martes, 17 de abril de 2018

LEER CONTRA LA NADA de Antonio Basanta




Hoy os invito a un manifiesto revolucionario: ¡Vivir con libros! Si alguna vez me preguntaran por mi profesión, diría: lectora. De entre todas las profesiones que he ejercido, ejerzo y ejerceré, la de lectora es la más vocacional y a la que más tiempo he dedicado y dedico. 
Sí, Vivir con libros, para mí, es algo parecido a esos azares obstinados, que damos en llamar casualidades y que revolucionan tiempos y espacios y nos devuelven al estado de humanidad, donde velan las armas los tejedores de instantes.

 Y es que el azar en letra impresa siempre es revolucionario. Asumir el riesgo de vivirlo, de aventurarnos en él, implica comprender que la derrota no llega cuando nos vencen; llega cuando desistimos. 
¡Y seguimos en las barricadas! ¡Jamás desistimos! ¡Esa es la revolución de Vivir con libros! 
Azar de instantes, de palabras, de lectura de lecturas, de símbolos, de interpretaciones... Interpretaciones que envuelven el alba tras noches en donde adivinamos que «somos el tiempo que nos queda», como decía Caballero Bonald. Y, hoy, quiero dedicar este ensayo de Antonio Basanta «Leer contra la nada», al espacio que existe entre un libro y una nube. 

Sófocles ya sostenía que «Una palabra es suficiente para hacer o deshacer la vida de un hombre» Yo, por mi parte, soy de la misma opinión. La fuerza de una palabra puede con todas las murallas, con todos los malentendidos, con todos los fusiles. 
 Y es que no hay nada más bello que tejer instantes con palabras a la sombra del azar obstinado, allí donde mantenemos lo ignorado en espera o nos damos de bruces con nuestra inmisericorde realidad. Porque justo allí el pincel y la palabra se aman...  

Ese azar en letra de molde, hermana las notas al pie de lo vivido con los adjetivos por vivir. Y es entonces cuando emerge la voz de la conversación, porque leer es compartir. Leemos para saber que no estamos solos. Es un sentimiento tan bello como el de amar y sentirse amado, se asemeja a ese descubrimiento turbador e irrepetible... 

Cabe preguntarse ¿Por qué lloramos o reímos, si todo en un libro es de mentira?... 
Sencillamente... ¡Porque lo que sentimos es de verdad!. 

¿Os sumáis al manifiesto revolucionario: ¡Vivir con libros!? 

¡Si así fuere... llegaremos todos y a tiempo de morir con cordura! 






LO QUE SE HA ESCRITO ACERCA DE LA OBRA 

Para el escritor Antonio Basanta leer es "conjurar el vacío", pero lo necesario para que la sociedad crezca y mejore es reivindicar que ese ejercicio sea "más profundo, sensitivo y emocional", algo sobre lo que reflexiona en su nuevo libro, "Leer contra la nada", un "homenaje" a todo lo que le ha dado la lectura. En una época como la actual en la que la información es infinita hay que "profundizar en el modo de leer" para que todo ese cúmulo de datos se convierta en conocimiento, explica a "Hay que volcarse hacia una lectura profunda, sensitiva y emocional que nos devuelva las claves de lo que somos, es decir las claves de nuestra propia humanidad", señala el escritor, que ha dedicado toda su vida profesional al fomento y al desarrollo de la lectura también como docente, editor y gestor de proyectos culturales. 

"Leer contra la nada" es su nueva forma de reivindicar algo de lo que está plenamente convencido: la importancia de "reequilibrar" el sistema para que los ciudadanos sean capaces de "transformar, aprender, asimilar y compartir todo lo que digan". Es, admite, una "utopía social" que, espera, se pueda convertir en realidad algún día: "En esto apelo mucho al sistema educativo porque hay que aprovechar lo que el sistema en sí mismo significa para darle acomodo prioritario a la lectura". Olvidarse de las prisas y dedicar a los libros "su tiempo y su tempo" no solo es fundamental, según el madrileño, sino que es la única vía posible para conectar con las palabras escritas. "El lector tiene que buscar el libro que esté creado para él, el que le despierte sensibilidades", señala convencido de que la lectura es también "lo más análogo a vivir" y de que construir una verdadera "sociedad de lectores" se torna imprescindible. 

Todas esas conclusiones a las que Basanta ha llegado después de dedicar toda su vida a fomentar esa lectura detenida y reflexiva las comparte en su libro "desde el ámbito emocional" y aludiendo a la conexión que ve con la "neurociencia lectora". "Creo que también hay que volver a descubrir el valor de la lectura emotiva, el valor de la lectura que realmente es capaz de atraparte y transportarte porque es lo que permite vivir con toda la intensidad infinidad de experiencias que en la vida real no vas a tener la oportunidad de disfrutar" añade. https://www.elperiodico.com/es/ocio-y-cultura/20171107/antonio-basanta-reivindica-la-lectura-profunda-en-leer-contra-la-nada-6408366

lunes, 26 de marzo de 2018

NO HAY ORQUÍDEAS PARA MISS BLANDISH de Hadley Chase



Hoy os invito a una expedición a los abismos del alma: «No hay orquídeas para miss Blandish» de James Hadley Chase. Al leerla, releerla o visionarla, a buen seguro que sentiremos que la condición humana, quebradiza, supera el paso del tiempo. Y esa perversidad despiadada y sin concesiones, que ahora se presenta en cada telediario, nos remitirá, entre otras, a la historia del brutal secuestro de miss Blandish, perpetrado por la banda de Ma Grissom. 

 Absolutamente espeluznante es el personaje de la madre de la familia de mafiosos, un personaje de esos que no se olvidan y con el que es mejor no soñar, porque la pesadilla está asegurada. En la novela, como en la vida, se hace omnipresente la crudeza a través de la brutalidad de sus personajes por la frialdad con la que Hadley Chase narra las escenas violentas, y por la premura que tiene uno por olvidar lo que ha leído nada más acabar el libro. 

