martes, 20 de septiembre de 2016

LOS MONEDEROS FALSOS de André Gide




Proponer a Gide, podría suponer, a primera vista, un desafío; dado que fue considerado como "un inmoral hedonista y como un rebelde". Mas no es esta mi intención al invitaros a "Los monederos falsos", publicada en 1925. "Los monederos falsos es el grito de sinceridad de una pandilla de adolescentes en una época de cómodas mentiras". 

"Es un libro polifónico, caleidoscópico, geométrico, con múltiples facetas… Hay 35 personajes —colegiales, universitarios, escritores, chicas, chicos— que se entrecruzan en París y buscan todos lo mismo: huir de un destino tan marcado que parece dinero falso" 

Os invito a una novela en donde los temas tratados se alejan de la narrativa lineal y en donde todos y cada uno de ellos, son asuntos que existen en nuestra sociedad actual, globalizada, ecológica y virtual. 
Hace años que leí la novela, tantos que el ejemplar que conservo en mi hoy mermada biblioteca, merced a la falta de espacio, está subrayado a lápiz y con anotaciones por doquier. Gide me fascinó, debo admitirlo sin ambages. 

 Y me fascinó porque percibí que era un escritor libre, el más libre de su tiempo. Y que su obra era un canto a la libertad. Por aquel entonces, y ahora también, consideraba y considero la libertad como un logro al que acceden, con esfuerzo, las personas dignas. Por tanto no puede, en modo alguno, ser la libertad algo panfletario. Y para Gide, en mi opinión, no lo era. 

En "Los monederos falsos" nos deja solos ante un destino que no entendemos, que odiamos porque parece dinero falso, pero, al cabo, dinero de curso legal... 

 Deseo que la novela, casi un siglo después de su publicación, os adentre en lo que somos y en lo que por ser, hacemos u omitimos. 

Dejaos pensar, no os llevará demasiado tiempo. O tal vez os lleve un tiempo que tenéis en desuso. 

Quizás no os apetezca "retuitear" ese modo de "dejarse pensar"; sin embargo podréis compartir vuestra reflexiones sin redes sociales, como los acróbatas valientes. 

¡Salto mortal! 




LO QUE SE HA ESCRITO ACERCA DE LA NOVELA 


 "Los monederos falsos es un himno a la libertad. Libertad en la forma, libertad en el fondo. Cuando Gide murió, Sartre (en Les temps modernes) y Camus (en Combat) se pusieron por fin de acuerdo y admitieron que Gide era el escritor más libre de su siglo. 

 La novela cuenta la historia de un joven escritor, Bernardo Profitendieu, que acaba de descubrir que no vive con su verdadero padre. En un acto de rebeldía y resentimiento decide irse de la casa. Allí comienza la historia que se entrecruza con los relatos del diario de Eduardo, un escritor maduro a quien Bernardo le roba la valija y hermanastro de la madre de Oliverio, su amigo entrañable. Eduardo es amigo de Laura, amante de Vicente, este —a su vez—, hermano de Oliverio. Laura, casada con un hombre mediocre, se encuentra embarazada y abandonada. Bernardo observa su propia historia.Sin embargo, es más benévolo frente a su reproducción. 

Los monederos falsos es un relato de relatos. Los personajes se relacionan unos con otros, las historias se entrecruzan para construir una novela rica en sucesos, y personajes. Uno de los relatos que más llama la atención es el de Boris, un joven huérfano a quienes sus compañeros llevan al suicidio en un macabro juego. Bernardo y Oliverio se convierten poco a poco en adultos. Su amistad se ve afectada por los celos. Eduardo convierte a Oliverio en su amante y esto afecta a Bernardo. Las relaciones homosexuales entre los personajes a veces es explícita, como la mencionada, otras, poco clara. Todo esto es, sin duda, un reflejo del homosexualismo confeso de André Gide. 

Al final de la obra, Bernardo vuelve con su padre, quien se encuentra enfermo. La narración podría seguir, como sigue la vida misma, pero la novela debe concluir. Los monederos falsos es un libro complejo e infinito que vale la pena leer"  Ligia Pérez de Pineda

jueves, 4 de agosto de 2016

LOS MISERABLES de Victor Hugo



Hoy os invito a desprenderos de los agobios, de las prisas y de las algarabías, os invito a adoptar una predisposición especial, os invito a instalaros en un «dejarse llevar…» Os invito a una de mis novelas preferidas, una voluminosa narración plagada de excelentes personajes -marginados, depravados, verdugos, víctimas-, que hacen todo lo que pueden para sobrevivir en un contexto histórico zafio, desalmado y hostil. 

Os invito a «Los Miserables» porque al volver a sus páginas, después de muchos años, las he encontrado de plena actualidad. 

Es seguro que la mayoría de vosotros habéis leído la novela, en algún momento de vuestras vidas, o visionado alguna adaptación cinematográfica e, incluso, hayáis asistido a la representación del musical. Aún así «Los Miserables» os dará, siempre, nuevas claves para entender la deconstrucción de nuestro mundo, porque es una novela crítica, de denuncia social, que busca el perdón y la redención del ser humano hasta las últimas consecuencias. 
Los personajes, magistralmente descritos, son tipos que nos podemos encontrar hoy día a nuestro alrededor, en cualquier esquina de nuestra existencia. 

