libro citado es uno de los más conmovedores de la poesía. Escribió Pavese: «Uno no se mata por el amor de una mujer. Uno se mata porque un amor, cualquier amor, nos revela nuestra desnudez, nuestra miseria, nuestro desamparo, la nada». 

MANUEL DE LA FUENTE - Madrid26/08/2015 17:59h - Actualizado: 27/08/2015 13:16h. http://www.abc.es/cultura/libros/20150826/abci-literatura-cesare-pavese-oficio-201508261759.html

viernes, 28 de octubre de 2016

VIAJE AL FIN DE LA NOCHE de Louis-Ferdinand Céline



Hoy os invito a un viaje con Céline, por tanto se trata de un viaje acelerado, salvaje, violento, desabrido y enfermizo. Al cabo, es un viaje al fin de la noche... ¿Aceptáis? ¡Pues adelante! "Viaje al fin de la noche" se publicó en 1932. Mas no temáis, su itinerario sigue siendo muy frecuentado, casi tanto como un local de moda. 

Nos adentraremos en las esquinas, caminos y atajos que las personas recorremos en nuestras vidas, aunque algunos tramos tengamos que hacerlos a pie o junto a una metáfora, para sobrevivir. Finalmente éste, nuestro viaje, nos arrojará una certeza: «que el ser humano y sus miserias son iguales en todas las partes del mundo, por lo que la esperanza de escapar a nuestra propia realidad es más bien escasa». 

 Nos reconoceremos en unos vicios que, si bien se narran como propios de una época ya pasada, han sabido, sin embargo, perpetuarse y extenderse hasta pisar nuestra sombra...  Y como todo viaje que se precie, y el nuestro se precia, no acaba en el camino, por el contrario, nos dejará impresiones y fatigas suficientes para reflexionar sobre las «veleidades de una sociedad preconcebida para unos pocos afortunados y en la que el resto de los mortales debe transigir con la precariedad...» 

 Allí, en ese cavilar del después, seremos unos críticos descarnados con esta sociedad que ha desposeído al individuo de sus lógicas personales para ser o entender la felicidad, adjudicándole unas «razones espurias que sólo pretenden proteger y perpetuar un orden establecido que, en modo alguno, beneficia a ese individuo tan sutilmente expoliado». 

Pese a todo, en este viaje de «las oportunidades», nuestra oportunidad consistirá en comprender la realidad de nuestra propia nulidad: la vida se nos presentará anodina y advertiremos, que así vivida, no vale nada. 

Será el momento de levantarnos y arremeter contra esa sombra maldita que siempre nos acompaña. Tras ese acto de arrojo, las demagogias quedarán en dirección opuesta. 

 ¡Y, ahora ya sí, nuestras vidas tendrá la osadía que nuestras propias lógicas y nuestros propios actos le otorguen! 

¡Se trata tan solo de una sombra...!

¡Valor! 

 LO QUE SE HA ESCRITO ACERCA DE LA OBRA 

«Original, satírico y subyugante es este clásico de necesaria lectura, que en 1932 publicó Luis-Ferdinand Céline. Una novela que propone un viaje por las principales aventuras que el siglo XX proporcionó al hombre: la guerra, la vida en las colonias y la emigración a Norteamérica. Viaje que arroja la única enseñanza de que el ser humano y sus miserias son iguales en todas las partes del mundo, por lo que la esperanza de escapar a nuestra propia realidad es más bien escasa. 

“Viaje al fin de la noche” recoge la epopeya de Ferdinand, un joven que será herido en la I Guerra Mundial, desempeñará un cargo en una empresa ubicada en las colonias francesas del África Subsahariana, intentará hacer realidad aquello de “el gran sueño americano” y regresará a Francia a ejercer la medicina en un humilde barrio parisino. Sorprende de esta novela la lucidez con la que Ferdinand señala unos vicios que, si bien se narran como característicos de una época que ya queda muy lejana, han sabido perpetuarse y acrecentarse hasta la presente. 

De ello se desprende la evidencia de la contemporaneidad de una obra que, casi un siglo después, sigue invitando a reflexionar sobre las veleidades de una sociedad pensada para unos pocos afortunados y en la que el resto debe conformarse con la precariedad. Ferdinand toma por primera vez conciencia de esa realidad al alistarse como voluntario para combatir en la Gran Guerra. El horror del frente pronto pone de manifiesto en él lo que no es sino instinto de conservación. El joven no quiere morir destrozado por un obús, pero se le anima o coacciona a ello desde todas las instancias: quien alude al valor, quien al patriotismo, quien directamente a la amenaza de un juicio sumarísimo por deserción. De esta manera Ferdinand descubre que los mismos que jamás arriesgarían la vida, le exigen que entregue la suya para defender unos intereses de los que él nada obtendrá. 
Esta situación se repetirá cuando, escapando de la guerra, consiga un puesto en la administración de una compañía que opera en algún lugar perdido de África. Allí la vida de los hombres nuevamente vale menos que el caucho que deben obtener de los nativos, y la de los nativos no vale nada. Si se sucumbe a la fiebre o a alguno de los peligros de la selva, pronto aparece un nuevo desgraciado que sustituya al anterior. La estancia en Estados Unidos le confirma la realidad de su nulidad como hombre: sin contactos y sin relaciones, la vida de un hombre anodino tampoco vale nada en la tierra de las oportunidades. 