He de confesaros que no soy lectora de novela negra. Y en el Cine, todavía hoy, me siguen inquietando estas películas. De tal modo, que busco cualquier excusa para no estar atenta en los momentos duros y violentos. Y solo respiro cuando aparece «The end» y «los malos» han sido abatidos. 

Y es que la maldad, pese a la anhelada bondad de la que revestimos nuestras acciones con pretextos anodinos, siempre nos evoca los renglones torcidos con los que escribimos o nos escriben algunos pasajes de nuestras vidas... 

Este espinoso asunto, no cabe duda que nos desfigura ante cualquier espejo, por muy benévolos que deseemos ser con nosotros mismos y por muy aleccionado que tengamos al espejo. 

Y es en ese preciso momento, cuando sentimos miedo de ese alter ego que se ríe, irónico y burlón, de nuestras buenas intenciones. 

 ¡Os deseo que la maldad no os sea indiferente! 



LO QUE SE HA ESCRITO ACERCA DE LA OBRA 

La novela destaca por su crudeza, por la fría crueldad de sus personajes principales, por la frialdad con la que se narran las escenas violentas y por la prisa que tiene uno por olvidar lo que ha leído nada más acabar el libro. Una expedición a los peores abismos que pueden abrirse dentro del alma humana, la psicosis, la dureza y la crueldad más despiadada. 

Una obra maestra del género, un clásico imprescindible cuya lectura es toda una experiencia, intensa e inolvidable. René Babrazon Raymond (Londres, 1906-1985), más conocido como James Hadley Chase, fue un escritor inglés, hijo de un coronel de la Armada Británica. Estudió en el King's School en Rochester y luego en Calcuta. A los 18 años se independizó y trabajó como librero, vendedor de enciclopedias y mayorista de libros. A los 32 años escribió su primer libro. 
Basándose en la cultura estadounidense de la Gran Depresión (1929-1939), la ley seca y el crimen organizado, y después de leer «El cartero siempre llama dos veces» de James M. Cain, decidió probar suerte con la novela negra y en seis semanas, con la ayuda de un mapa y un diccionario de argot americano, acabó esta espléndida composición titulada irónicamente «No hay orquídeas para Miss Blandish». La novela alcanzó un éxito espectacular y fue llevada primero al teatro y luego al cine. Hadley Chase se animó y escribió más de 90 títulos, la mayoría de serie negra. En casi todas sus novelas se sabe desde el principio quién es el asesino, pero se mantiene la intriga sobre qué va a pasar hasta el final. Las mujeres juegan un papel muy importante en sus libros, suelen ser fatales, hermosas, manipuladores y malvadas. 

Durante la Segunda Guerra Mundial fue piloto de la RAF y llegó a ser líder de escuadra. Como escritor, James Hadley Chase ha resultado ser muy popular en Asía, África y la antigua URSS.
http://laantiguabiblos.blogspot.com.es/2013/08/no-hay-orquideas-para-miss-blandish.html

lunes, 26 de febrero de 2018

JINETES EN EL CIELO de Eduardo Torres-Dulce



Hoy os invito al Cine, al cine de mi infancia y al cine que, siempre que tengo ocasión, visiono, una y otra vez. Mi abuela era una gran aficionada al Cine. Y es sabido que los nietos y los abuelos siempre tienen una suerte de alianza clandestina. Yo la tuve. Y fue aquella clandestina complicidad, el más bello de cuantos regalos hubiera podido imaginar. 

Tanto es así que su sombra se ha alargado en el tiempo de mis años. Porque, a decir verdad, sigo leal a ella. Sí, pese a los reglones torcidos que la vida en su oficio escribe, sigo vadeando Rio Grande a caballo y me inspira, profundamente, la fuerza irlandesa de Maureen O' Hara . 
Y es que Irlanda ha pasado a ser de la familia... Y una sutil intuición me dice que la «Isla esmeralda» será la tierra de mis nietos… 

 He de decir, en honor a la verdad, que el caballo es para mí el animal más hermoso y noble, hecho éste por el cual, también, os invito a esta trilogía de la caballería de uno de los grandes cineastas: John Ford, y que  ha  escrito y analizado, magistralmente, Torres-Dulce. 

Lo cierto, y eso lo sé ahora, es que me gustaba, y aún me gusta, evadirme y soñar con esas gestas homéricas: ¡Tardes de Cine con sueños a galope! 
Y en «Jinetes en el Cielo» existen caballos hermosos, héroes de gran humanidad y se forjan sueños que alcanzan a los mismísimos dioses… 

 ¡No se puede pedir más! 

 ¡Os deseo que el buen Cine os procure sueños a galope tendido! 


 LO QUE SE HA ESCRITO ACERCA DE LA OBRA 



 Entre 1948 y 1950, John Ford rodó Fort Apache, La legión invencible y Río Grande. El prolífico director filmó en ese tiempo tres películas más, pero las citadas -y dentro de su amplia y magistral dedicación al western- han adquirido una identidad propia al ser agrupadas por la crítica bajo el rótulo de “Trilogía de la Caballería”, pues están dedicadas a las actividades de ese cuerpo del ejército de los Estados Unidos en el último tercio del XIX, lo que las dota de unas características comunes, refrendadas por múltiples ingredientes de estilo y producción compartidos. Con su socio Merian C. Cooper -creador de King Kong- y para su productora independiente Argosy, John Ford dirigió en su mítico escenario de Monument Valley esas tres películas de fuerte vocación historicista y pulsión por la leyenda, basadas en relatos de James Warner Bellah -sobre episodios reales o susceptibles de serlo, y siempre con observaciones realistas- e inspiradas en su planteamiento visual en pintores como Charles Schreyvogel y, sobre todo, Frederic Remington. Fueron películas rodadas con presupuestos austeros, en poco tiempo (seis-siete semanas) y con la proverbial frugalidad de tomas de John Ford. John Wayne estuvo en las tres, si bien el protagonista de Fort Apache fue Henry Fonda. Eduardo Torres-Dulce (Madrid, 1950) ha sabido encontrar en esta trilogía fordiana un corpus compacto, dotado de personalidad y de cohesión interna para elaborar un excelente ensayo, acorde -como explica en el prólogo- con su propia memoria y experiencia cinéfila de joven espectador de películas y joven lector de novelas del Oeste. 