Leedla con sosiego, repensad las frases que aluden a los sentimientos más nobles aun mezclándose con la mezquindad. Dejad que os duela la condena por la comisión de un delito menor- delitos cometidos para llevarse un trozo de pan a la boca-, que, a su vez, encadenan con quebrantamientos de condena desesperados… Sin posibilidad de reinserción, sin posibilidad de vivir dignamente... 

Porque esta novela acerca de los miserables, se adentra en el abismo de los sentimientos encontrados, en la sordidez, en la perversidad, en el amor y en la humanidad. 

 Os deseo un profundo y delicado encuentro con lo que de miserables y compasivos existe en todos y cada uno de nosotros. 

¡Sale el sol! 



LO QUE SE HA ESCRITO ACERCA DE LA OBRA 

«Novela, por supuesto, pero también es Historia; historia de los acontecimientos que cambian la faz del mundo, historia social, historia de las mentalidades. Sin olvidar, la dimensión poética, el aliento épico que insufla a la mayoría de sus capítulos. Con ello, el héroe, Jean Valjean, se convierte en una especie de profeta maldito, Cristo redivivo y recrucificado en beneficio de la humanidad, cuyo destino resume.» De la introducción de Alain Verjat.

miércoles, 20 de julio de 2016

EL SEÑOR DE LOS ANILLOS de J.R.R. Tolkien


Hoy os invito a un libro que a buen seguro todos habéis leído o habéis visionado en el Cine: “El Señor de los Anillos”. Si bien, mi intención es que no lo atisbemos en la lejana línea del horizonte, sino que lo sintamos en nuestra piel. Porque hemos de admitir que habita demasiado terror en el mundo real como para pensar que el Señor Oscuro de Mordor, es un personaje de ficción. 

Por otro lado, a decir de los estudiosos, "en el universo tolkieniano coexisten elementos que recuerdan a la mitología del norte de Europa y que la Tierra Media es la conexión de tal universo. Es fácil reconocer, por otra parte, que se trata de una historia de aventuras en la que se representa la lucha y la esperanza arquetípica entre el bien y el mal. Tales como: Hombres, Elfos, Enanos y un cierto número de criaturas malignas: Trolls, Dragones, Balrogs, Orcos, Jinetes de Lobos, entre otros; que sin duda representan algunas de las construcciones simbólicas que el autor utiliza para encarnar esta alegoría". 

 Con todo, os invito a intentar descubrir en nuestras vidas cotidianas la existencia del mal y del bien, en forma de ideales o creencias, y que parecieran ser eternas y consustanciales a nuestra naturaleza, dado que se repiten, una y otra vez, en todos los tiempos y en todas las tierras. 

 Es inquietante pensar el porqué de esta conducta nuestra. Pese a ello, si verdaderamente queremos eliminar la maldad de la faz de la Tierra, hemos de ser humildes y prescindir de héroes y de caudillos. 

 ¡Deseo que la valentía bondadosa de Frodo, no nos sea necesaria para vivir! 



 LO QUE SE HA ESCRITO ACERCA DE LA OBRA 

“El Señor de los Anillos es una novela, obra cumbre del escritor John Ronald Reuel Tolkien, ambientada en un mundo fantástico llamado la Tierra Media hacia el final de su Tercera Edad. El título hace referencia a Sauron, el Señor Oscuro de Mordor, principal villano de la historia, creador del Anillo Único que utilizó para controlar el poder de los demás Anillos. 

El Señor de los Anillos constituye la continuación de un libro anterior de Tolkien, El Hobbit, que cuenta la historia de cómo el Anillo del Poder pasa a las manos de Bilbo Bolsón, el tío de Frodo Bolsón. En un nivel más profundo, constituye la continuación de otro libro llamado El Silmarillion, que habla de la creación de la Tierra Media y de todas las criaturas que en ella habitan, así como del primer Señor Oscuro, maestro de Sauron, y de las luchas por los Silmarils. 

El Señor de los Anillos narra las aventuras de un grupo de seres: (elfos, hobbits, enanos, humanos), que forman la Comunidad del Anillo en su intento por destruir el Anillo Único, forjado por Sauron. Es la historia del héroe del pueblo llano, de aquella persona que aún sabiendo que su destino puede ser fatal, lucha por cumplirlo, pues de él depende la continuidad de su mundo”.

martes, 21 de junio de 2016

AUTO DE FE de Elias Canetti


Hoy os invito a una novela estremecedora: "Auto de fe" de Canetti, única obra del autor, publicada en 1936. Es una invitación perversa, porque os invito a"Un mundo sin cabeza", a "Una cabeza sin mundo" y a "Un mundo en la cabeza" tal y como se titulan, cada una de sus partes. Os invito, por tanto, a respirar una atmósfera moralmente insalubre. Los críticos han visto en todo ello el santo y seña, la cifra literaria de la Europa germánica de entreguerras, preñada de todos los demonios que precipitarían, pocos años después de escrita la novela, las catástrofes de la Segunda Guerra Mundial. 

Si bien, se me antoja que los demonios colectivos y los privados están presentes hoy día. No son patrimonio exclusivo del ayer. Sí. Me temo que nos rodean, nos cercan. Son el odio que, con absoluto impudor, campa a sus anchas sin que le plantemos cara. Y, ese odio, siempre quema libros, es un obsesivo. Porque no os equivoquéis: el odio se odia así mismo. E inexorablemente quema libros. E invariablemente pretender robar ideas, libertad y ternura... 
De un modo descarado cree que el fuego arregla la memoria y la hace amnésica ¿Nosotros dejamos que piense eso? No lo sé. No estaría de más, sin embargo, plantearnos, sin eufemismos, que el odio necesita de una persona para desarrollar su tarea... 