Sin embargo, en Norteamérica han inventado un buen sistema para que la gente de a pie sienta algo parecido a la felicidad, un sucedáneo que les anime a continuar un día más: el entretenimiento. Ferdinand lo descubre bajo la forma del cine y, aunque eficaz, a veces el propio usuario ha de aumentar la dosis del narcótico para que no se levante el velo que mantiene viva la ilusión. 

La vuelta a Francia y el acontecer de los hechos que como médico de un barrio pobre de París, y más tarde como asistente en una casa de salud mental, se desarrollan en la segunda parte de la novela, son tal vez menos interesantes. Aunque el desencanto de Ferdinand sigue actuando como un filtro entre él y su entorno, la inercia parece apoderarse de él, que se abandona con indiferencia al devenir de los días. 

Siendo como es esta segunda parte menos corrosiva, menos crítica, no resta interés al conjunto de “Viaje al fin de la noche”, que se presenta como una novela que propone una crítica descarnada a una sociedad que ha arrebatado al individuo sus razones personales para ser feliz, entregándole a cambio unas razones espurias que sólo pretenden proteger y perpetuar un orden establecido que, desde luego, no beneficia a ese individuo tan sutilmente expoliado». Por Sra. Castro. SOLODELIBROS -

martes, 20 de septiembre de 2016

LOS MONEDEROS FALSOS de André Gide




Proponer a Gide, podría suponer, a primera vista, un desafío; dado que fue considerado como "un inmoral hedonista y como un rebelde". Mas no es esta mi intención al invitaros a "Los monederos falsos", publicada en 1925. "Los monederos falsos es el grito de sinceridad de una pandilla de adolescentes en una época de cómodas mentiras". 

"Es un libro polifónico, caleidoscópico, geométrico, con múltiples facetas… Hay 35 personajes —colegiales, universitarios, escritores, chicas, chicos— que se entrecruzan en París y buscan todos lo mismo: huir de un destino tan marcado que parece dinero falso" 

Os invito a una novela en donde los temas tratados se alejan de la narrativa lineal y en donde todos y cada uno de ellos, son asuntos que existen en nuestra sociedad actual, globalizada, ecológica y virtual. 
Hace años que leí la novela, tantos que el ejemplar que conservo en mi hoy mermada biblioteca, merced a la falta de espacio, está subrayado a lápiz y con anotaciones por doquier. Gide me fascinó, debo admitirlo sin ambages. 

 Y me fascinó porque percibí que era un escritor libre, el más libre de su tiempo. Y que su obra era un canto a la libertad. Por aquel entonces, y ahora también, consideraba y considero la libertad como un logro al que acceden, con esfuerzo, las personas dignas. Por tanto no puede, en modo alguno, ser la libertad algo panfletario. Y para Gide, en mi opinión, no lo era. 

En "Los monederos falsos" nos deja solos ante un destino que no entendemos, que odiamos porque parece dinero falso, pero, al cabo, dinero de curso legal... 

 Deseo que la novela, casi un siglo después de su publicación, os adentre en lo que somos y en lo que por ser, hacemos u omitimos. 

Dejaos pensar, no os llevará demasiado tiempo. O tal vez os lleve un tiempo que tenéis en desuso. 

Quizás no os apetezca "retuitear" ese modo de "dejarse pensar"; sin embargo podréis compartir vuestra reflexiones sin redes sociales, como los acróbatas valientes. 

¡Salto mortal! 




LO QUE SE HA ESCRITO ACERCA DE LA NOVELA 


 "Los monederos falsos es un himno a la libertad. Libertad en la forma, libertad en el fondo. Cuando Gide murió, Sartre (en Les temps modernes) y Camus (en Combat) se pusieron por fin de acuerdo y admitieron que Gide era el escritor más libre de su siglo. 

 La novela cuenta la historia de un joven escritor, Bernardo Profitendieu, que acaba de descubrir que no vive con su verdadero padre. En un acto de rebeldía y resentimiento decide irse de la casa. Allí comienza la historia que se entrecruza con los relatos del diario de Eduardo, un escritor maduro a quien Bernardo le roba la valija y hermanastro de la madre de Oliverio, su amigo entrañable. Eduardo es amigo de Laura, amante de Vicente, este —a su vez—, hermano de Oliverio. Laura, casada con un hombre mediocre, se encuentra embarazada y abandonada. Bernardo observa su propia historia.Sin embargo, es más benévolo frente a su reproducción. 