Torres-Dulce (Armas, mujeres y relojes suizos) es un crítico de entraña cinéfila, pero, una vez más, demuestra que tal condición no se sustancia, en su caso, en un mero ejercicio de nostalgia o de evocación idealista, sino que se despliega bajo otros, al menos, tres requisitos combinados: la investigación prolija de datos y referencias de toda índole, el análisis tanto del discurso visual como del ideológico -y de su imbricación- y la escritura que, finalmente, congrega elementos críticos, periodísticos e historiográficos con una prosa de calidad que propicia una lectura altamente satisfactoria desde un punto de vista exclusivamente literario. 

 Torres-Dulce suele exhibir una mirada humanista, atenta a los valores conservadores-liberales susceptibles de poder ser aceptados universalmente, que, naturalmente, encuentran en el cine de Ford y en estas tres complejas -más de lo que parecen- películas un objeto de reflexión muy propicio: personajes con conflictos morales importantes, ideas en liza con la propia conciencia y con las ideas de los otros, un material que Torres-Dulce desgrana con detalle, revelando con minuciosidad cómo el cine de Ford -que el gran público consume por sus tramas o por su acción- estaba fundado en personajes interiormente desgarrados y en pugna -entre aciertos y errores- con sus convicciones y sentimientos. 

 Jinetes en el cielo parece tomar su título de una inolvidable canción country de Stan Jones (Riders in the sky), versionada en su día, entre otros, por Bing Crosby y Raphael. El libro se estructura en tres partes correspondientes a cada una de las tres películas en orden cronológico, pero lo interesante es cómo cada parte se desglosa en muy legibles fragmentos de corta duración que acaban componiendo una especie de gran puzzle. Es preciso destacar la muy buena edición gráfica, con aportaciones de las portadas y de las páginas de las revistas en las que James Warner Bellah -gran coprotagonista del libro- publicó sus relatos, así como con imágenes de las películas, glosadas con oportunidad e intención esclarecedoras en los pies de fotos.
http://www.elcultural.com/revista/letras/Jinetes-en-el-cielo/29719

miércoles, 31 de enero de 2018

CANADÁ de Richard Ford


Hoy os invito a un libro de sed, os invito a un trozo de mi corazón en donde existen flores en las grietas… 

Os invito a un lenguaje, el de Richard Ford, que en absoluto reconforta, es duro, desértico… Si bien, llega a la razón con la misma intensidad que un poema se posa en el vuelo de una mariposa. 

Os invito a una de sus novelas: «Canadá», que llegó a mi biblioteca sin pedir permiso y en ella se quedó, a salvo de los fantasmas digitales. Fue un regalo, mas tenía tanto por leer que se quedó en lista de espera ¡Maldita espera! Era un engaño, el libro, el autor, me esperaban con la paciencia de los sabios... Aprendí tanto... que, desde entonces, la espera para mí es una suerte de tiempo, al margen del tiempo. La espera ha conseguido sosegar mis impaciencias... y avivar  mi curiosidad... porque no es vano el deseo de conocer...  

 Con Ford, os invito a huir, en un movimiento constante, para volver a empezar… Porque, a decir verdad, tras vagar por nuevas tierras, recorrer caminos inciertos, incendios y destrucciones sin movernos de nuestro tiempo, sin salirnos de lo acostumbrado, hemos creído que debemos vivir para sobrevivir a la Vida… Mas no es así... 

¡Es la Vida la que siempre nos sobrevive! 

 ¡Os deseo que nadie os despoje del perfume de la Vida!



 LO QUE SE HA ESCRITO ACERCA DE LA OBRA 


«En «Canadá», Ford (Jackson, Misisipi, 1948) vuelve a territorios conocidos por sus seguidores: lenguaje áspero y despojado como el paisaje de Montana; el derrumbe del amor y la construcción de los siempre frágiles puentes que unen a padres con hijos; el reflejo casi automático que empuja a huir del pasado pero al mismo tiempo a extrañar lo que se deja atrás; el trabajo o la falta de trabajo como disparador; el exquisito arte y talento para tomar todas las malas decisiones y los caminos equivocados, y el movimiento perpetuo y el fantasma verdadero del poder volver a empezar. 

Hemos huido, hemos conocido nuevos mundos sin movernos Pero aquí Ford lo rehace con una madurez que deslumbra pero, también, conmueve. Porque conviene aclararlo: hay muchos libros excelentes, pero son contados los que apelan con igual fuerza a nuestro corazón y a nuestro cerebro. En ese sentido, los paisajes tanto geográficos como mentales de «Canadá» –la épica doméstica y delictiva de la familia Dell– recuerdan a la inquieta quietud en el cine de Terrence Malick a la altura de «Malas tierras» y «Días del cielo». 

O a ciertas añejas baladas asesinas cantadas por Johnny Cash o Bob Dylan, donde el elemento criminal (como el de Arthur Remlinger) es presentado con un lacónico pero arrollador lirismo que, nos guste o no, de inmediato nos hace sentirnos cómplices. Así, cuando la policía llega a arrestar a los padres de Dell, sentimos como si viniesen a por nosotros o a por nuestros padres. 
Dividida limpiamente en dos largas partes y una breve coda –el fordiano Great Falls en Montana y el atraco; Canadá y los asesinatos; un último encuentro entre los hermanos ahora grandes pero de algún modo pequeños para siempre–, Dell parece, como nosotros, ir encontrándole cierto sentido a su historia a medida que nos la cuenta. Pero lo suyo no tiene la ambigüedad de los narradores poco confiables de Joseph Conrad o Ford Madox Ford o Francis Scott Fitzgerald. 