 Un amigo aficionado a los libros, lector empedernido y persona íntegra y valiente donde las haya, al estilo del habitante del asteroide B-612; se afana en recopilar pensamientos y, a su vez, pensarlos, y me ha regalado un cuaderno repleto de ellos. Un regalo que no se vende, uno de esos regalos que adquiere valor fuera del comercio de los hombres. Es lo que podríamos denominar: "una joya intransferible". Bien, pues de entre todas las citas, que componen esa joya -existen algunas muy poderosas-, he decidido regalaros tres que me tienen la cabeza ocupada: 

"La adoración por los héroes es más fuerte donde menos se ha respetado la libertad humana" 
(H. Spencer). 

"Cuando los pacíficos pierden toda esperanza, los violentos encuentran motivos para disparar" 
( Hazold Wilson). 

"No se trata de negar ni de afirmar, sino de comprender" ( Spinoza) 

Y es que "Auto de fe" es una novela repleta de simbolismo, nada de literatura ligera, de esa de usar y tirar. No. Exige esfuerzo. Exige necesidad por aprehender lo más sórdido y menos evidente, exige descubrirnos a través de su planteamiento. 

"La dificultad mayor que ofrece no es entender lo que en ella sucede sino, más bien, hacerse una idea coherente del conjunto de episodios que la componen. Éstos, aislados, son muy claros: hechos triviales o truculentos; banalidades domésticas y desmesuras visionarias; los estereotipos y clichés pequeño burgueses que surten sin tregua de la boca y la mente de un ama de llaves y las reflexiones extravagantes de un orientalista neurótico; las sórdidas brutalidades de un portero matón y las hazañas delincuentes de un enano jorobado salido del hampa; complicaciones callejeras de una absurdidad demencial, enredos burocráticos, crímenes y violencias de todo orden" 
"Cada uno por separado, todos estos sucesos son inteligibles y están dotados de poder persuasivo. Por su concatenación, en cambio, es difícil de establecer la relación de causa a efecto que los vincula o debería vincularlos, es tan soterrada que, con frecuencia, se eclipsa" 

Ya os anuncié que era una invitación perversa... 

Mas no sería descabellado intuir que, al cabo, tal vez tengamos algo que ver en el asunto de los odios y las intolerancias...

¡Os deseo que os dejen pensar lo que queráis, pero, por favor, pensad! 




 LO QUE SE HA ESCRITO ACERCA DE LA OBRA 


"[...] Canetti cuenta en sus memorias que "Auto de fe" nació de una imagen que, como un pequeño demonio pertinaz, lo obsesionaba: un hombre que prende fuego a su biblioteca y arde junto con sus libros. Comenzó a escribir la novela en el otoño de 1930, en la Viena deslumbrante y preapocalíptica de Broch y de Musil, de Karl Popper y de Alban Berg, como parte de una «Comedia Humana de la locura», que iba a constar de ocho historias, cada una de las cuales tendría como protagonista a un hombre desmedido, en las fronteras de la sinrazón. Del ambicioso proyecto sólo se materializó esta ficción (la que, dice, de alguna manera resumió todas las otras) centrada en torno a un excéntrico incendiario, el hombre-libro Peter Kien. Su propósito era escribir un texto «riguroso y despiadado conmigo mismo y con el lector», muy distinto de la literatura vienesa entonces en boga, de la que tenía una pobre opinión: «Me hallaba inmunizado contra todo cuanto pudiera ser agradable o complaciente…» Las afirmaciones de un novelista sobre su propia obra no son siempre iluminadoras; pueden ser incluso confusionistas, erróneas, porque el texto y su contexto son para él difícilmente separables y porque el autor tiende a ver en aquello que hizo lo que ambicionaba hacer (y ambas cosas, así como pueden coincidir, muchas veces divergen considerablemente). Pero estas confesiones de Canetti sobre Auto de fe —novela que, publicada en 1936, conoció primero un entusiasta reconocimiento en Europa, quedó luego enterrada en el olvido durante la guerra y la posguerra, tuvo un débil renacer en los países occidentales en los sesenta, hasta alcanzar un nuevo estrellato a partir de 1981, con el premio Nobel concedido a su autor —son útiles y ayudan al lector a orientarse por la maleza de sus páginas. 

Pues Auto de fe, una de las ficciones más ambiciosas de la narrativa moderna, es también una de las más arduas, una de aquellas que, como La muerte de Virgilio de Broch o El hombre sin atributos de Musil, exigen un esfuerzo intelectual y una buena dosis de perseverancia antes de revelar al lector su sentido profundo, las claves de su complicado simbolismo. . También a este respecto es instructivo el testimonio de Canetti: «Un día se me ocurrió que el mundo no podía ya ser recreado como en las novelas de antes, es decir, desde la perspectiva de un escritor; el mundo estaba desintegrado, y sólo si se tenía el valor de mostrarlo en su desintegración era posible ofrecer de él una imagen verosímil.» La palabra importante es aquí desintegración. El de Auto de fe es un mundo desintegrado —«Un mundo sin cabeza», «Una cabeza sin mundo» y «Un mundo en la cabeza» se titulan, adecuadamente, cada una de sus partes-y a primera vista incoherente, una amalgama de hechos y personajes cuya índole y articulación no responden a una lógica racional sino a la sola arbitrariedad artística. Su anarquía, su carácter entre grotesco y pesadillesco, las trayectorias histéricas que siguen sus sucesos, sus extraños disparates, las greguerías que salpican su texto («Se redujo tanto que al final se perdió de vista»), la atmósfera recargada, moralmente insalubre de muchas de sus páginas, no son gratuitas, desde luego. Los críticos han visto en todo ello el santo y seña, la cifra literaria, de la Europa germánica de la entreguerra, preñada de todos los demonios que precipitarían, pocos años después de escrita la novela, las catástrofes de la segunda guerra mundial. Esta lectura de Auto de fe, como alegoría ideológica y moral, es perfectamente lícita, sin duda. 

