miércoles, 28 de noviembre de 2018

LOS ÚLTIMOS AÑOS DE CASANOVA de Le Gras y Vèze


Hoy os invito a un delicioso misterio: «un hombre anclado en un tópico». ¿Aceptáis? ¡Gracias! Es sabido que Giacomo Casanova es un ameno compañero de viaje, para reconocer y reconocernos en el siglo XVIII. Pero no solo es un excelente amigo para viajar por ese siglo (que para algunos puede estar en las antípodas de nuestro tiempo, que no lo está) porque Giacomo es una persona de ayer, de hoy y de mañana. Y no debe ser considerado un «hombre anclado en el tópico de la seducción». 

Giacomo es vida vivida: esplendor, riqueza y alegría, miseria, cárcel, exilio, enfermedad, tristeza, desempleo, hambre, humillación y pobreza. Como dicen los eruditos: «Giacomo Casanova, ni mintió en sus Memorias ni es un personaje de ficción». Pero sus Memorias son más de tres mil páginas en dos volúmenes, bellamente editados, y no he sido capaz, de un modo explícito, de invitaros a ellas ¡Os las recomiendo! 

 Sin embargo, y como no podía ser de otro modo, en sus Memorias no lo cuenta todo. Y además, le quedan veinticuatro años de vida. Misterio, misterio y más misterio. Y esos veinticuatro años son parte del misterio que desvelan los casanovistas en «Los últimos años de Casanova», Le Gras y Vèze. 

A decir verdad, la vida de Giacomo, puede resultar envidiable para unos y amoral e ilícita para otros. Pero esos asuntos no me incumben. Cada quien es cada cual. Ahora bien, no es menos cierto que, a todos y a cada uno de nosotros, su vida nos embriaga de una singular curiosidad y de un aroma intenso, un aroma que nos despierta de la inercia falsa y somnolienta, que construimos en torno a los trabajos y los días respetablemente cotidianos. 

 Y es que Giacomo Casanova, siempre se sintió capaz de entretener a la vida. En las peores adversidades supo ponerse manos a la obra. ¡No hubo oficio ni empresa que le fuese ajeno! ¡Espía, embajador, empresario teatral, escritor, traductor, confidente, periodista, aventurero, viajero incansable y un largo etcétera! Frecuentó a los vagos y a los sabios, a los estafadores y a las gentes de bien, a las más viles mujeres y a las más grandes, hizo trampas en cien asuntos sospechosos con ministros, reyes, y cardenales, tanto da! 
Porque bien sabemos, que ese modo de proceder o de enfrentarse al destino no pertenece solo al ayer, no es patrimonio sólo de una época. 

Ahora en «Los últimos años de Casanova» regresa a su Venecia (como Ulises regresó a su Ítaca) pero su Venecia ya no es su Venecia. La Venecia de sus veinticinco años ha perdido la sonrisa. Y el «Reloj da otras horas que ya no lo llaman al amor» Ríe sin ganas, y guarda su indignación para sí… hasta que llega la hora final… Tiene setenta y tres años. Un lobo convertido en pastor, sin intenciones perversas… Contempla a la muerte con la sumisión del que se sabe humano… y por lo tanto conoce que es inevitable… 

 ¡Os deseo que conozcáis al Giacomo Casanova, que se esconde tras el tópico seductor y frívolo! 

 ¡ Porque en la vida y en la muerte, nada es lo que parece! 


 LO QUE SE HA ESCRITO ACERCA DE LA OBRA 

«Giacomo Casanova era tan poliédrico que sigue siendo un gran desconocido anclado en el tópico de la seducción. El veneciano fue mucho más, tanto que no me parece nada osado definirlo como el primer hombre de la modernidad, alma libre que demostró su vanguardismo en sus legendaria Historia de mi vida, donde a lo largo de miles de páginas desgranó su existencia de forma única para su época. Veía el mundo como nadie y eligió una senda digna de ser contada que le llevó de un confín a otro en pleno siglo XVIII comportándose como un Barry Lyndon real, pero con mucha más sustancia intelectual. 

Sus memorias constatan un cambio de paradigma consistente en el modo de contar las cosas, desprovisto de la perpetua solemnidad de entonces y cargado de conciencia del yo volcado en lo cotidiano que es toda singladura. Sin embargo los dos años de trabajo que empleó para escribir su monumento no cubrieron toda su biografía. La Histoire de ma vie concluye bruscamente en 1773, veinticinco años de su muerte el 4 de junio de 1798 en el castillo de Dux, donde ejerció de bibliotecario durante más de una década al servicio del conde de Waldstein. ¿Por qué interrumpió su magna obra en ese instante lejano al fin de sus días? Joseph Le Gras y Raoul Vèze dan respuesta a la pregunta en el libro que acaba de editar Jaime Rosal para la editorial Atalanta. 