Imposible no creer a Dell. El elemento criminal es presentado con un arrollador lirismo Ninguna duda perturba su relato o nos perturba a nosotros hasta las últimas páginas, cuando un Dell sexagenario y profesor de literatura nos habla de la lectura y del estudio de grandes ficciones como del «cruzar una frontera» y de la vida como algo a lo que debe intentarse sobrevivir. Igual sensación nos deja «Canadá»: hemos huido, hemos conocido nuevos mundos y nuevas personas sin movernos demasiado. Pero –y nunca nos cansaremos de experimentarlo– regresando siempre a esa nueva patria para siempre cada vez que volvemos a viajar y a vivir un gran libro».

martes, 5 de diciembre de 2017

SEIS PERSONAJES EN BUSCA DE AUTOR de Luigi Pirandello



Hoy os invito a un bello e interesante juego: «Seis personajes en busca de autor» de Luigi Pirandello (Agrigento, 1867- Roma, 1936). ¡De nuevo os invito al teatro! Esta obra, en sus distintas adaptaciones y siempre que he tenido oportunidad, no me la he perdido ¡Imposible! ¡Dejar de asistir a su representación me contraría sobremanera! 

Naturalmente no todas las adaptaciones me han parecido maravillosas, pero como la obra, en mi opinión, es prodigiosa, nunca me han decepcionado. Tras la representación me quedo días cavilando, buscando palabras para una idea o sentimientos para las palabras y viceversa… Al pairo, sí, me deja al pairo hasta amarrar mis emociones al abrigo de algún puerto. ¡Y ese efecto se me antoja sublime! 

 Esta invitación al teatro, es bien distinta. En esta ocasión, no podemos olvidar que somos «personajes en busca de autor». De tal modo, que pretendemos que sobre el teatro, nuestra existencia, real o falsa, sea interpretada por nosotros mismos. ¿Aceptáis? ¡Gracias! ¡Nadie saldrá ileso! 

Nos presentaremos ante un director, irrumpiendo en pleno ensayo de una obra que está preparando para estrenar, con el propósito de captar su interés  para que nos dirija como actores, desbancando a la obra y a «los actores de verdad», con la intención de interpretar nuestra vida, nuestro drama, sobre las tablas, como auténticos personajes que aspiramos a otorgar ficción teatral a nuestra historia. 

Nada obedece a una lógica externa, pues cada uno hemos de contar-interpretar, con una aparente «espontaneidad», aquello que nos atormenta o nos libera. 
Sin embargo, sí existe una lógica interna: la igualdad diferente de los seres humanos, propia de su condición. 
Todos tenemos la misma forma, pero todos somos diferentes; cada persona somos muchas personas, y vamos evolucionando y cambiando con el paso de los acontecimientos. 

Y tras lograr representar la obra, nos preguntaremos si la hemos representado. Nos despojamos de la máscara...  ¿Ciertamente hemos tenido un director?  ¿Qué sentido tiene? ¿ Todo es engañoso? 
¿ La naturaleza humana es tan imperfecta como frívola y caprichosa? 
¿El dolor y nuestra sensibilidad son dos constructos vacíos?¿ Palabrería propia de demagogos?... 

Y todo comenzará a girar en derredor, sin apenas dejarnos aire para respirar… 
¿¡Somos las sombras de nuestra propia vida!?¿¡Matamos al personaje o eliminamos la escena que no nos gusta?!...¿ Nos revelamos ante ello?... 

El tramoyista deja caer el telón… 

 ¡Abrid los ojos! 

¡Qué gran teatro es el mundo! 



 LO QUE SE HA ESCRITO ACERCA DE LA OBRA 


«Esta obra no tiene ni actos ni escenas, pero tiene tres momentos diferenciados. Se interrumpirá en dos momentos claves, la primera vez cuando el personaje de Padre y el Director marchen del escenario al camerino interesado por la trama de la historia de los personajes, y la segunda vez cuando por una equivocación del Tramoyista el telón cae de verdad. 
Parte Primera: La obra comienza en el escenario de un teatro en el cual comienzan ha aparecer los actores y actrices de una compañía que acuden a un ensayo de la obra que van a representar. 
Al llegar el Director éstos comienzan a ensayar la escena que les tocaba, curiosamente representan una comedia de Pirandello, el propio autor de seis personajes en busca de autor. A poco de comenzar el ensayo irrumpe en el teatro por el patio de butacas un grupo de Personajes (el Padre, la Madre, la Hijastra, el Hijo, el Muchacho y la Niña) guiados por el portero del teatro que les lleva hacía el Director. 

Estos personajes estaban buscando un autor para su drama. Después de varias discusiones con el Director el Padre consigue que éste le escuche y explicarle su historia; que no es más ni menos que eran personajes de un drama, pero su autor no quiso o no pudo llevarlos materialmente al mundo del arte. Los personajes astutamente dejan ver poco a poco sus sentimientos de unos hacía otros creando un clima de cierto interés por la compañía. El Director escuchó la siguiente historia: El personaje del Padre estaba casado con la Madre y tenían un hijo. El Padre tenía un secretario muy leal que se llevaba muy bien con la Madre, hasta el punto que sin maldad se entendían mejor que la propia pareja. Cierto día el Padre lo despidió para alejarlo de ella, pero la Madre al poco tiempo se sintió desorientada y vacía. Al observar esto, el Padre decidió echarla de su casa, porque no aguantaba verla tan triste y la llevó con el otro hombre. 
El Padre decidió que el hijo que tenían en común debía dejárselo a un ama de cría campesina para educarlo. La Madre y el otro hombre se fueron de la ciudad. El drama comienza cuando murió el ex-secretario (padre de la Hija) y esta nueva familia cae en la pobreza, obligados a volver a la ciudad de donde procedían. La Madre trabajó como modista para una tal Madama Pace, una modista de altos vuelos, que aparentemente ofrecía sus servicios a damas elegantes, pero en realidad eran estas damas la que le ofrecían a ella el servicio en una casa de citas. Fue allí donde se volvieron a encontrar el Padre, la Hijastra y la Madre, ya que él era cliente de esa casa de citas y Madama Pace obligó a la hijastra a trabajar para ella, excusándose en el mal trabajo de los modelos hechos por su madre. 
Dio la casualidad que el Padre iba a citarse con su hijastra sin saberlo; dado el largo tiempo de su ausencia, no la podía reconocer. Fue entonces cuando la Madre los encontró y el drama se disparó. El Padre finalmente los acogió como si de mendigos se tratase en su casa con su Hijo, que había vuelto hacía tiempo. 
El Director interesado en el drama accedió a ser el autor y ofreció al Padre a ir a su camerino para detallarle las escenas. El director deja un tiempo de descanso para los actores. 