El cráter de la historia, aquella imagen de la biblioteca presa de las llamas y la inmolación de su dueño, prefigura gráficamente las inquisiciones de nacionalsocialismo y la destrucción de una de las culturas más creativas de su tiempo por obra del totalitarismo nazi. Y, también, la responsabilidad que cupo en ello a muchos artistas e intelectuales que fueron cómplices de la enajenación colectiva o incapaces de detectarla y combatirla cuando se estaba gestando. Si la cultura no sirve para prevenir este género de tragedias históricas, ¿cuál es entonces su función? Es una pregunta de total pertinencia en el caso de Peter Kien, el sinólogo de Auto de fe a quien su inmensa sabiduría —domina una docena de lenguas orientales y muchas occidentales— no le sirven literalmente de nada que pueda ser apreciado por sus contemporáneos. Porque nada de lo que sabe —de lo que aprende y piensa— revierte sobre los demás; más bien levanta una muralla de incomunicación entre él y su mundo. ¿Cuál es la razón de que se niegue a enseñar? ¿De que publique con tamaña avaricia? ¿De que viva enclaustrado en esa biblioteca de 25.000 volúmenes a la que nadie más tiene acceso? 

El conocimiento, para Peter Kien, no es algo que deba compartirse, un puente entre los hombres; es una manera de tomar distancia y de alcanzar una superioridad vertiginosa sobre el común de las gentes, esos analfabetos cuyo «despreciable objetivo vital es la felicidad». Peter Kien no quiere ser feliz; quiere ser sabio. Lo consigue, sin duda, pero, aunque ello tal vez alimente su soberbia, en la práctica su sabiduría no impide que sea vejado, maltratado, expulsado de su hogar y empujado a la pira por aquellos seres —el ama de llaves que desposa, el portero brutal, su hermano psiquiatra— a los que tanto desdeña. Entre las manías del sinólogo se cuenta la de jugar al ciego. No es extraño, pues, aunque sus lecturas e investigaciones le permiten moverse como por su casa entre las religiones y filosofías del Oriente, Peter Kien nunca fue capaz de ver a la ciudad en la que vivía ni a las gentes que lo rodeaban. Si él no es una figura simpática, lo son todavía menos los otros protagonistas y comparsas de la historia. Egoístas, obtusos, ávidos, convencionales, prisioneros de un mundillo limitado por intereses abyectamente mezquinos, sólo salen de esas celdas que son sus existencias para hacer daño o ser victimados. La desintegración de este mundo obedece a la falta absoluta de solidaridad entre sus miembros, ninguno de los cuales parece alentar por los demás algún sentimiento generoso o cierta forma de lealtad. Las jerarquías son estrictas: amos y esclavos; jefes y servidores; fuertes y débiles. Las relaciones humanas sólo se establecen en un sentido vertical. 

Mandar u obedecer: no hay alternativa. Bajo una aparente coexistencia, la trama social está corroída por toda clase de enconos y prejuicios. Discretamente, se libran mil guerras a la vez. Los hombres desprecian a las mujeres —el machismo y el antifeminismo campean— y éstas odian a aquéllos y conspiran para arruinarlos, como Teresa Krumbholz a su marido. El antisemitismo es una manifestación, entre otras, del odio generalizado que se profesan los ciudadanos de esta sociedad. Se trata de un sentimiento que ha gestado al personaje más pintoresco y vivaz de la novela, el enano jorobado Fischerle, jugador de ajedrez, chulo y hampón, caricatura viviente cuyos rasgos grotescos —su nariz ganchuda, su rapacidad— y su trágico fin —morir apachurrado bajo el puño de Johann Schwer cuando intenta tragarse un botón— son segregados por ese instinto cruel, discriminatorio, hambriento de violencia, que parece anidar en toda la fauna humana del libro. Aunque la novela soslaye la política no hay duda que, sobre todo leyéndola ahora, con la perspectiva que nos da la historia del pueblo alemán bajo el hechizo hitleriano y los campos de exterminio donde perecieron seis millones de judíos, Auto de fe nos parece una escalofriante metáfora de una sociedad que está a punto para caer en brazos de la sinrazón y la demagogia más fanáticas y para rodar hacia el cataclismo. Pero ver en Auto de fe sólo una alegoría política es insuficiente y no hace justicia a la novela. 