Los últimos días de Casanova fue escrito en 1929, y aún tiene vigencia al mezclar una correcta narración de los hechos y reflexiones personales de los autores, pioneros en la devoción por la figura del polifacético hijo de la Serenísima. Venecia. No nos hemos olvidado de la cuestión. Giacomo tiene cuarenta y nueve años cuando ve cumplida su aspiración de volver a su patria. Atrás queda la fuga de los plomos y el vagar por Europa enfrascado entre cortes, aventuras, libros y amoríos. Trieste es la puerta de espera, minúsculo tránsito antes de pisar ese lugar donde el silencio cobra otra dimensión. Pese a ello intuimos que la renuncia a contarnos la sucesión de hechos después de la meta cumplida pueden tener que ver con una sensación de decadencia tras tantos periplos de esplendor entre nombres de rompe y rasga. El Casanova que abraza el retorno no disfrutará de la gloria de antaño, se verá obligado a ejercer de espía para sobrevivir y escribirá informes donde se nota una voluntad de gustar a sus jefes, como si con ese peloteo sintiera que puede prolongar la relación laboral con los dirigentes del Gran Consejo de la urbe adriática, que en cierto sentido con su desconfianza se cobran la burla a la que fueron sometidos por su empleado cuando se fugó de la prisión de los plomos la noche de todos los santos de 1756. 

La precariedad de esta nueva fase veneciana se acrecentará porque deberá luchar para mantener a flote su subsistencia y la de uno de sus últimos amores, una costurera. Parece como si su fiero carácter se hubiera debilitado, como si el vigor que le convirtió en leyenda hubiera desaparecido para generar una personalidad más sumisa, sin ímpetu ni energía. Huele el fracaso, en gran parte porque la inmovilidad que lo ha despojado de su noble nomadismo obstruye lo que fue una gloria siempre en movimiento que volverá a ponerse en marcha tras un turbio asunto donde fue humillado pese a sus buenas intenciones. Quiso ayudar a saldar una deuda, para llevarse una comisión, terminó a porrazos con los implicados y para desquitarse escribió un texto que provocó mil y una habladurías. 

Su atrevimiento había sobrepasado los límites que los gerifaltes consideraban decentes. Le invitaron a abandonar otra vez la agonizante República. En 1783 se despidió de su amada costurera y volvió al ruedo de los viajes. Tenía intención de ir a París y terminó en Viena para ayudar a su hermano. En la capital austríaca entró al servicio del embajador veneciano Foscarini, quien murió en sus brazos víctima de la gota. Tan traumática experiencia le hizo cambiar nuevamente de rumbo. Quiso recalar en Berlín hasta que en Toeplitz se encontró con el conde de Waldstein. Su último destino estaba sellado. Desde 1785 fue bibliotecario en Dux, labor que mostraba cómo ya no podía repetir las gestas de otrora, dándole la posibilidad, desde el aburrimiento que en más de una ocasión le hizo pensar en volver a tomar la carretera, de escribir incesantemente. 

De esa última época datan algunos de sus manuscritos más originales, como el Isocameron, novela de ciencia ficción rococó, y, naturalmente, la Historia de mi vida que ya hemos mencionado varias veces a lo largo de la reseña. Además de la escritura también tuvo tiempo para un último amor epistolar, muy en la línea de una era donde el Werther de Goethe arrasaba y creaba tendencia en todo el viejo Continente. 

Casanova, que se hacía llamar Caballero de Seingalt, predicó en el otoño de su existencia una ideología coherente con sus sueños de instalarse entre la opulencia social del Setecientos. Fue contrario a la Revolución Francesa y asistió desde la lejanía al desmorone veneciano de 1797, cuando Napoleón clausuró la independencia del milagro de la ciudad de los canales. 
A Giacomo, uno de sus hijos preferidos para la posteridad, le quedaban meses de vida, como si su suerte estuviera entrelazada para poner el punto y final de dos excepciones históricas». 

http://revistadeletras.net/lo-que-no-escribio-el-veneciano-los-ultimos-anos-de-casanova-de-le-gras-y-veze/

domingo, 28 de octubre de 2018

LA FUGA DE DIOS de Juan Arnau



Hoy os invito al trino mágico que propone Juan Arnau -uno de mis autores favoritos- en «La fuga de Dios». Soy plenamente consciente de que se trata de una invitación arriesgada y exigente, que dará mucho que pensar ¿Aceptáis el peligro de poner en duda lo comúnmente admitido? ¿Aceptáis llegar al límite? ¡Muchas gracias! ¡Iniciamos la aventura! 

 «La fuga de Dios» es un libro que hemos de disfrutar desde el convencimiento de que somos nosotros mismos el centro del universo. Hemos de disfrutarlo no sólo con el intelecto, que también. Pero poniendo a prueba la ortodoxia, que nos indica, inmisericorde, como hemos de utilizarlo. 

 Es un libro que hemos de dejar que nos acaricie suavemente, hasta despertar nuestras pasiones dormidas. Tras ese despertar de las pasiones, será nuestra propia sensibilidad creativa la que nos procure el abandono en el mundo imaginal y desde allí invocaremos a los dioses para que la Ciencia y el Espíritu, se fundan en un abrazo que nos vincule a un mundo sapiencial humanizado.  
Un mundo donde el pensamiento sea menos atomizado, menos dogmático. Y la conciencia, al fin sin ceguera, un modo de inventar la libertad. 

 Os deseo que, tras la lectura de «La fuga de Dios», no veáis las cosas como son. 

 ¡Os deseo que veáis las cosas según sois! 