Parte Segunda: Esta segunda parte empieza con las instrucciones del Director para acomodar el escenario a las exigencias de la Hijastra y de la situación en la que ocurrió la escena del encuentro del Padre con ella. 
El Apuntador pasa a ser el taquígrafo para recoger los diálogos de la escena. El Director muestra su intención de representar el drama con sus actores y no con los personajes, lo que indigna a éstos, que defienden sus ideas de que no hay nadie mejor para representar su drama que ellos mismo ya que son los que lo han vivido, y para lo que han sido creados. El Padre consigue crear un escenario parecido a la escena donde ocurrió y logra que Madama Pace se presentase en el teatro para que recogiesen los actores su papel. Al entrar Madama Pace en el escenario la Madre comienza a chillar angustiosamente por todo lo que les hizo en el pasado, la tienen que apartar para que el Padre y la Hija representen la escena con Madame Pace. 

Al acabar de representar la escena, son los actores los que tomando sus papeles representan la misma escena bajo la crítica mirada del Padre y la Hijastra. Éstos acaban por interrumpir el ensayo y deciden representar la escena del dormitorio para provocar así la impresión del Director y que les dejase interpretar la obra. Con esta escena acaba el primer acto de la obra (de los personajes), y a su vez acaba la Segunda Parte con el error del tramoyista al bajar el telón. 

Parte Terceraª: Esta última parte arranca con el segundo acto del drama, la acogida en casa del Padre de la familia. En el escenario, el Director sólo quería representar el huerto de la casa, cosa que era desvirtuar el drama porque el Hijo siempre estaba distante de la familia mostrando su indiferencia hacia ellos. El Padre no dejará de mostrar pensamientos al Director de su realidad de personaje ante la realidad de los actores lo cual acaba en enrevesadas conversaciones más bien filosóficas que artísticas. Se reanuda otra vez la narración de la historia por medio de la Hijastra que muestra los sentimientos de su familia al llegar a esa casa. El hijo intenta marcharse del escenario pero un extraño poder le impedía marcharse, estaba obligado a realizar la escena con su madre en el Huerto, era como si algo les obligase a los personajes a estar juntos, su misión, para lo que habían sido creados, era representar su drama aunque se odiasen unos a otros. Pero al intentar representar la escena ocurren cosas extrañas, el Muchacho ante la insistencia de la Hijastra en que representase su papel empuña una pistola, se vuelve a colocar tras los árboles del escenario y se reanuda la historia. Ahora la Madre cuenta como entró en la habitación del Hijo y éste se marchó. Vuelve a interrumpirse la representación ante la negativa del Hijo que acaba por discutir con su padre. Tras la discusión comienza el desenlace de la historia: El Hijo al marcharse de la habitación se dirigió al huerto y en la alberca vio a la Niña ahogada en la alberca, corrió a salvarla pero se detuvo al ver al Muchacho contemplando a su hermana ahogada se dirige hacia el pero... (en el escenario se oye un disparo). 

Los actores y personajes acuden a ver qué ha pasado, creen que no es real pero el Padre si sabe que es real. El Director piensa que todo es falso y decide marcharse del teatro, se apagan las luces y cuando se está marchando aparecen detrás del decorado las sombras de los personajes menos las del Muchacho y la Niña. La Hijastra saldrá corriendo del escenario riéndose a carcajadas. Respecto a la primera cuestión significativa, podemos observar que la obra no respeta un argumento lineal, es como si las acciones no tuviesen un sentido lógico unas detrás de otras. Esto tiene explicación porque Pirandello pretende romper con esa idea clásica de que todo tiene que tener un orden lógico y defiende que la obra tenga un ritmo interno, como guiado por los sentimientos de los personajes, aunque en la realidad sea poco lógico. En esta obra casi todas las acciones están regidas por los sentimientos de los seis personajes que se muestran entre ellos, odio, rencor, humillación, desdén, remordimiento, entre otros. También existe una ruptura del espacio, la obra se desarrolla dentro de un teatro, como si fuera teatro dentro de un teatro; en el teatro está permitido romper las leyes lógicas, en la vida real no, esto hace que haya veces que no se sepa si los personajes están actuando o no. En este punto coincide con Brecht en la idea que tenía de teatralidad dentro de la escena, y que cada escena está en función de la siguiente. 