Ella es, sobre todo, un mundo de ficción, una realidad paralela, soberana, con una vida propia que no es refleja de aquella, real, de la que proceden sus materiales históricos y culturales, sino algo distinto, emancipado de su modelo, del que reniega y toma distancia enfrentándole una imagen paroxística en la que las diferencias superan a las semejanzas. Se ha hablado de las afinidades de esta novela con Kafka —a quien Canetti descubrió, con deslumbramiento, mientras la estaba escribiendo— pero, salvo la obvia relación de ser ambos escritores judíos de lengua alemana, huéspedes en cierto modo de una cultura que, presa de la histeria racista, pronto los expelería como parásitos decadentes, y en cuyas obras de ficción el presentimiento de catástrofe próxima ha dejado una impronta, las distancias entre ambos me parecen considerables. En el mundo absurdo de Kafka hay una ternura soterrada y un patetismo baña a sus solitarios personajes sobre los que se desencadenan misteriosas fuerzas destructoras, que permiten al lector identificarse emocionalmente con ellos y vivir sus angustiosas peripecias como propias. 
Canetti mantiene a raya al lector, impidiéndole, con deliberación, ese género de vampirismo. La crueldad, banalidad, morbosidad y extravagancia que denotan sus creaturas son tales que abren un abismo difícilmente franqueable por el lector; son personajes concebidos para intrigarlo y, a ratos, maravillarlo; también, para exasperarlo, pero no para conmoverlo. La falta de sentimentalismo es un rasgo central en Auto de fe, así como en los ensayos y el teatro de Canetti. La frialdad cerebral de sus visiones, ese extraño control que la inteligencia parece ejercer aun en los momentos de más incandescente delirio, en aquellos episodios —como la arenga de Peter Kien a sus libros, encaramado sobre una escalera, o las fantasías ajedrecísticas de Fischerle en torno a Capablanca— en los que, en la realidad ficticia, se eclipsa la frontera entre los hechos objetivos y los deseos y la vida se vuelve una fantástica aleación de ambas cosas, hacen pensar en una novela expresionista. 

Como en los cuadros de un Kirchner o de Dix, o como en los grabados y caricaturas de Grosz, la intensidad y los contrastes de color, la virulencia del trazo, la alteración de la perspectiva, es decir la factura formal de la obra, se adelantan hacia el lector como un espectáculo, revolucionando aquella realidad exterior que el objeto artístico aparenta representar hasta convertirla en una realidad propia, que debe más a la subjetividad y a la destreza del artista que al parecido con el modelo que lo inspiró. Una vida objetiva se percibe, sin duda, débil y lejana, recompuesta en la ficción de acuerdo al capricho y fantasías de un creador que se ha valido de aquélla para expresar a éstas. Auto de fe es, como los más logrados de estos cuadros del expresionismo alemán, una pesadilla realista. Al mismo tiempo que los demonios de su sociedad y de su época, Canetíi se sirvió también de los que lo habitaban sólo a él. Barroco emblema de un mundo a punto de estallar, su novela es asimismo una fantasmagórica creación soberana en la que el artista ha fundido sus fobias y apetitos más íntimos con los sobresaltos y crisis que resquebrajan su mundo. Hablar de «demonios» es en su caso indispensable. Los fantasmas obsesivos, cargados de amenaza, que circulan por la novela desde su título hasta la incineración libresca del final, tienen una doble, contradictoria valencia. 


De un lado, ya lo hemos visto, encarnan el conformismo, la pasividad, la abdicación de una sociedad que muy pronto se convertirá en «masa». De otro, son las fuerzas y pulsiones irracionales que animan al artista y lo inducen a crear. Auto de fe, denuncia simbólica de una sociedad que se deja dominar por los peores instintos, es también una novela que reivindica orgullosamente el derecho a la obsesión. 
Para que una obra de ficción lo sea, ella debe añadir al mundo, a la vida, algo que antes no existía, que sólo a partir de ella y gracias a ella formará parte de la inconmensurable realidad. Ese elemento añadido es lo que constituye la originalidad de una ficción, lo que diferencia a ésta, ontológicamente, de cualquier documento histórico. En Auto de fe, un componente mayor del elemento añadido por el artista al mundo es el haber dado carta de ciudadanía pública a los «demonios humanos», esos fantasmas que, en la vida real, hombres y mujeres mantienen ocultos en los repliegues de su intimidad y a los que sólo ocasionalmente —mediatizados en actos y gestos simbólicos— sacan a la luz. 

En esta ficción es al revés: los demonios de cada cual —sus obsesiones— se exhiben sin disfraces y, no importa cuán absurdos o feroces sean, todos viven para obedecerlos y acatarlos, con olímpico desprecio de las consecuencias. El malestar que nos produce la novela viene seguramente de esta inquietante verdad que se desprende de sus páginas: los demonios que provocan los desvaríos y apocalipsis sociales son los mismos que fraguan las obras maestras[...]"

martes, 10 de mayo de 2016

SI ESTO ES UN HOMBRE de Primo Levi


Hoy os invito a una experiencia narrada por Primo Levi que cuenta con fuentes documentales. Él lo padeció. "Si esto es un hombre" relata el día a día de Primo Levi y sus compañeros prisioneros en Auschwitz. Os suena, ¿verdad?. Me obstiné en visitar aquel lugar. Hasta hoy no he podido hablar de aquella visita. Tal vez sea hoy más valiente que hace unos días. Sí, el que fuera el porvenir de mi pasado, al hacerse corpóreo, ha roto mis cadenas. Y, ahora,  miró de frente.

De tal modo, que os invito a no mirar para otro lado. Estos hechos ocurrieron hace escasos años. Y es que somos los seres humanos capaces de inventarnos cualquier "más allá", reencarnaciones y dimensiones incluidas, que nos ayuden a olvidar nuestros procederes descarnados. 