Los monederos falsos es un relato de relatos. Los personajes se relacionan unos con otros, las historias se entrecruzan para construir una novela rica en sucesos, y personajes. Uno de los relatos que más llama la atención es el de Boris, un joven huérfano a quienes sus compañeros llevan al suicidio en un macabro juego. Bernardo y Oliverio se convierten poco a poco en adultos. Su amistad se ve afectada por los celos. Eduardo convierte a Oliverio en su amante y esto afecta a Bernardo. Las relaciones homosexuales entre los personajes a veces es explícita, como la mencionada, otras, poco clara. Todo esto es, sin duda, un reflejo del homosexualismo confeso de André Gide. 

Al final de la obra, Bernardo vuelve con su padre, quien se encuentra enfermo. La narración podría seguir, como sigue la vida misma, pero la novela debe concluir. Los monederos falsos es un libro complejo e infinito que vale la pena leer"  Ligia Pérez de Pineda

jueves, 4 de agosto de 2016

LOS MISERABLES de Victor Hugo



Hoy os invito a desprenderos de los agobios, de las prisas y de las algarabías, os invito a adoptar una predisposición especial, os invito a instalaros en un «dejarse llevar…» Os invito a una de mis novelas preferidas, una voluminosa narración plagada de excelentes personajes -marginados, depravados, verdugos, víctimas-, que hacen todo lo que pueden para sobrevivir en un contexto histórico zafio, desalmado y hostil. 

Os invito a «Los Miserables» porque al volver a sus páginas, después de muchos años, las he encontrado de plena actualidad. 

Es seguro que la mayoría de vosotros habéis leído la novela, en algún momento de vuestras vidas, o visionado alguna adaptación cinematográfica e, incluso, hayáis asistido a la representación del musical. Aún así «Los Miserables» os dará, siempre, nuevas claves para entender la deconstrucción de nuestro mundo, porque es una novela crítica, de denuncia social, que busca el perdón y la redención del ser humano hasta las últimas consecuencias. 
Los personajes, magistralmente descritos, son tipos que nos podemos encontrar hoy día a nuestro alrededor, en cualquier esquina de nuestra existencia. 

Leedla con sosiego, repensad las frases que aluden a los sentimientos más nobles aun mezclándose con la mezquindad. Dejad que os duela la condena por la comisión de un delito menor- delitos cometidos para llevarse un trozo de pan a la boca-, que, a su vez, encadenan con quebrantamientos de condena desesperados… Sin posibilidad de reinserción, sin posibilidad de vivir dignamente... 

Porque esta novela acerca de los miserables, se adentra en el abismo de los sentimientos encontrados, en la sordidez, en la perversidad, en el amor y en la humanidad. 

 Os deseo un profundo y delicado encuentro con lo que de miserables y compasivos existe en todos y cada uno de nosotros. 

¡Sale el sol! 



LO QUE SE HA ESCRITO ACERCA DE LA OBRA 

«Novela, por supuesto, pero también es Historia; historia de los acontecimientos que cambian la faz del mundo, historia social, historia de las mentalidades. Sin olvidar, la dimensión poética, el aliento épico que insufla a la mayoría de sus capítulos. Con ello, el héroe, Jean Valjean, se convierte en una especie de profeta maldito, Cristo redivivo y recrucificado en beneficio de la humanidad, cuyo destino resume.» De la introducción de Alain Verjat.

miércoles, 20 de julio de 2016

EL SEÑOR DE LOS ANILLOS de J.R.R. Tolkien


Hoy os invito a un libro que a buen seguro todos habéis leído o habéis visionado en el Cine: “El Señor de los Anillos”. Si bien, mi intención es que no lo atisbemos en la lejana línea del horizonte, sino que lo sintamos en nuestra piel. Porque hemos de admitir que habita demasiado terror en el mundo real como para pensar que el Señor Oscuro de Mordor, es un personaje de ficción. 

Por otro lado, a decir de los estudiosos, "en el universo tolkieniano coexisten elementos que recuerdan a la mitología del norte de Europa y que la Tierra Media es la conexión de tal universo. Es fácil reconocer, por otra parte, que se trata de una historia de aventuras en la que se representa la lucha y la esperanza arquetípica entre el bien y el mal. Tales como: Hombres, Elfos, Enanos y un cierto número de criaturas malignas: Trolls, Dragones, Balrogs, Orcos, Jinetes de Lobos, entre otros; que sin duda representan algunas de las construcciones simbólicas que el autor utiliza para encarnar esta alegoría". 

 Con todo, os invito a intentar descubrir en nuestras vidas cotidianas la existencia del mal y del bien, en forma de ideales o creencias, y que parecieran ser eternas y consustanciales a nuestra naturaleza, dado que se repiten, una y otra vez, en todos los tiempos y en todas las tierras. 

 Es inquietante pensar el porqué de esta conducta nuestra. Pese a ello, si verdaderamente queremos eliminar la maldad de la faz de la Tierra, hemos de ser humildes y prescindir de héroes y de caudillos. 

 ¡Deseo que la valentía bondadosa de Frodo, no nos sea necesaria para vivir! 