Por este aspecto y sin desviarnos mucho el teatro de Pirandello se acerca al teatro expresionista con los juegos de luces, las máscaras que deben de llevar los Personajes para diferenciarse de los actores, y la ruptura con el teatro épico. Respecto a la segunda cuestión, la búsqueda de Dios, Pirandello la muestra claramente con el ejemplo de los personajes, creados por un autor que al final no los ayuda a poner en escena, parece que quiere decirnos que a los personajes los crea el autor, y al autor lo crea Dios; ¿Quién determina la existencia de la creación? En este punto coincide con Miguel de Unamuno, el cual también sentía esa preocupación por la búsqueda de Dios (en su última etapa cuando cae enfermo su hijo). Los dos eran filósofos y hombres de una mente compleja. Los dos tenían una amplia visión del mundo (viajaron mucho, voluntariamente o no) y habían sido influidos por muchos escritores y pensadores. Unamuno en su obra “Niebla” al igual que Pirandello crea la obra a partir de los acontecimientos que le va sucediendo al personaje (Augusto Pérez) y también coincide en que el personaje se revela al intentar su creador darle muerte marchando a Salamanca a ver a Unamuno, su creador. Pirandello al igual, no le da muerte física, sino teatral al no llevarlos a escena, y si un personaje no se materializa en una obra “muere”. Aquí Pirandello hace un teatro existencialista. Para entender un poco este conflicto nos podemos basar en el Formalismo Ruso como ejemplo, que empezó a estudiar el lenguaje, pero no sólo centrándose en el significado de las palabras como se estaba haciendo hasta el momento, sino también analizando la formación de la palabra y los fonemas. En la gran diferencia que hay en el significado de dos palabras como por ejemplo “caso” y “paso” y sólo se diferencian en un fonema. Pirandello coincide con el “relativismo” y con varios pensadores en esta idea, como Nietzsche o Bergson». html.rincondelvago.com/seis-personajes-en-busca-de-autor_luigi-pirandello.html

miércoles, 29 de noviembre de 2017

LA MODIFICACIÓN de Michel Butor


Hoy os invito a un viaje en tren, París-Roma. Un viaje lento. En tercera clase. En el mismo vagón, junto a nosotros, se sienta Michel Butor. Está escribiendo «La Modificación», es el año de 1957, y se dirige a nosotros en todo momento. Nos implica. Nos pregunta. Despierta nuestra curiosidad y ésta, a su vez, se pone a trabajar como un orfebre, conocedora de su oficio. 

La primera vez que leí «La Modificación» supe -y esto tuvo que ver con quien me regaló el libro-, que en ese viaje mi mirada sería la de una poeta malcriada y que sentiría el placer manierista de acariciar pensamientos frente al paisaje, un paisaje que estaba dentro de mí. Os confesaré que me marcó definitivamente, en mi afición como lectora y escritora. Porque eso es lo que soy, desde niña, una aficionada, una aficionada que necesita leer y escribir. De tal modo, que os invito a un viaje, que he realizado y sigo realizando a diario. 

«La Modificación» únicamente es literatura. Porque finalmente prima la curiosidad, pero muy lenta. No existe en la obra una trama forzada para mantenernos en vilo. No. Es un viaje en donde el sosiego y el pensamiento, rodean la intimidad deliciosa del silencio y la curiosidad brota en una suerte de asombro inesperado. 

«La Modificación» a buen seguro, os hará mirar los paisajes de París a Roma desde vuestro interior más sensible, os hará repensar el amor como una historia que explota, se desgasta y se vacía con la rutina y la desatención. O, por el contrario, advertiréis que el azar obstinado nos puede presentar, de repente, un amor y que en éste, nos reconozcamos y nos reconozca, y nos vuelva presos de lugares y de momentos que se nos antojen únicos, porque definitivamente ese amor era el nuestro. El que no esperábamos. 

Y así seremos plenamente conscientes de que cambiar las cosas es vivir. Y dejarlas como están es una forma de muerte, lamentable y penosa. 

 ¡Os deseo que el lento viaje París-Roma, junto a Butor, os llene el corazón de decisiones!

¡ Bon voyages! 

P.S.  ¡Ah! No perdáis el tren! 


 LO QUE SE HA ESCRITO ACERCA DE LA OBRA


«Alumbra, todo se alumbra, toda la literatura se alumbra, cuando te encuentras con libros como este. La lectura por la lectura, el puro placer de leer textos que no buscan que sudes con la protagonista, que no haya cuestas, que mires la espalda con temor, que leas un texto como una autopista, o pretendan animarte con masajes de letras con aceite, no lo necesitan; son textos que no buscan excitarte, no buscan darte miedo, no buscan enfadarte, ni siquiera esperan que llores por ese final. No. Solo cuentan una historia que si me la leyeran provocaría en mí un estado de curiosidad placentera, de pensar que de verás es bello -el puro gusto por una cosa hermosa, bien contada, con rasgos de poesía, con la mirada que deja un poeta mimado-, pensaría, pues, que es como acercarme al lado donde me siento cómodo estando callado, escuchando y mirando un paisaje, el mismo paisaje por donde paseé toda mi vida, en el que conozco sus rocas desgastadas, el mismo paisaje donde suena igual el viento cada día. Pero este libro, no te confundas, no habla desde los tópicos literarios, no habla desde la falta de imaginación, no solo no lo hace, sino que lo hace desde la pura inventiva literaria, desde el riesgo, desde la no búsqueda del lector masivo, de la lectura fácil o, como dije, los fuegos artificiales temáticos o sorprendentes finales. ¿Por qué la llamo pura literatura? Supongo que empiezo mal, debería reescribirlo: ¿Por qué la llamo mi tipo de literatura en estado puro? Pues es simple, para mí la novela no solo debe tener un tema adecuado o que me satisfaga o que sea bueno o, quiera Dios, solo sea mínimamente atractivo -tampoco exijo mucho-, sino que tiene que estar bien escrito -es evidente-y ser original en su forma de escribir; y que no sea, siempre, una mera sucesión de ideas y frases con corrección y sentido, una exposición académica de la teoría literaria o del buen escritor, o de la novela lógica y la técnica de siempre y el espacio, tiempo que no se muevan de mi lado, agarraditos a mí. No digo que siempre debe ser así, pero agradezco, mucho, cuando se me aparece, -espectro halagador- un escritor que innova - o innovó-, apuesta, rasga papeles, personajes, textos, ideas; que se recrea en descripciones, es cortante en su preceptos o en su frases, tiempos y espacios, y, claro, lo hace bien. Da igual que se llame Oulipo, Nouveau roman o Realismo sucio o... ¿Qué es original en “La modificación”? Lo más evidente es la voz narradora que se dirige en segunda persona al protagonista, ese “usted” que dirige al lector hacia esa hombre -amante, marido, padre, engañador, perdedor, masivo, ciego, escritor, inventor, aburrido voyeur... es todo esto y no lo es...- que se mueve por el texto como centro de un universo de pocas personas y ciudades que orbitan a su alrededor, con elipses extrañas que las acercan y alejan en un solo momento. Pero esa voz narradora es engañosa, podría pensarse que es un mero artificio literario que busca sólo originalidad o cambio, o para probar tesis literarias. 