Es una necesidad, de lo contrario nos dispararíamos a quemarropa para olvidarnos a nosotros mismos. Y en cierto modo, nos disparamos. Buscamos explicaciones exculpatorias. No está mal. Siempre que sean placebos. Y placebos, dioses, ciencia y seres de galaxias remotas, utilizamos para poder mirarnos de frente sin parpadear. Algunos, mal que bien, creen conseguirlo. 

"Uno de los temas principales desarrollado a lo largo de la novela es la fuerza y determinación que el ser humano puede extraer aun en las situaciones más adversas. En uno de los capítulos el Capítulo 11 (el canto de Ulises), el autor hace referencia a la Divina Comedia de Dante, al pasaje en el cual Ulises valientemente se arroja literalmente con los pocos rescatados que quedaban en su barco hacia mar adentro. Ulises, con su acción simbólica de transgredir los límites enmarcados por el sistema, demuestra que la voluntad del hombre es muchas veces más poderosa que cualquier circunstancia determinada. Ulises les dijo a sus hombres:

 «consideren su naturaleza humana, no nacieron para vivir como bestias, sino para seguir virtud y conocimiento»" 

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 Os pido un momento de vuestra memoria para evitar el olvido de Primo Levi y sus compañeros prisioneros en Auschwitz. 
Os ruego un sentimiento de piedad para con nosotros mismos. Un pensamiento de justicia, un adorno de vuestra inteligencia, un tiempo detenido en aquel otro tiempo, una velocidad de comprensión al ritmo de lo que amáis.

 "Pensad que esto ha sucedido: Os encomiendo estas palabras. Grabadlas en vuestros corazones" 




LO QUE SE HA ESCRITO ACERCA DE LA OBRA

 "Si esto es un hombre, el libro que inaugura la trilogía que Primo Levi dedicado a los campos de exterminio, surgió en la imaginación de su autor durante los días de horror en Auschwitz, cuando la principal preocupación de los prisioneros era, sobrevivir, y que nadie creería la atrocidad de la historia vivida. Los campos de concentración y exterminio, más que resguardados por las alambradas y los guardias, lo estuvieron por su propia monstruosidad, que los hacía inconcebibles" 

http://www.casadellibro.com/libro-si-esto-es-un hombre/9788415325918/2114520 

"Levi comenzó a escribir "Si esto es un hombre" casi inmediatamente después de la liberación de los campos, en 1946; tenía ya muy claro, incluso en ese momento de trauma, que era necesario dar cuenta de lo sucedido, para que el mundo supiera la verdad; para que no pudiera volver a repetirse. "Contaréis lo que pasa aquí y no os creerán", cuenta Levi (y otros supervivientes de los campos) que decían los oficiales de las SS. 
En efecto, la brutalidad de lo sucedido en Auschwitz, en Buchenwald, en Dachau, parecía superar la capacidad de asimilación y de comprensión humana. Si esto es un hombre es la narración, ni melodramática ni idealizada, de la experiencia de Primo Levi en los campos de concentración, desde su deportación junto con otros judíos italianos, hasta la liberación por el ejército ruso. 

Las vivencias aquí presentadas (el hambre, el cansancio extremo, la lucha por la supervivencia, las miserias físicas y morales, la muerte o la muerte en vida) nos resultan ahora ya conocidas, por la literatura y sobre todo por el cine de los últimos 70 años; pero pocas veces se han plasmado con tanta crudeza, con tanta sinceridad, con una conciencia tal clara del valor y la necesidad del testimonio. Levi no huye de la crudeza, pero tampoco la busca; no cae en el kitsch ni en el maniqueísmo, un mal que aqueja a demasiadas obras recientes dedicadas al Holocasusto. Es un retrato brutal y polifónico, porque en él se incluyen también las historias (heroicas algunas, trágicas casi todas) de otros habitantes del lager, sobre los límites a los que se ve reducido un hombre sometido a aquellas condiciones: su progresiva pérdida de la dignidad, de la conciencia, de la humanidad. 

Quizás porque las realidades descritas en el texto eran tan horribles que resultaban inverosímiles, hasta 1957 Primo Levi no consiguió que se lo publicara una gran editorial, Einaudi, que diez años antes había rechazado el manuscrito. Fue, en todo caso, a partir de esta fecha cuando Si esto es un hombre alcanzó difusión y notoriedad, animando a Primo Levi a escribir dos libros más sobre su experiencia en los campos: La Tregua (donde narra su regreso a Italia tras la liberación) y Los hundidos y los salvados, en el que reflexiona, ya desde cuarenta años de distancia, sobre el Holocausto, sus causas y sus consecuencias, tanto en las víctimas como en los verdugos (categorías más borrosas, según insiste Primo Levi, de lo que nos gustaría pensar). 