 LO QUE SE HA ESCRITO ACERCA DE LA OBRA 

“El Señor de los Anillos es una novela, obra cumbre del escritor John Ronald Reuel Tolkien, ambientada en un mundo fantástico llamado la Tierra Media hacia el final de su Tercera Edad. El título hace referencia a Sauron, el Señor Oscuro de Mordor, principal villano de la historia, creador del Anillo Único que utilizó para controlar el poder de los demás Anillos. 

El Señor de los Anillos constituye la continuación de un libro anterior de Tolkien, El Hobbit, que cuenta la historia de cómo el Anillo del Poder pasa a las manos de Bilbo Bolsón, el tío de Frodo Bolsón. En un nivel más profundo, constituye la continuación de otro libro llamado El Silmarillion, que habla de la creación de la Tierra Media y de todas las criaturas que en ella habitan, así como del primer Señor Oscuro, maestro de Sauron, y de las luchas por los Silmarils. 

El Señor de los Anillos narra las aventuras de un grupo de seres: (elfos, hobbits, enanos, humanos), que forman la Comunidad del Anillo en su intento por destruir el Anillo Único, forjado por Sauron. Es la historia del héroe del pueblo llano, de aquella persona que aún sabiendo que su destino puede ser fatal, lucha por cumplirlo, pues de él depende la continuidad de su mundo”.

martes, 21 de junio de 2016

AUTO DE FE de Elias Canetti


Hoy os invito a una novela estremecedora: "Auto de fe" de Canetti, única obra del autor, publicada en 1936. Es una invitación perversa, porque os invito a"Un mundo sin cabeza", a "Una cabeza sin mundo" y a "Un mundo en la cabeza" tal y como se titulan, cada una de sus partes. Os invito, por tanto, a respirar una atmósfera moralmente insalubre. Los críticos han visto en todo ello el santo y seña, la cifra literaria de la Europa germánica de entreguerras, preñada de todos los demonios que precipitarían, pocos años después de escrita la novela, las catástrofes de la Segunda Guerra Mundial. 

Si bien, se me antoja que los demonios colectivos y los privados están presentes hoy día. No son patrimonio exclusivo del ayer. Sí. Me temo que nos rodean, nos cercan. Son el odio que, con absoluto impudor, campa a sus anchas sin que le plantemos cara. Y, ese odio, siempre quema libros, es un obsesivo. Porque no os equivoquéis: el odio se odia así mismo. E inexorablemente quema libros. E invariablemente pretender robar ideas, libertad y ternura... 
De un modo descarado cree que el fuego arregla la memoria y la hace amnésica ¿Nosotros dejamos que piense eso? No lo sé. No estaría de más, sin embargo, plantearnos, sin eufemismos, que el odio necesita de una persona para desarrollar su tarea... 

 Un amigo aficionado a los libros, lector empedernido y persona íntegra y valiente donde las haya, al estilo del habitante del asteroide B-612; se afana en recopilar pensamientos y, a su vez, pensarlos, y me ha regalado un cuaderno repleto de ellos. Un regalo que no se vende, uno de esos regalos que adquiere valor fuera del comercio de los hombres. Es lo que podríamos denominar: "una joya intransferible". Bien, pues de entre todas las citas, que componen esa joya -existen algunas muy poderosas-, he decidido regalaros tres que me tienen la cabeza ocupada: 

"La adoración por los héroes es más fuerte donde menos se ha respetado la libertad humana" 
(H. Spencer). 

"Cuando los pacíficos pierden toda esperanza, los violentos encuentran motivos para disparar" 
( Hazold Wilson). 

"No se trata de negar ni de afirmar, sino de comprender" ( Spinoza) 

Y es que "Auto de fe" es una novela repleta de simbolismo, nada de literatura ligera, de esa de usar y tirar. No. Exige esfuerzo. Exige necesidad por aprehender lo más sórdido y menos evidente, exige descubrirnos a través de su planteamiento. 

"La dificultad mayor que ofrece no es entender lo que en ella sucede sino, más bien, hacerse una idea coherente del conjunto de episodios que la componen. Éstos, aislados, son muy claros: hechos triviales o truculentos; banalidades domésticas y desmesuras visionarias; los estereotipos y clichés pequeño burgueses que surten sin tregua de la boca y la mente de un ama de llaves y las reflexiones extravagantes de un orientalista neurótico; las sórdidas brutalidades de un portero matón y las hazañas delincuentes de un enano jorobado salido del hampa; complicaciones callejeras de una absurdidad demencial, enredos burocráticos, crímenes y violencias de todo orden" 
"Cada uno por separado, todos estos sucesos son inteligibles y están dotados de poder persuasivo. Por su concatenación, en cambio, es difícil de establecer la relación de causa a efecto que los vincula o debería vincularlos, es tan soterrada que, con frecuencia, se eclipsa" 

Ya os anuncié que era una invitación perversa... 

Mas no sería descabellado intuir que, al cabo, tal vez tengamos algo que ver en el asunto de los odios y las intolerancias...