LO QUE SE HA ESCRITO ACERCA DE LA OBRA 


 «El más ambicioso y arriesgado de los libros de Juan Arnau. Y no es que los anteriores carecieran de alguna de estas dos cualidades. Pero esta fuga de Dios va mucho más allá porque plantea una enmienda integral a la opción civilizatoria que Occidente hizo suya con la Modernidad y ha ido imponiendo gradualmente al resto del mundo. No es el primer autor que la hace, pero sí uno de los que lo ha logrado de forma más hermosa, persuasiva.» Vicente Bellver, Diario Levante 

«La fuga de Dios resulta un libro pedagógico, estimulante, heurístico para los lectores, y también exigente. Además, la referencia continua a las filosofías orientales, viniendo de este gran estudioso, enriquece el texto y amplía perspectivas. En definitiva, Arnau ha recogido el testigo de diversos autores que nos impelen a vivificar nuestra espiritualidad en fuga, y esta llamada ya es ineludible.» 

 Pilar Benito Olalla, Cuadernos Hispanoamericanos «La fuga de Dios es un precioso manual de historia de la ciencia y de la filosofía, una propuesta que abre esperanza a la participación, la imaginación y la creatividad.» 

Mariano Gistaín, Letras Libres «Arnau nos lleva a un viaje estimulante en torno a qué es de verdad el conocimiento, que va de Darwin a Aristóteles, del rupturista Feyerabend al ordenado Descartes. Y que da mucho que pensar.» Librújula 

«Juan Arnau propone en estas páginas un recorrido por la historia de las actitudes filosóficas y científicas a través de una serie de referencias fundamentales.» Santos Domínguez, Encuentros con las letras «De vez en cuando surgen de vez en cuando figuras transversales que elaboran nuevas estrategias discursivas [...] Juan Arnau es una de esas figuras, con una trayectoria vital lo suficientemente particular como para romper el molde del investigador ortodoxo.» 

 Eduard Aguilar, Alicante Plaza « ¿La conciencia es una mera actividad física del cerebro? ¿El método científico tiene el precio de un extrañamiento sobre nosotros mismos, sobre nuestras emociones? Estas son algunas preguntas para extrañamiento sobre nosotros mismos, sobre nuestras emociones? Estas son algunas preguntas para la conversación con el astrofísico y doctor en filosofía sánscrita, Juan Arnau.» Diálogo y espejo (Rne) 

 ¿Por qué la ciencia y el espíritu parecen no entenderse? ¿Qué problemas plantea un mundo dominado por la técnica? ¿Es posible abandonar las formas de vida deshumanizadas a las que aboca la globalización? La ciencia moderna teme lo inmaterial, pero no siempre fue así. Este libro ofrece una visión inédita y apasionante de la ciencia. Apuesta por recuperar la sintonía entre la visión científica y la espiritual, con la convicción de que el centro del universo se encuentra en cada ser vivo y de que ésa es la geometría, extraordinariamente compleja, del mundo en que vivimos. Hemos abusado de la crítica y la atomización del pensamiento, es hora de profundizar en la empatía, de ver con los ojos del otro. La ciencia puede ser el arte de la simpatía y ello exige una determinada cultura mental. Una participación que asuma que no vemos las cosas como son, sino que vemos las cosas según somos. La fuga de Dios es un libro audaz, claro e incisivo. Una búsqueda de puntos de contacto entre el pensamiento científico y las tradiciones sapienciales de la Antigüedad. Arnau examina con brillantez algunos de los dogmas de la ciencia de un modo ameno y convincente, cuestionando ciertos supuestos de la ciencia oficial y abriendo vías hacia una nueva ciencia, en la que el universo no sea una máquina constituida por materia muerta, la evolución un proceso ciego y mecánico, o la conciencia una mera actividad física del cerebro. Mostrando, en definitiva, que sin esos dogmas la ciencia sería más libre y creativa. 


 Juan Arnau, astrofísico y filósofo, investigador en las universidades de Michigan, Benarés y Barcelona, es autor entre otros libros del Manual de filosofía portátil, finalista del Premio Nacional de Ensayo y el Premio de la Crítica valenciana, («un ensayo fabuloso, magníficamente bien escrito, inteligente, lúcido e inagotable», La Vanguardia) y de La invención de la libertad, libros con los que «está revolucionando el pensamiento español» (El Mundo), ambos publicados en Atalanta.

viernes, 14 de septiembre de 2018

BAJO EL VOLCÁN de Malcolm Lowry



Hoy os invito a un delirio de alcohol en el Día de Muertos de 1938, en México. Y lo hago a sabiendas de que «Bajo el volcán» es una novela enrevesada. Es complicada, confusa, y en algunos momentos hasta tediosa. Nos sentiremos sin rumbo, a la deriva. Tal y como sentimos la guerra… la culpa… la vida… y la muerte… 

La novela está estructurada en doce capítulos, los cuales son en sí mismos una entidad, si bien, a su vez, están vinculados e interconectados. El capítulo VI, para los estudiosos, constituye «el corazón del libro». A decir verdad yo no he hallado ese corazón, ese núcleo. Me he quedado en la ebriedad de su brillantez, como un todo. 

 «Bajo el volcán», como la Tierra, gira sobre su propio eje y al igual que ésta nos lleva cada día y cada año envueltos en sus giros, sin control por nuestra parte, porque no depende de nuestra acción volitiva. La novela hace lo mismo y puede leerse, una y otra vez, sin extinguir en nosotros esa sensación delirante.