No, nada más lejos de la realidad; dicha voz, dicho narrador, permite al lector que pueda variar, incluso provocar inquietud o enseñar una confusión buscada. sobre quién está narrando en un momento dado la novela: a veces parece un narrador omnisciente, lo sabe todo del pasado, del presente y del futuro, pero otras veces pudiera pensarse que ese mismo narrador que habla -se dirige a él- de usted al protagonista es el mismo protagonista, es su mente que vaga entre los papeles y se dirige a sí mismo, o , incluso va inventando la novela, y creando una segunda novela en su cerebro con los personajes secundario y silenciosos que le acompañan en el mundo cerrado del vagón donde transcurre casi toda la historia. Por otro lado, en otros momentos, aparece esa voz narradora, como un ser que crea el futuro, que va creando un futuro inexorable para el protagonista, un dios creador, que puede ser una mera invención mental del protagonista, pero también una construcción meta literaria, o una mera posibilidad o.... 

Las voces narradoras, por lo tanto, varían sin que tengan solución de continuidad, saltan de un un mero sueño-pesadilla-, a esas otras de un narrador-dios-literario que todo lo sabe, que todo sabrá, o , como dije, saltar al propio protagonista inventando historias o recordando el pasado. Si así es el narrador, debe comprenderse -lo necesita el texto-que en esta novela no se puede buscar una tradicional lectura y compresión de tiempo y espacio, que varían de una frase a otras, para lo que debes estar preparado y atento, para saber si la CÉCILE o la HENRIETTE que lees son presentes, pasadas, futuras; están en Roma o en París. Y te dirás qué tiene eso de divertido, que si es extraño y difícil de leer: pues lo cierto es que no, es una novela en la que encajas las piezas del puzle, en continua creación, con suma facilidad. Pequeñas pista te van dejando en cada momento en el espacio y tiempo en el que ocurre al escena; una pequeña piedra en el suelo del tren , un nombre de una calle romana, una paisaje, un libro sin abrir, la cara de una persona, un olor, la lluvia en los cristales, las luces que se ven con el paso del tren, el nombre ciudades, El Vaticano, la sotana de un cura.... Pequeños detalles que abundan, apuntan, ayudan, recrean, admiran y hacen bella la novela; con esa belleza de lo particular, de lo mirado con curiosidad y amor por lo sencillo, por lo poético de un cosa que no parece tener importancia en el conjunto de una escena y es hermosa en el detalle mirado con ojos minuciosos. 

 El libro habla de paisajes de París y Roma, habla de las personas, de una pareja que se amaba y que la edad, los años, la incomunicación... hace que se distancie, y, tras ello o junto a ello o por ello, aparezca otro amor, o un posible amor, o un intento de amor, o un falso intento de amor o una pasión intolerablemente cierta, que hace que, en este caso, el marido vea que puede rejuvenecerse con el contagio de la juventud de otra mujer. Sabedoras de que las historias son bombas que explotan y se vacían enseguida, otras personas pretenderían ser más conscientes que las historias se repiten y se vuelven presas de los lugares donde discurre, de las momentos en las que pasa, de las botas de asfalto y plomo que se atan a sus pies, pero nuestro protagonista quiere luchar para que las cosas no sean como son siempre, por su parte. 

 En un tren que sale de París, un exitoso jefe de un sucursal francesa de unas máquinas de escribir italianas entra en un vagón de tercera, para viajar a Roma, donde quiere dar una sorpresa a su amante Cécile, entonces le dirá que ha decidido dejar a su mujer, por fin. La novela hablará de los pensamientos de ese hombre para lo que fue la relación con su esposa Henriette, sus hijos y con esa amante, y lo que es ahora, y se describe la posibilidad o certeza de lo que será esa relación en el futuro, cómo cambiará su vida con la vida en común con Cécile....con sus nuevas perspectivas. 
Eso es básicamente la novela, pero sería estúpido por mi parte dejarlo así, porque las raíces de la novela serán esas, pero parte del tronco y las ramas serán también las ciudades de Roma y París casi como personajes con voz y mirada en al novela; son, así, personajes vivos que entran , influyen cambian la novela; como lo son los viajeros que entran y salen del vagón donde transcurre el presente de la novela, todos ellos serán actores que participaran en el transcurrir de la novela sin decir una palabra, y serán un hecho casi meta literario en la novela, porque el protagonista los inventará, a su vez, como sus protagonistas, inventando nombre, historia pasada, presente y futura.»
https://wineruda-literatura.blogspot.com.es/2017/02/la-modificacion-de-michel-butor.html

martes, 31 de octubre de 2017

LA CANTANTE CALVA de Eugène Ionesco


Hoy os invito al teatro ¡Me fascina el teatro! Debe ser de las pocas cosas que no me remiten a lo virtual. ¿Aceptáis? Muchas gracias. Patio de butacas. Por favor, tomad asiento. ¡Se levanta el telón!  
Corren tiempos sin tiempo para la conversación, tiempos de hartazgo informativo, tiempos de absurdo que ni con lupa somos capaces de leer. Y« La cantante calva» de Eugène Ionesco, (Slatina, 1909 - París, 1996) se me antoja sublime, para bajar los humos a tanta charlatanería barata. 

No sabremos muy bien si asistimos a un drama o a una comedia. Tampoco lo sabemos fuera del teatro: la vida es puro teatro… y el teatro, vida en estado puro… ¿Hallaremos el sentido del sin sentido? ¡No tengo la menor idea! 
Ionesco decía que el humor es «lo cómico como expresión de lo insólito», y lo insólito nos lleva a la hilaridad». Pues debemos habitar en un tiempo insólito, por cómico. 