¡Os deseo que os dejen pensar lo que queráis, pero, por favor, pensad! 




 LO QUE SE HA ESCRITO ACERCA DE LA OBRA 


"[...] Canetti cuenta en sus memorias que "Auto de fe" nació de una imagen que, como un pequeño demonio pertinaz, lo obsesionaba: un hombre que prende fuego a su biblioteca y arde junto con sus libros. Comenzó a escribir la novela en el otoño de 1930, en la Viena deslumbrante y preapocalíptica de Broch y de Musil, de Karl Popper y de Alban Berg, como parte de una «Comedia Humana de la locura», que iba a constar de ocho historias, cada una de las cuales tendría como protagonista a un hombre desmedido, en las fronteras de la sinrazón. Del ambicioso proyecto sólo se materializó esta ficción (la que, dice, de alguna manera resumió todas las otras) centrada en torno a un excéntrico incendiario, el hombre-libro Peter Kien. Su propósito era escribir un texto «riguroso y despiadado conmigo mismo y con el lector», muy distinto de la literatura vienesa entonces en boga, de la que tenía una pobre opinión: «Me hallaba inmunizado contra todo cuanto pudiera ser agradable o complaciente…» Las afirmaciones de un novelista sobre su propia obra no son siempre iluminadoras; pueden ser incluso confusionistas, erróneas, porque el texto y su contexto son para él difícilmente separables y porque el autor tiende a ver en aquello que hizo lo que ambicionaba hacer (y ambas cosas, así como pueden coincidir, muchas veces divergen considerablemente). Pero estas confesiones de Canetti sobre Auto de fe —novela que, publicada en 1936, conoció primero un entusiasta reconocimiento en Europa, quedó luego enterrada en el olvido durante la guerra y la posguerra, tuvo un débil renacer en los países occidentales en los sesenta, hasta alcanzar un nuevo estrellato a partir de 1981, con el premio Nobel concedido a su autor —son útiles y ayudan al lector a orientarse por la maleza de sus páginas. 

Pues Auto de fe, una de las ficciones más ambiciosas de la narrativa moderna, es también una de las más arduas, una de aquellas que, como La muerte de Virgilio de Broch o El hombre sin atributos de Musil, exigen un esfuerzo intelectual y una buena dosis de perseverancia antes de revelar al lector su sentido profundo, las claves de su complicado simbolismo. . También a este respecto es instructivo el testimonio de Canetti: «Un día se me ocurrió que el mundo no podía ya ser recreado como en las novelas de antes, es decir, desde la perspectiva de un escritor; el mundo estaba desintegrado, y sólo si se tenía el valor de mostrarlo en su desintegración era posible ofrecer de él una imagen verosímil.» La palabra importante es aquí desintegración. El de Auto de fe es un mundo desintegrado —«Un mundo sin cabeza», «Una cabeza sin mundo» y «Un mundo en la cabeza» se titulan, adecuadamente, cada una de sus partes-y a primera vista incoherente, una amalgama de hechos y personajes cuya índole y articulación no responden a una lógica racional sino a la sola arbitrariedad artística. Su anarquía, su carácter entre grotesco y pesadillesco, las trayectorias histéricas que siguen sus sucesos, sus extraños disparates, las greguerías que salpican su texto («Se redujo tanto que al final se perdió de vista»), la atmósfera recargada, moralmente insalubre de muchas de sus páginas, no son gratuitas, desde luego. Los críticos han visto en todo ello el santo y seña, la cifra literaria, de la Europa germánica de la entreguerra, preñada de todos los demonios que precipitarían, pocos años después de escrita la novela, las catástrofes de la segunda guerra mundial. Esta lectura de Auto de fe, como alegoría ideológica y moral, es perfectamente lícita, sin duda. 

El cráter de la historia, aquella imagen de la biblioteca presa de las llamas y la inmolación de su dueño, prefigura gráficamente las inquisiciones de nacionalsocialismo y la destrucción de una de las culturas más creativas de su tiempo por obra del totalitarismo nazi. Y, también, la responsabilidad que cupo en ello a muchos artistas e intelectuales que fueron cómplices de la enajenación colectiva o incapaces de detectarla y combatirla cuando se estaba gestando. Si la cultura no sirve para prevenir este género de tragedias históricas, ¿cuál es entonces su función? Es una pregunta de total pertinencia en el caso de Peter Kien, el sinólogo de Auto de fe a quien su inmensa sabiduría —domina una docena de lenguas orientales y muchas occidentales— no le sirven literalmente de nada que pueda ser apreciado por sus contemporáneos. Porque nada de lo que sabe —de lo que aprende y piensa— revierte sobre los demás; más bien levanta una muralla de incomunicación entre él y su mundo. ¿Cuál es la razón de que se niegue a enseñar? ¿De que publique con tamaña avaricia? ¿De que viva enclaustrado en esa biblioteca de 25.000 volúmenes a la que nadie más tiene acceso? 