 «Es el relato del último día de la vida del cónsul inglés Geoffrey Firmin, que permanece ebrio durante toda la novela, logra que su borrachera y su locura alcancen al lector, quien no encuentra un momento de cordura y serenidad a lo largo de las páginas… »

»Pero el escritor quiere ir más allá con la ebriedad del cónsul: no ha de tomarse como un estado permanente del autor y del protagonista, pues simboliza la ebriedad universal de la humanidad...»  Porque estaba convencido de que «Bajo el volcán» amplía nuestro conocimiento del infierno:  «No hay paz que deje de pagar pleno tributo al infierno…». 

Malcon Lowry dijo que «esta novela se refiere a ciertas fuerzas existentes en el interior del hombre que le producen terror de sí mismo. También se refiere a la culpa del hombre, al remordimiento, a su ascenso incesante hacia la luz bajo el peso del pasado, y a su destino último»

Ya sé que no son tiempos, los nuestros, propicios para detenernos a pensar en lo que nos propone Lowry... Pero por no seguir al rebaño...tal vez por transgredir...  ¡Merece la pena dar un paseo por este  «bulevar de los sueños rotos»!  

Quizás por estar bajo los efectos de un exceso, bajo los efectos de una obra abrumadora; tan esquizofrénica y paradójica como nuestra propia existencia. Podamos entender que el sigilo de la muerte cierta, el sigilo de ese sabernos culpables y perecederos otorgue al sentido trágico de nuestras vidas,  una forma de resistencia trascendente y optimista.

 ¡Os deseo que escapéis de esa cárcel de alcohol trágico, que existe bajo el volcán de nuestras vidas! 

¡Os deseo  que esa embriaguez delirante os permita pelear contra el destino, durante el tiempo que dure lo efímero! 

¡Resistid! ¡No os rindáis! ¡Que la vida es eso…! 



LO QUE SE HA ESCRITO ACERCA DE LA OBRA 

«El Día de Muertos de 1938 es una jornada aciaga para el ex cónsul británico en México, Geoffrey Firmin, un hombre alcohólico, arruinado por los fantasmas de su mente y de su pasado y cuyos oscuros sentimientos de culpabilidad alimentan una soterrada voluntad de autodestrucción. Incapaz de reaccionar al regreso de su ex mujer, Yvonne, el cónsul deja que ella se acerque de nuevo a su hermanastro Hugh, trotamundos implicado en actividades políticas. Y durante las veinticuatro horas en que transcurre la novela, en un México que simboliza al tiempo el paraíso y el infierno terrenales, se suceden alejamientos, malentendidos y encuentros conflictivos, y hasta violentos, con personajes de toda índole. Un funesto augurio un indio moribundo al borde de un camino da la primera señal de alarma. Mientras Geoffrey, cada vez más ensimismado, naufraga lentamente en sus delirios etílicos ante los ojos de Yvonne y Hugh, éstos asisten impotentes a los estragos de su trágica caída». 

http://www.lecturalia.com/libro/17512/bajo-el-volcan

miércoles, 15 de agosto de 2018

EL RUMOR DE LA MONTAÑA de Yasunari Kawabata


Hoy os invito a vivir Japón a través de «El rumor de la montaña» de Yasunari Kawabata (Osaka, 1899-Tokio, 1972). He pensado que esta invitación tenía la calima somnolienta de los días de verano, tan propicios a la calma, por otra parte ineludible para acometer la lectura de una obra sublime: exacta, poética, cristalina, erótica e íntima… ¿Aceptáis? ¡Gracias! 

 En «El rumor de la montaña» no hallareis nada caprichoso, ni gratuito o infundado. Si bien, tampoco existen en ella lo absoluto y definitivo… Y esta forma de vivir en los acantilados del libre albedrío, se me antoja una gran aventura. 

Lo que pensamos…lo que somos… lo que sentimos… El tiempo… que pasa volando desde el presente al pasado y nos deja a la deriva de un efímero futuro… ¡Todo es aventura! Puesto que aunque bien pudiera ser la vida exacta y terminante (según nuestra idea de lo exacto y de lo terminante) nada en nosotros mismos ni en lo que nos rodea es absoluto y definitivo… Esa es la aventura: porque no existe lo perpetuo e inmutable en «El rumor de la montaña»… 

Albergo la esperanza de que tras vuestra permanencia en el Japón de Kawabata, volváis ávidos de belleza y de pasión, que a vuestro regreso (no se regresa de un libro así) vaguéis por los atajos del tiempo y por los senderos de vuestra soledad con la placidez de los sabios… envueltos en  imágenes, sonidos, sabores, colores , aromas… ¡ Atrapados en la aventura del placer y del dolor! 

 ¡Os deseo que vuestras vidas florezcan como las de un loto, tras miles de años de letargo…! 


LO QUE SE HA ESCRITO ACERCA DE LA OBRA

«Una obra maestra del gran Premio Nobel Japonés. Como cabeza de familia, a Osaga Shingo le preocupa la decadencia moral de sus descendientes. Su hijo Shuichi, a quien la guerra ha helado el corazón, está casado con la maravillosa Kikuko, pero le es infiel y tiene un hijo con otra mujer; por otra lado, Fusako vuelve a la casa paterna con sus dos hijos tras haberse divorciado de un marido drogadicto. 

Tanto Shuichi como Fusako creen que su padre es demasiado viejo e interpretan sus silencios como senilidad. Pero, en realidad, el pensamiento de Ogata Shingo sigue activo, repleto de hermosas imágenes, de sonidos de la naturaleza, de aromas, de escenas. Bajo la fina capa de la vida familiar, cada uno de sus miembros vive, en solitario, su drama, luchando en unas ocasiones contra el amor y en otras, contra la muerte. 