 Las obras de Primo Levi, y en especial este Si esto es un hombre, son un testimonio fundamental de uno de los mayores horrores de la historia; no solo por ser cronológicamente pioneras, sino sobre todo por su honestidad, su profundidad y su clarividencia. Como muestra, dejo aquí el poema con el que se abre el volumen, un llamamiento a la reflexión sobre la terrible condición humana y a la divulgación de lo sucedido: 
"Los que vivís seguros En vuestras casas caldeadas Los que os encontráis, al volver por la tarde, La comida caliente y los rostros amigos Considerad si esto es un hombre Quien trabaja en el fango Quien no conoce la paz Quien lucha por la mitad de un panecillo Quien muere por un sí o por un no. Considerad si es una mujer Quien no tiene cabellos ni nombre Ni fuerzas para recordarlo Vacía la mirada y frío el regazo Como una rana invernal. Pensad que esto ha sucedido: Os encomiendo estas palabras. Grabadlas en vuestros corazones Al estar en casa, al ir por la calle ,Al acostaros, al levantaros; Repetídselas al vuestros hijos. O que vuestra casa se derrumbe, La enfermedad os imposibilite, Vuestros descendientes os vuelvan el rostro." http://unlibroaldia.blogspot.com/2012/11/primo-levi-si-esto-es-un-hombre.html

domingo, 17 de abril de 2016

EL SILENCIO DEL MAR de Vercors


Hoy os invito a una obra clandestina, El silencio del mar, que emerge en la Francia ocupada por los alemanes, firmada por un autor desconocido, el seudónimo que Jean Bruller (1902-1991), elige en relación con su vida: Vercors, y bajo una editorial fantasma: Editions de Minuit. En 1949 la historia fue llevada al Cine por Jean-Pierre Melville. A pesar de todo, fueron vanas las críticas, a mí me fascinó. Aunque no superó a la novela. 

 Ciertamente os propongo una invitación de medianoche, para que aceptéis ser sujetos de una «sobredosis de idealismo». A veces, es un buen remedio. Sí, comprenderé a los que no sean de la misma opinión. Para muchos, el «idealismo» es un absurdo, para otros un placebo o una ceguera, propia de cobardes. 

Bien, para aquellos que aceptéis la invitación a esta «sobredosis», en unas pocas páginas, esta novelita, pondrá vuestra sensibilidad a trabajar, despertareis del letargo de la realidad y podréis preguntaros si el «infantil júbilo idealista» resuelve los problemas cotidianos, derrumba fronteras o zanja los conflictos y las miserias de los desheredados de la Tierra. 

 Tal vez, tardéis años en contestar, quizá toda una vida, pero en ese tiempo de «resistencia interior», de «ascetismo espiritual», rechazareis la inmediatez de lo concreto, de lo tangible, de las respuestas a quemarropa, de las respuestas de «fabrica» y os dejareis llevar por los sueños insomnes de medianoche, entre olas silenciosas de un mar melancólico y esperanzado. Debajo de ese mar en calma, estará librándose vuestra batalla. La batalla de comprender al borde del abismo de la vida. Del mismo modo que la libraron los protagonistas de El silencio del mar: el anciano, su sobrina y el impuesto huésped alemán, Werner von Ebrennac. 

Los franceses, tío y sobrina, imponen «un silencio denso e inmóvil como una niebla matutina, y ese silencio será más elocuente que las protestas indignadas. Contra ese baluarte del silencio, Werner von Ebrennac lanzará cada noche, no obstante, los asaltos de sus monólogos ininterrumpidos». 

 «Noche tras noche, se produce el encuentro entre los tres personajes, acaba constituyéndose en un universo al margen de la realidad cotidiana, casi paralelo, como una cajita de música o una de esas bolas de cristal con una casita bajo el agua que, al agitarse, desatan una ilusoria nevada sobre ella» 

Porque al cabo, el silencio es más elocuente y arrastra más fascinación que la palabrería demagoga o pretendidamente seductora. 

 ¡Vigilad los silencios, en ellos están los puntos suspensivos de la vida o los adioses! 


 LO QUE SE HA ESCRITO ACERCA DE LA OBRA 

 "El silencio del mar no sólo puede ser considerada una pequeña obra maestra de la literatura francesa, sino seguramente el título más representativo de la Resistencia cultural de Francia contra la ocupación alemana durante la Segunda Guerra Mundial. Su autor, un artista plástico llamado Jean Bruller, que abandonaría el dibujo para dedicarse a escribir, firmaría el primero de sus títulos con un extraño seudónimo, Vercors, recordando instintivamente la imagen del macizo montañoso que fue escenario de gestas heroicas de los partisanos frente a los invasores alemanes. Hasta el fin de la guerra ocultará su verdadero nombre a todo el mundo, incluso a su familia y amigos íntimos. El 20 de febrero de 1942 sale a la luz " El silencio del mar " , un volumen de apenas cien páginas elaborado artesanalmente con visible esmero. Los ejemplares se distribuyen por la Francia libre y, con grandes dificultades, por la ocupada. Proliferan las copias a multicopista e incluso muchos ejemplares son lanzados en paracaídas sobre territorio continental. Los problemas morales y filosóficos derivados de la guerra inspiran los relatos de este hermoso volumen"

 "La acción se desarrolla en Francia, en 1941, durante la ocupación alemana. A lo lejos, una aldea con su castillo, su alcaldía donde está instalada la Kommandantur, los bosques, la nieve. En primer plano, una casa baja con su parral y su techo de largas tejas pardas. Un oficial alemán, Werner von Ebrennac, va a alojarse en la casa donde moran un anciano y su sobrina. 

Todas las noches, el extranjero bajará de su cuarto para reunirse con sus huéspedes silenciosos y se entregará a un monólogo infatigable hasta el día de su partida para el frente ruso. Los dos franceses no pueden impedir que el oficial alemán se aloje en su casa, pero pueden ignorarlo; pueden envolverse en un silencio denso e inmóvil como una niebla matutina, y ese silencio será más elocuente que las protestas indignadas. 