Ionesco, dice Luis Luque, tenía mucho miedo a los totalitarismos. ¿Y quién no? ¡A mí me aterran! «Ese es un miedo compartido; ahora los lobos no van disfrazados de ovejas, llevan otros disfraces, pero siguen siendo lobos. Las banderas y los idiomas se emplean como instrumentos de confrontación; el nacionalismo está floreciendo de una manera terrible y nos seguimos apasionando, nos seguimos peleando y nos seguimos destrozando por el amor a la tierra o al contexto cultural. 
Y de eso hacemos nuestra guerra personal y consideramos menores -y peores- la esencia y la cultura del otro. Se alude a elementos emocionales pero lo único que se busca es poder». 

Más allá del contexto y el conflicto social, se encuentra el ser humano. «Ionesco -asegura Luque- era un existencialista nato... Aunque él no lo supiera. Era un hombre muy analítico, muy reflexivo, muy complejo. Y al mismo tiempo muy sencillo: era un hombre que amaba la Naturaleza, y en ella se sentía en calma. 

 Él se pregunta qué es la existencia. Pero es una pregunta sin respuesta que está en esta función. Los interrogantes aparecen enmascarados en el humor, que es un vehículo increíble para introducir muchas cuestiones. 
En este mundo de impaciencias las preguntas sobre quiénes somos te llevan a callejones sin salida». 

 ¡Deseo que hayáis disfrutado de la función! 



 LO QUE SE HA ESCRITO ACERCA DE LA OBRA 

Con la música de Dios salve a la Reina, un telón semitransparente, donde se ve dibujada la bandera inglesa, va subiendo lentamente. En un salón austero pero majestuoso, desciende, entonces, un gran reloj que marca las doce horas. “Vaya, son las nueve. Hemos comido bien. Sopa, pescado, patatas con tocino, ensalada inglesa”. La mujer, sentada en el suelo con una taza de té, comienza así un relato inconexo y sin sentido, frente a su marido, que lee absorto el periódico en una silla cercana, sin levantar la vista del papel. Palabras y palabras sin sentido y lanzadas al aire, en una imagen perfecta de la incomunicación y del absurdo. Sesenta y siete años después de su estreno en París, en 1950, La cantante calva, primera obra dramática de Eugène Ionesco (Slatina, 1909- París, 1994) y ejemplo nítido del teatro del absurdo llega al Teatro Español, en un montaje dirigido por Luis Luque. 

La obra, con traducción y versión de Natalia Menéndez, actual responsable del Festival de teatro Clásico de Almagro, estará en cartel hasta el próximo 11 de junio. Adriana Ozores, Javier Pereira, Helena Lanza, Fernando Tejero, Carmen Ruiz y Joaquín Climent protagonizan esta historia circular, mezcla impecable de comedia y amargura, producida por el Teatro Español y Pentación Espectáculos. Le tenía muchas ganas Luis Luque (Madrid, 1973) a esta obra cumbre del teatro del absurdo. 

Director de El señor Ye ama los dragones o El pequeño poni, ambas con texto de Paco Bezerra, o la versión de Alejandro Magno, que estrenó el año pasado en el festival de Mérida, Luque asegura que el teatro del absurdo es lo más cercano al contexto real de la sociedad de hoy. “Ionesco, cuando salía a la calle, confesaba que no entendía ni lo que ocurría, ni lo que se decía. Esta misma sensación la tengo yo muchas veces El enigma de nuestra existencia es incomprensible. 

Cuando uno acaba de leer la obra, te invade una sensación feliz pero también amarga. Son escenas cotidianas sobre la incomprensión y la incomunicación de la gente”, asegura el director que se estrena por primera vez en el reverenciado escenario del Español. La intriga planea en este texto ensoñador, sobre el encuentro de dos parejas en un palacete caduco y algo rancio, al que se unen una sirvienta fogosa y disparatada y un bombero en busca de un fuego inexistente. “Es una obra de juegos sin sentido que nos traslada a un mundo de soledad y aislamiento, de parloteo constante, de intento de volver a empezar. En este sentido, es un texto absolutamente contemporáneo”, añade Luque que también resalta el contexto de la Europa devastada de los años cincuenta en el que se estrenó la obra y el actual. “Acababan de sufrir dos guerras mundiales y los movimientos culturales eran muy reactivos. Ahora estamos más adormecidos y alienados, pero la crisis también ha devastado la sociedad y el hombre se encuentra en un lugar caótico y disparatado. 

Ionesco apuntaba ya entonces la aparición de los totalitarismos, algo que tenemos hoy muy presente. Los totalitarismos pueden llegarnos de cualquier lado, de cualquier signo”, explica el director. No se siente especialmente apabullado Luis Luque ante el montaje de La cantante calva, una obra de vanguardia que sigue llenando los escenarios de medio mundo (El Théâtre de la Huchette de París lleva sesenta años representándola ininterrumpidamente). “Es lo mismo que montar un clásico. 

Intento hacer el mismo trabajo honesto de análisis que hago con todo, siempre compartiendo con los actores. No hay que tener miedo a nada. Seguro que hay miles de cantantes calvas mucho mejores, pero ésta es la mía y espero que se valore desde ahí”. La música, elemento fundamental de esta función, obra de Luis Miguel Cobo, va guiando con todo tipo de sonidos del siglo XX esa “no acción dramática de la obra”, aupando, llenando y envolviendo el mundo de ruido y de furor. 
El absurdo de esa cantante calva, que en ningún momento aparece en la obra, provoca la risa más turbadora. Una obra a la que hay que acercarse, dice Natalia Menéndez, sin buscar explicaciones. “De lo que se trata es de sentir algo de asco mezclado con risa”. https://elpais.com/cultura/2017/05/03/actualidad/1493792571_610783.html
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