El ganador del Premio Nobel de Literatura en 1968 nos deleita con una obra que gira en torno a la soledad, la muerte y la búsqueda obsesiva de la belleza. La obra de Kawabata permanece entre las más altas de la narrativa del siglo XX» http://quelibroleo.com/el-rumor-de-la-montana.

lunes, 2 de julio de 2018

BAJO EL SOL DE SATANÁS de Georges Bernanos



Hoy os invito a «la trampa de Tucídides». Os invito a una lucha antigua, entre el Bien y el Mal; os invito a las delicias y dificultades, también antiguas, de comprender y explicar el mundo. Un mundo, que cada generación hacemos nuestro y lo descontextualizamos, como intentando, no sin cierta soberbia, apostillar que nuestra «aportación» será única y mejor que la anterior. ¡Profético fracaso! 

 Para esta invitación he rescatado, con toda intención, la novela : «Bajo el sol de Satanás» de Georges Bernanos, publicada en 1926, un escritor católico inscrito en lo que han dado en llamar, algunos estudiosos, los «albores del existencialismo», muy frecuentado en mi época de joven estudiante de Filosofía y Letras. 
 El Bien y el Mal, es desafiado, con absoluta maestría, en esta novela, mediante las concretas formas de Dios y de el Diablo, la luz y las tinieblas: los opuestos. Esa dicotomía de la que estamos hechos, con una costilla de más o de menos, o sin aludir a costilla alguna, tanto da. 

Naturalmente todo gira en torno a lo que es bueno o malo; que es, en esencia, la lucha fratricida y chapucera que el ser humano libra, inexorablemente, dentro y fuera de sus confines, como un modo burdo y fraudulento de «autoengaño imprudente». 

 Y es que el asunto del consenso interior/ exterior, siempre me ha parecido tan macabro como peligroso. Forja, la mayoría de las veces, pensamientos en masa que se dan la razón a sí mismos y se creen en posesión de la única Verdad y del Bien. El Mal, anida en los que no son de la misma opinión y se enfrentan a él, no ya con la palabra cínica e inmoral (que también) pero sobre todo con el impresentable y persistente uso de la fuerza armada. Y hoy como ayer... ¡Caemos en la «trampa de Tucídides»! 

 Así que Bernanos en «Bajo el sol de Satanás», se me antojó una invitación de integración para limar prejuicios apocalípticos, que todos negamos tener... Pero como dicen por la tierra de Benedetti: «por las dudas»... 

 Y es que la duda, al cabo, es más humilde y sabia. Es poseedora, si se quiere, de una «ambición más paciente» y por ello menos temeraria. Me apasiona sentirla como una convergencia táctica, que nos permite ser y estar en la cruda realidad con una actitud repleta de divertidos relatos, sean estos en prosa o en verso. 

 ¡A nadie pueden molestar nuestras dudas, por muy dios que sea! 

 ¡Os deseo, bajo cualquier sol, el beneficio de la duda! 




LO QUE SE HA ESCRITO ACERCA DE LA OBRA 


 «Puede resultar chocante para nuestra mentalidad actual que haya autores cuya lucha existencial, librada a través de la escritura, se haya decantado por una vertiente religiosa. Sin embargo, el Bien y el Mal, temas muy frecuentados por la literatura, también pueden ser encarados mediante las figuras de Dios y el Diablo, la luz y las tinieblas, los lados opuestos e irreconciliables. Georges Bernanos (1888-1948) fue un escritor católico que ahora apenas se lee, pero que en su momento encabezó lo que podríamos llamar los albores del existencialismo, si bien en su faceta espiritual. Bajo el sol de Satanás (1926) fue la novela en la que vertió sus ideas de forma más redonda y clara. El hecho de que se trate de una novela de ambiente religioso no debe suponer un rechazo por parte del lector no creyente, sino bien al contrario, es sugestiva la manera que el autor tiene de abordar la crisis existencial mediante el vehículo de la ficción, de forma que nos encontramos ante una obra maestra precisamente por su difícil filiación católica, que a cualquier otro escritor se le hubiera ido de las manos, convirtiendo la novela en mero panfleto. La obra tiene tres partes diferenciadas aunque muy coherentes entre sí. Comienza de una forma extraña, en principio muy alejada de las tesis que más tarde se defenderán, pero que resulta necesaria para entenderla posteriormente. 

Será la historia de una muchacha de 16 años, Mouchette, que queda embarazada de un noble provinciano arruinado, famoso por sus correrías con las mujeres. Hay que advertir desde el principio que la tesis de Bernanos -donde figura muy presente el pesimismo existencial del autor tras la Gran Guerra- viene a decir que el Diablo campa a sus anchas entre el ser humano y que solo personas de una gran fuerza moral serán capaces de enfrentarse a esa omnipresencia del Mal en todos los avatares de la realidad. Ello se comprueba en la reacción de tres personajes frente al embarazo de Mouchette: su padre, nuevo rico cervecero que está dispuesto a enfrentarse a quien haya dejado embarazada a su hija, buscando más la ventaja económica que la reparación moral; el noble mujeriego, que trata de quitarse de encima a la muchacha de manera bien artera; y un médico republicano, dirigente del pueblo y amante secreto de la muchacha de manera bien artera; y un médico republicano, dirigente del pueblo y amante secreto de la muchacha, que responde con pusilanimidad ante los hechos consumados. El resultado de estas elusivas actitudes será la soledad de Mouchette, adolescente enfrentada a una vida que nadie está dispuesto a compartir y que llevará a la muchacha a una derrota mental, también establecida por los demás. 