El conocimiento, para Peter Kien, no es algo que deba compartirse, un puente entre los hombres; es una manera de tomar distancia y de alcanzar una superioridad vertiginosa sobre el común de las gentes, esos analfabetos cuyo «despreciable objetivo vital es la felicidad». Peter Kien no quiere ser feliz; quiere ser sabio. Lo consigue, sin duda, pero, aunque ello tal vez alimente su soberbia, en la práctica su sabiduría no impide que sea vejado, maltratado, expulsado de su hogar y empujado a la pira por aquellos seres —el ama de llaves que desposa, el portero brutal, su hermano psiquiatra— a los que tanto desdeña. Entre las manías del sinólogo se cuenta la de jugar al ciego. No es extraño, pues, aunque sus lecturas e investigaciones le permiten moverse como por su casa entre las religiones y filosofías del Oriente, Peter Kien nunca fue capaz de ver a la ciudad en la que vivía ni a las gentes que lo rodeaban. Si él no es una figura simpática, lo son todavía menos los otros protagonistas y comparsas de la historia. Egoístas, obtusos, ávidos, convencionales, prisioneros de un mundillo limitado por intereses abyectamente mezquinos, sólo salen de esas celdas que son sus existencias para hacer daño o ser victimados. La desintegración de este mundo obedece a la falta absoluta de solidaridad entre sus miembros, ninguno de los cuales parece alentar por los demás algún sentimiento generoso o cierta forma de lealtad. Las jerarquías son estrictas: amos y esclavos; jefes y servidores; fuertes y débiles. Las relaciones humanas sólo se establecen en un sentido vertical. 

Mandar u obedecer: no hay alternativa. Bajo una aparente coexistencia, la trama social está corroída por toda clase de enconos y prejuicios. Discretamente, se libran mil guerras a la vez. Los hombres desprecian a las mujeres —el machismo y el antifeminismo campean— y éstas odian a aquéllos y conspiran para arruinarlos, como Teresa Krumbholz a su marido. El antisemitismo es una manifestación, entre otras, del odio generalizado que se profesan los ciudadanos de esta sociedad. Se trata de un sentimiento que ha gestado al personaje más pintoresco y vivaz de la novela, el enano jorobado Fischerle, jugador de ajedrez, chulo y hampón, caricatura viviente cuyos rasgos grotescos —su nariz ganchuda, su rapacidad— y su trágico fin —morir apachurrado bajo el puño de Johann Schwer cuando intenta tragarse un botón— son segregados por ese instinto cruel, discriminatorio, hambriento de violencia, que parece anidar en toda la fauna humana del libro. Aunque la novela soslaye la política no hay duda que, sobre todo leyéndola ahora, con la perspectiva que nos da la historia del pueblo alemán bajo el hechizo hitleriano y los campos de exterminio donde perecieron seis millones de judíos, Auto de fe nos parece una escalofriante metáfora de una sociedad que está a punto para caer en brazos de la sinrazón y la demagogia más fanáticas y para rodar hacia el cataclismo. Pero ver en Auto de fe sólo una alegoría política es insuficiente y no hace justicia a la novela. 


Ella es, sobre todo, un mundo de ficción, una realidad paralela, soberana, con una vida propia que no es refleja de aquella, real, de la que proceden sus materiales históricos y culturales, sino algo distinto, emancipado de su modelo, del que reniega y toma distancia enfrentándole una imagen paroxística en la que las diferencias superan a las semejanzas. Se ha hablado de las afinidades de esta novela con Kafka —a quien Canetti descubrió, con deslumbramiento, mientras la estaba escribiendo— pero, salvo la obvia relación de ser ambos escritores judíos de lengua alemana, huéspedes en cierto modo de una cultura que, presa de la histeria racista, pronto los expelería como parásitos decadentes, y en cuyas obras de ficción el presentimiento de catástrofe próxima ha dejado una impronta, las distancias entre ambos me parecen considerables. En el mundo absurdo de Kafka hay una ternura soterrada y un patetismo baña a sus solitarios personajes sobre los que se desencadenan misteriosas fuerzas destructoras, que permiten al lector identificarse emocionalmente con ellos y vivir sus angustiosas peripecias como propias. 
Canetti mantiene a raya al lector, impidiéndole, con deliberación, ese género de vampirismo. La crueldad, banalidad, morbosidad y extravagancia que denotan sus creaturas son tales que abren un abismo difícilmente franqueable por el lector; son personajes concebidos para intrigarlo y, a ratos, maravillarlo; también, para exasperarlo, pero no para conmoverlo. La falta de sentimentalismo es un rasgo central en Auto de fe, así como en los ensayos y el teatro de Canetti. La frialdad cerebral de sus visiones, ese extraño control que la inteligencia parece ejercer aun en los momentos de más incandescente delirio, en aquellos episodios —como la arenga de Peter Kien a sus libros, encaramado sobre una escalera, o las fantasías ajedrecísticas de Fischerle en torno a Capablanca— en los que, en la realidad ficticia, se eclipsa la frontera entre los hechos objetivos y los deseos y la vida se vuelve una fantástica aleación de ambas cosas, hacen pensar en una novela expresionista. 