Contra ese baluarte del silencio, Werner von Ebrennac lanzará cada noche, no obstante, los asaltos de sus monólogos ininterrumpidos. Este alemán no es un bruto ni un exaltado. Es un espíritu culto, es un compositor dotado de talento que ha aceptado la actitud de silencio de sus huéspedes y aprueba ese rostro severo de Francia."Yo respeto a las personas que aman a su patria. Estoy feliz de haber encontrado aquí a un anciano digno y a una señorita silenciosa. Será preciso vencer ese silencio. Habrá que vencer el silencio de Francia". 

 Pero von Ebrennac se equivoca. No vencerá a nadie, al menos mientras sea feliz y poderoso. Por el contrario, él mismo será lentamente conquistado por la joven de rostro severo, quien desde hace seis meses parece no darse cuenta de la presencia y proximidad de un hombre que la contempla con amor. Von Ebrennac cree en la sinceridad de Alemania, en su buena fe con respecto a Francia, pero tendrá que despertar brutalmente de ese sueño. Francia será destruida y no solamente su poderío: también su alma. 

El derrumbamiento de von Ebrennac no podría ser más total y pide su traslado al frente ruso. La última noche, la joven alza lentamente la cabeza y responde al adiós definitivo que él le dirige desde el umbral de la muerte. Entonces, cuando haya sido despojado de todo, cuando de sus manos se hayan deslizado todas las riquezas, le será otorgado el amor".

miércoles, 9 de marzo de 2016

REBELIÓN EN LA GRANJA de George Orwell


Hoy os invito a un libro que ha estado siempre en mi biblioteca y del que me niego a desprenderme. A decir verdad, desprenderme de un libro es algo que no asumo con deportividad. Hoy os invito a: "Rebelión en la Granja" de Orwell, 1945. 
Sé que hay autores más actuales. Del mismo modo sé que hay autores con más éxito e incluso mejores. Si bien, la cuestión de los libros encierra un misterio que no deseo que logos me explique. 

Dado que nunca me censuraron la lectura tengo una idea genial de: "Rebelión en la Granja", una idea asombrosa de aquella primera lectura. Por el título, pensé que sería un cuento. Un cuento aburrido, previsible y tedioso. Nada más lejos de aquel prejuicio pueril. ¡Era un tratado de Filosofía! Así lo percibió mi mente infantil y no acostumbro a discutir con ella. 
Años después fue cobrando sentidos distintos, como pequeñas versiones-ediciones de bolsillo que podía aplicar a la realidad, a esa realidad que se me antojaba -y se me antoja-, engañosa al tiempo que tiránica. 

De tal modo que los animales de la Granja Manor, propiedad del señor Jones, con su "cerdo Mayor" y sus"Siete Mandamientos" inician una rebelión. Los cerdos se autoerigen como líderes, por su inteligencia, empiezan a abusar de su poder y manipulan los "Mandamientos" a su favor. 

Los cerdos líderes: Snowball y Napoleón, se enfrentan por el poder. Y el cerdo Napoleón lanza a los perros contra el cerdo Snowball, que huye de la granja, quedándose el cerdo Napoleón con el poder absoluto. Los cerdos se constituyen en una élite dentro de la Granja, y los demás animales -siempre amenazados por los perros-, se mantienen bajo la dictadura del cerdo Napoleón. 

 Paulatinamente los "Siete Mandamientos" van desapareciendo por orden de Napoleón y con la complicidad de los demás cerdos, e inician una imitación de las conductas humanas. La dictadura del cerdo Napoleón y sus secuaces se consagra cuando los demás animales preguntan al burro Benjamín -uno de los pocos que sabe leer-, sobre cuál es el único mandamiento que queda escrito. 

El séptimo, convenientemente trasformado por los cerdos, que reza así: 

"Todos los animales son iguales, pero algunos animales son más iguales que otros". 

 Os deseo que os rebeléis cuando os digan: "Todos somos iguales... PERO..." 

¡ Porque ahí, justo en el: "PERO" está la trampa! 



LO QUE SE HA ESCRITO ACERCA DE LA NOVELA 

"Esta sátira de la Revolución rusa y el triunfo del estalinismo, escrita en 1945, se ha convertido por derecho propio en un hito de la cultura contemporánea y en uno de los libros más mordaces de todos los tiempos. Ante el auge de los animales de la Granja Solariega, pronto detectamos las semillas del totalitarismo en una organización aparentemente ideal; y en nuestros líderes más carismáticos, la sombra de los opresores más crueles.«Una obra literaria perfecta.» T.S. Eliot 

RESEÑA DE LA PRIMERA EDICIÓN 

"Una condena de la sociedad totalitaria,brillantemente pasmada en una ingeniosa fábula de carácter alegórico. Los animales de la granja de los Jones se sublevan contra sus dueños humanos y les vencen. Pero la rebelión fracasará al surgir entre ellos rivalidades y envidias, y al aliarse algunos con los amos que derrocaron, traicionando su propia identidad y los intereses de su clase. 
Aunque Rebelión en la Granja fue concebida como una despiadada sátira del estalinismo, el carácter universal de su mensaje hace de este libro un extraordinario análisis de la corrupción que engendra el poder, una furibunda diatriba contra el totalitarismo de cualquier especie y un lúcido examen de las manipulaciones que sufre la verdad histórica en los momentos de transformación política"
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