En la segunda parte de la novela, desaparece esta historia para adentrarnos en otra bien diferente: la de un cura de pueblo, viejo, materialista y resignado, que debe hacerse cargo de un joven sacerdote recién salido del seminario, Donissan, que será el verdadero protagonista de la novela. En este caso nos encontraremos ante la oposición entre veteranía y bisoñez, entre quien ya ha entendido en qué consiste la vida y quien aún la tiene entera por delante para descubrirla. La antítesis se hace aún más relevante cuando comprobamos que el joven cura trata de entregarse a los demás, no solo con el alma, sino también con la fuerza de sus músculos, ayudando allá donde se le requiere y desplegando una actividad física agotadora en la que encuentra su particular redención del pecado. Será este concepto, el del pecado, el que aparecerá continuamente en la novela, lógicamente como encarnación del Mal. El viejo sacerdote, entregado ya a los placeres materiales que le puedan deparar su corta vida, se enfrenta al Mal a través de la enseñanza católica, de los libros y de la experiencia del confesionario. 

No es casual que en casi todas las escenas en las que aparece, el viejo esté sentado o tumbado, en lo que viene a demostrar una actitud pasiva en su modo de entender la religión y el apoyo a los demás. Donissan quiere llegar más allá: se ve con fuerzas para estar al lado de sus feligreses, lleva dentro la llama viva de la compasión y la solidaridad, pero nada de esto sería importante si un hecho no llega a aparecer en su vida: en un momento determinado, comprueba que puede desdoblarse de sí mismo, que puede verse como otra persona y, es más, puede ver a los demás fuera de su cuerpo, como si su alma pudiera estar presente delante de sus ojos. Como queda patente, se trata de un hecho milagroso que rápidamente pone en conocimiento de su canónigo tutor. La ortodoxia se enfrentará a la heterodoxia, la realidad al milagro, y será en estos momentos cuando la novela ofrezca una serie de diálogos jugosos y vivos entre dos generaciones y dos maneras de pensar que dará mucho que pensar al lector. El problema residirá en que Donissan acepta ese hecho milagroso como algo consustancial con su forma de ser. De hecho, casi lo ha buscado, porque antes de que se le presentara el milagro él había buscado la redención a través del dolor y la penitencia, del latigazo en la espalda, de la vida espartana, de la negación de su propio yo para encontrarse con alguien más allá de sí mismo. De alguna manera, esa facilidad que tiene para desdoblarse es la forma especular que el cura tiene de verse fuera de su cuerpo pecador, puro e intacto. Será entonces cuando de nuevo aparezca Mouchette, la joven pecadora, ya perdida en sus desvaríos mentales, en la que Donissan va a encontrar una pureza tal que sus consejos hacia la chica la llevará a un final demoledor. Es cuando vemos este final cuando empezamos a comprender que detrás de los milagros de Donissan puede estar agazapado Satanás, como bien le advierte desde un principio el canónigo al joven cura. 

 El resto de la novela, o su última tercera parte, será la lucha de Donissan por encontrar un sentido a su peculiaridad, ya investido sacerdote de un pequeño pueblo donde comparte su vida con otro cura, ex-químico y realista, que no puede terminar de creer los milagros de su compañero. Finalmente, en el orgullo residirá el quid de la cuestión: es evidente que Donissan puede hacer milagros, pero ¿debe hacerlos? ¿Quién le impulsa a trastocar la realidad, la mera naturaleza de las cosas? Bernanos va más allá y nos invita a pensar que en esta manera de querer extraer el Mal de la realidad quizá esté el mismo Satanás, el gran infractor. Hay un momento en la novela que no debe perderse el buen lector: el momento en que Donissan va a hacer un milagro. Lejos de la hagiografía al uso, vemos al hombre, mortal y pequeño ante tamaño empeño, enfrentarse con lo que es sobrehumano, el esfuerzo que supone transgredir todas las leyes lógicas, el tormento que es para el santo ser santo». Bajo el sol de Satanás. Georges Bernanos: El límite de las fuerzas Publicado por: José Luis Alvarado http://www.cicutadry.es/georges-bernanos/


 «Como complemento a las tesis existencialistas que se apuntan en esta reseña, queremos proponer la lectura del artículo de Ricardo Gullón, Bernanos y el problema del mal. Entendemos que, más allá de los datos biográficos o literarios, para extraer de determinados escritores toda su riqueza hay que entender su pensamiento o, en todo caso, aquello que desea aportar a la cultura. Queremos con ello rendir un homenaje al francés Georges Bernanos que, pesar de su actual olvido, colaboró en el crecimiento de la corriente humanista que surgió tras el desastre de la Gran Guerra y que vertebró buena parte de la ideología que el siglo XX ha podido aportar a la civilización».
Bajo el sol de Satanás. Georges Bernanos: El límite de las fuerzas Publicado por: José Luis Alvarado http://www.cicutadry.es/georges-bernanos/

viernes, 1 de junio de 2018

EL MUNDO CONOCIDO de Edward P. Jones


Hoy os invito a una copa del vino de la ironía ¿Aceptáis? Gracias. El sabor del vino de la ironía no es algo ajeno a la historia de la humanidad ni a la naturaleza del ser humano. Con todo, tal vez se nos haya pasado por la cabeza, alguna vez, que una ley es capaz de obrar milagros y hacer buen vino de una «cepa enana». Pues no, esas ideas son placebos de poca monta. ¡Y lo sabemos! 