Como en los cuadros de un Kirchner o de Dix, o como en los grabados y caricaturas de Grosz, la intensidad y los contrastes de color, la virulencia del trazo, la alteración de la perspectiva, es decir la factura formal de la obra, se adelantan hacia el lector como un espectáculo, revolucionando aquella realidad exterior que el objeto artístico aparenta representar hasta convertirla en una realidad propia, que debe más a la subjetividad y a la destreza del artista que al parecido con el modelo que lo inspiró. Una vida objetiva se percibe, sin duda, débil y lejana, recompuesta en la ficción de acuerdo al capricho y fantasías de un creador que se ha valido de aquélla para expresar a éstas. Auto de fe es, como los más logrados de estos cuadros del expresionismo alemán, una pesadilla realista. Al mismo tiempo que los demonios de su sociedad y de su época, Canetíi se sirvió también de los que lo habitaban sólo a él. Barroco emblema de un mundo a punto de estallar, su novela es asimismo una fantasmagórica creación soberana en la que el artista ha fundido sus fobias y apetitos más íntimos con los sobresaltos y crisis que resquebrajan su mundo. Hablar de «demonios» es en su caso indispensable. Los fantasmas obsesivos, cargados de amenaza, que circulan por la novela desde su título hasta la incineración libresca del final, tienen una doble, contradictoria valencia. 


De un lado, ya lo hemos visto, encarnan el conformismo, la pasividad, la abdicación de una sociedad que muy pronto se convertirá en «masa». De otro, son las fuerzas y pulsiones irracionales que animan al artista y lo inducen a crear. Auto de fe, denuncia simbólica de una sociedad que se deja dominar por los peores instintos, es también una novela que reivindica orgullosamente el derecho a la obsesión. 
Para que una obra de ficción lo sea, ella debe añadir al mundo, a la vida, algo que antes no existía, que sólo a partir de ella y gracias a ella formará parte de la inconmensurable realidad. Ese elemento añadido es lo que constituye la originalidad de una ficción, lo que diferencia a ésta, ontológicamente, de cualquier documento histórico. En Auto de fe, un componente mayor del elemento añadido por el artista al mundo es el haber dado carta de ciudadanía pública a los «demonios humanos», esos fantasmas que, en la vida real, hombres y mujeres mantienen ocultos en los repliegues de su intimidad y a los que sólo ocasionalmente —mediatizados en actos y gestos simbólicos— sacan a la luz. 

En esta ficción es al revés: los demonios de cada cual —sus obsesiones— se exhiben sin disfraces y, no importa cuán absurdos o feroces sean, todos viven para obedecerlos y acatarlos, con olímpico desprecio de las consecuencias. El malestar que nos produce la novela viene seguramente de esta inquietante verdad que se desprende de sus páginas: los demonios que provocan los desvaríos y apocalipsis sociales son los mismos que fraguan las obras maestras[...]"

martes, 10 de mayo de 2016

SI ESTO ES UN HOMBRE de Primo Levi


Hoy os invito a una experiencia narrada por Primo Levi que cuenta con fuentes documentales. Él lo padeció. "Si esto es un hombre" relata el día a día de Primo Levi y sus compañeros prisioneros en Auschwitz. Os suena, ¿verdad?. Me obstiné en visitar aquel lugar. Hasta hoy no he podido hablar de aquella visita. Tal vez sea hoy más valiente que hace unos días. Sí, el que fuera el porvenir de mi pasado, al hacerse corpóreo, ha roto mis cadenas. Y, ahora,  miró de frente.

De tal modo, que os invito a no mirar para otro lado. Estos hechos ocurrieron hace escasos años. Y es que somos los seres humanos capaces de inventarnos cualquier "más allá", reencarnaciones y dimensiones incluidas, que nos ayuden a olvidar nuestros procederes descarnados. 

Es una necesidad, de lo contrario nos dispararíamos a quemarropa para olvidarnos a nosotros mismos. Y en cierto modo, nos disparamos. Buscamos explicaciones exculpatorias. No está mal. Siempre que sean placebos. Y placebos, dioses, ciencia y seres de galaxias remotas, utilizamos para poder mirarnos de frente sin parpadear. Algunos, mal que bien, creen conseguirlo. 

"Uno de los temas principales desarrollado a lo largo de la novela es la fuerza y determinación que el ser humano puede extraer aun en las situaciones más adversas. En uno de los capítulos el Capítulo 11 (el canto de Ulises), el autor hace referencia a la Divina Comedia de Dante, al pasaje en el cual Ulises valientemente se arroja literalmente con los pocos rescatados que quedaban en su barco hacia mar adentro. Ulises, con su acción simbólica de transgredir los límites enmarcados por el sistema, demuestra que la voluntad del hombre es muchas veces más poderosa que cualquier circunstancia determinada. Ulises les dijo a sus hombres:

 «consideren su naturaleza humana, no nacieron para vivir como bestias, sino para seguir virtud y conocimiento»" 

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 Os pido un momento de vuestra memoria para evitar el olvido de Primo Levi y sus compañeros prisioneros en Auschwitz. 
Os ruego un sentimiento de piedad para con nosotros mismos. Un pensamiento de justicia, un adorno de vuestra inteligencia, un tiempo detenido en aquel otro tiempo, una velocidad de comprensión al ritmo de lo que amáis.