Las leyes tienen autor, denominación de origen. Y los autores/ legisladores tienen intenciones... Además, el tema de los milagros y las leyes se me antoja tan complejo como el de los dioses y los vinos... 

Vamos, pues, a adentrarnos en «El mundo conocido», dado que esa es la copa de vino a la que os he invitado: el vino de la ironía. 

 ¿La esclavitud quedó abolida? ¿Es agua pasada que no mueve molino? Por favor, obviar las respuestas rápidas, típicas y tópicas; saboreadlas... Porque Edward P. Jones, nos muestra en su novela «El mundo conocido» la esclavitud que ejercen los libres e iguales entre sí: los negros con los negros, pero también (y sin que suponga un esfuerzo de abstracción titánico) las mujeres con las mujeres, las mujeres con los hombres y viceversa, los blancos con los blancos, etcétera, etcétera, etcétera... 

Los mercados de esclavos están por doquier...Ser amo, parece una aspiración loable... sin dejar de ser una perversión... Ser amo de un semejante, a cualquier precio... ¡Porque precio tiene!

Sí, es una sátira en toda regla que se nutre de jurisprudencia y leyes no escritas en código o texto legal alguno del mundo llamado: civilizado. Pero esas acciones -amo/ esclavo-, son perfectamente reconocibles en el ADN de cualquier «fulano de tal». 

 Al leer la novela de Jones, el «fulano de tal» tiende a mirar para otro lado, echa los ojos hacia aquel otro tiempo, hacia algún lugar lejano donde él no ha estado (como dejando claro que aquella barbarie, la de la esclavitud, no es asunto suyo) y continúa horrorizándose con el horror de «los otros» ¿Trata, al cabo, de curar una «herida narcisista»? ¡Sea! 

 ¡Pero una cosa es la «herida narcisista» y otra la idiocia! 

¡Lo que Jones señala en la novela es la supina ironía de encontrarnos con «un negro amo», tras haber sido «negro esclavo»...! 

Y, entonces, el vino al que os he invitado adquiere el sabor de la ironía/ vinagre, con denominación de origen... ¡Mal asunto! 

 ¡Cuidaos de los mercados de esclavos! 



LO QUE SE HA ESCRITO ACERCA DE LA OBRA 

 «Apuesta arriesgada del jurado del Pulitzer, 2004, galardonando a un autor que, con anterioridad al título premiado, cuenta tan sólo con una colección de relatos, Lost in the city, publicada hace más de dos décadas. Y arriesgada también por premiar una novela con un argumento, el de la esclavitud, tratado “a priori” desde mil perspectivas distintas. Pero tal vez las posibles aproximaciones al tema fueran mil y una y esa “una” es la recreada por Jones: la esclavitud de los negros por los negros. En el denominado período “an-te-bellum” sureño se producía -de forma excepcional- una perversión histórica de primer orden. 

Algunos esclavos negros que habían comprado su libertad se convirtieron en “amos” de otros esclavos ésta es la situación que recrea Jones. El protagonista es Henry Townsend, antiguo esclavo, que, como antes consiguiera su padre, ha obtenido la libertad. Su intención es ser un “amo ejemplar”; pero la esclavitud tiene sus propias reglas y los consejos de su antiguo amo Robbins lo “reconducirán” por el camino correcto. éste sería el hilo conductor; sin embargo, la multitud de personajes que pueblan las páginas con sus historias relegan a un segundo plano su importancia estructural. Así, conocemos la historia del amo Robbins, enamorado de una esclava negra, o la de Moses, el primer esclavo de Henry. 

 Los logros de la novela son numerosos. Merece la pena destacar la habilidad de Jones para ficcionar la historia... aunque tal vez se trate de lo contrario. Los tempranos temores de una excesiva influencia de Tony Morrison se disipan rápidamente; en ocasiones creemos escuchar ecos de Faulkner, pues ese “mundo conocido”, el Condado de Manchester en Virginia, guarda interesantes paralelismos con el Yoknapatawpha faulkneriano. 

Prácticamente toda la acción transcurre en el mismo espacio geográfico; convencionalismo alterado al referirnos al componente temporal, sometido a una concienzuda manipulación que encuentra su coherencia en los últimos capítulos. Lo que Jones parece intentar demostrar es la aberración que supone la esclavitud. 