 "Pensad que esto ha sucedido: Os encomiendo estas palabras. Grabadlas en vuestros corazones" 




LO QUE SE HA ESCRITO ACERCA DE LA OBRA

 "Si esto es un hombre, el libro que inaugura la trilogía que Primo Levi dedicado a los campos de exterminio, surgió en la imaginación de su autor durante los días de horror en Auschwitz, cuando la principal preocupación de los prisioneros era, sobrevivir, y que nadie creería la atrocidad de la historia vivida. Los campos de concentración y exterminio, más que resguardados por las alambradas y los guardias, lo estuvieron por su propia monstruosidad, que los hacía inconcebibles" 

http://www.casadellibro.com/libro-si-esto-es-un hombre/9788415325918/2114520 

"Levi comenzó a escribir "Si esto es un hombre" casi inmediatamente después de la liberación de los campos, en 1946; tenía ya muy claro, incluso en ese momento de trauma, que era necesario dar cuenta de lo sucedido, para que el mundo supiera la verdad; para que no pudiera volver a repetirse. "Contaréis lo que pasa aquí y no os creerán", cuenta Levi (y otros supervivientes de los campos) que decían los oficiales de las SS. 
En efecto, la brutalidad de lo sucedido en Auschwitz, en Buchenwald, en Dachau, parecía superar la capacidad de asimilación y de comprensión humana. Si esto es un hombre es la narración, ni melodramática ni idealizada, de la experiencia de Primo Levi en los campos de concentración, desde su deportación junto con otros judíos italianos, hasta la liberación por el ejército ruso. 

Las vivencias aquí presentadas (el hambre, el cansancio extremo, la lucha por la supervivencia, las miserias físicas y morales, la muerte o la muerte en vida) nos resultan ahora ya conocidas, por la literatura y sobre todo por el cine de los últimos 70 años; pero pocas veces se han plasmado con tanta crudeza, con tanta sinceridad, con una conciencia tal clara del valor y la necesidad del testimonio. Levi no huye de la crudeza, pero tampoco la busca; no cae en el kitsch ni en el maniqueísmo, un mal que aqueja a demasiadas obras recientes dedicadas al Holocasusto. Es un retrato brutal y polifónico, porque en él se incluyen también las historias (heroicas algunas, trágicas casi todas) de otros habitantes del lager, sobre los límites a los que se ve reducido un hombre sometido a aquellas condiciones: su progresiva pérdida de la dignidad, de la conciencia, de la humanidad. 

Quizás porque las realidades descritas en el texto eran tan horribles que resultaban inverosímiles, hasta 1957 Primo Levi no consiguió que se lo publicara una gran editorial, Einaudi, que diez años antes había rechazado el manuscrito. Fue, en todo caso, a partir de esta fecha cuando Si esto es un hombre alcanzó difusión y notoriedad, animando a Primo Levi a escribir dos libros más sobre su experiencia en los campos: La Tregua (donde narra su regreso a Italia tras la liberación) y Los hundidos y los salvados, en el que reflexiona, ya desde cuarenta años de distancia, sobre el Holocausto, sus causas y sus consecuencias, tanto en las víctimas como en los verdugos (categorías más borrosas, según insiste Primo Levi, de lo que nos gustaría pensar). 

 Las obras de Primo Levi, y en especial este Si esto es un hombre, son un testimonio fundamental de uno de los mayores horrores de la historia; no solo por ser cronológicamente pioneras, sino sobre todo por su honestidad, su profundidad y su clarividencia. Como muestra, dejo aquí el poema con el que se abre el volumen, un llamamiento a la reflexión sobre la terrible condición humana y a la divulgación de lo sucedido: 
"Los que vivís seguros En vuestras casas caldeadas Los que os encontráis, al volver por la tarde, La comida caliente y los rostros amigos Considerad si esto es un hombre Quien trabaja en el fango Quien no conoce la paz Quien lucha por la mitad de un panecillo Quien muere por un sí o por un no. Considerad si es una mujer Quien no tiene cabellos ni nombre Ni fuerzas para recordarlo Vacía la mirada y frío el regazo Como una rana invernal. Pensad que esto ha sucedido: Os encomiendo estas palabras. Grabadlas en vuestros corazones Al estar en casa, al ir por la calle ,Al acostaros, al levantaros; Repetídselas al vuestros hijos. O que vuestra casa se derrumbe, La enfermedad os imposibilite, Vuestros descendientes os vuelvan el rostro." http://unlibroaldia.blogspot.com/2012/11/primo-levi-si-esto-es-un-hombre.html
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