 Hay anécdotas a lo largo de toda la novela. Una de éstas tiene que ver con el problema que se planteó en el mercado de esclavos cuando tras un otoño especialmente duro “muchos blancos se resfriaron”; así que estudiaron la posibilidad de construir un cobertizo, “Pero Dios fue generoso al otoño siguiente y todos los días fueron perfectos para comprar y vender esclavos, y ni un alma dijo nada acerca de construir un lugar permanente, tan excelente había sido el tejado que el propio Dios había proporcionado para el mercado.” (pág. 20). Sarcasmo en estado puro». 
 JOSÉ ANTONIO GURPEGUI | 22/12/2004 | http://www.elcultural.com/revista/letras/El-mundo-conocido/10998

jueves, 10 de mayo de 2018

LA MONTAÑA MÁGICA de Thomas Mann





Hoy os invito a echar una ojeada al tiempo, ese bien escaso, esencia absoluta de lo que somos, que nos lleva en volandas por las callejuelas de nuestras aparentes vidas eternas. Os invito al tiempo, porque apenas le prestamos atención, pese a no ser nadie sin él. 

¿Qué somos sin tiempo? ¡No tengo la más remota idea! Apenas podría contestar a lo que somos con tiempo... Así que para deleitarnos con este bien, el más escaso de todos, he pensado que invitaros a «La montaña mágica» de Thomas Mann, sería una buena idea. 

 Sí, no he de negarlo, es un tocho ( son más de mil páginas.) A decir verdad, yo me salté unas cuantas ( de este libro y de otros), pero me asombró como llegó a perseguirme el tiempo (o yo a él) durante su lectura. ¡Fue una loca y fascinante persecución de película! 

Nos adentramos ( para la aventura de ojear al tiempo) en un sanatorio para tuberculosos en Davos, Suiza, unos años antes del comienzo de la Gran Guerra y allí transcurre la acción, encerrados en un lugar, apartado del mundo, donde habitan la enfermedad, el amor, los rumores, los chismorreos y la muerte... En definitiva, nada nos es ajeno. Pero con ser importante la trama, no es lo esencial... 

 Sí, ya sé que os puede parecer que mi invitación huele a naftalina; enredados como estamos en este siglo de desasosiego analfabetonúmerico de afectos, palabras e ideas, donde el tiempo se devora en la monótona virtualidad de lo concreto y de lo inmediato, con medias palabras de Whatsapp y melodías gregarias. ¡Es lo que hay! 

 Estamos en una nueva era: la informática ( o digital, como dicen los cursis y los entendidos) Bien, pues como se trata tan solo de una invitación, en nada quedáis obligados. 
Entiendo que mil páginas, densas, no merecen perderse el penúltimo «(#) tuiter-twitter», del amigo de la mesa de al lado o de la amiga de Siberia, tanto da. 

 En «La montaña mágica» el tiempo se toma su tiempo, porque todo y nada puede suceder... La prosa es rica y contiene ideas que nos hacen pensar... nada fáciles... pero si apasionantes... muy apasionantes... 

 A los invitados que han aceptado el reto de las mil páginas ( toda una maldad por mi parte) les deseo que vivan el tiempo ( suyo es) de puntillas, sin pararse a mirar la hora. 

 ¡Entre otras cosas porque se detendrán los relojes (los de cuco también) aunque el sanatorio esté ubicado en Suiza! 

¡Sed felices fuera y dentro del tiempo! 





 LO QUE SE HA ESCRITO ACERCA DE LA OBRA 

 Creo que, a estas alturas de mi vida, podría haber confeccionado una pequeña pero apañada biblioteca compuesta por todos los fragmentos de libros que me fui saltando mientras leía, páginas y páginas que me resultaron plúmbeas o inconsistentes y por las que simplemente crucé a paso de carga hasta alcanzar de nuevo una zona más sustanciosa. 
La novela es el género literario que más se parece a la vida, y por consiguiente es una construcción sucia, mestiza y paradójica, un híbrido entre lo grotesco y lo sublime en el que abundan los errores. 
En toda novela sobran cosas; y, por lo general, cuanto más gordo es el libro, más páginas habría que tirar. Y esto es especialmente verdad respecto a los clásicos. Axioma número uno: los autores clásicos, esos dioses de la palabra, también escriben fragmentos infumables. Quizá habría que definir primero qué es un clásico. 
Italo Calvino, en su genial y conocido ensayo Por qué leer los clásicos, lo explica maravillosamente bien. Entre otras observaciones, Calvino apunta que un clásico es "un libro que nunca termina de decir lo que tiene". Cierto: hay obras que, como inmensas cebollas atiborradas de contenido, se dejan pelar en capas interminables. Otra sustanciosa verdad calviniana: "Los clásicos son libros que, cuanto más cree uno conocerlos de oídas, tanto más nuevos, inesperados, inéditos resultan al leerlos de verdad". Guau, qué agudo y qué exacto. Y una sola observación más: "Llámase clásico a un libro que se configura como equivalente del universo, a semejanza de los antiguos talismanes". 
Chapeau a mi amado Calvino, que ha conseguido a su vez convertir en clásico este bello ensayo que uno puede leer y releer interminablemente. Los clásicos, pues, son esos libros inabarcables y tenaces que, aunque pasen las décadas y los siglos, siguen susurrándonos cosas al oído. ¿Y por qué la gente los frecuenta tan poco? ¿Por qué hay tantas personas que, aun siendo buenos o buenísimos lectores, desconfían de los clásicos y los consideran a priori demasiado espesos, aburridos, ajenos? Axioma número dos: respetamos demasiado a los clásicos, y con ello me refiero a una actitud negativa de paralizado sometimiento. 

Yo no creo que haya que respetar los libros. Hay que amarlos, hay que vivir con ellos, dentro de ellos. Y pegarte con ellos si es preciso. Discutía el otro día con un amigo escritor sobre La montaña mágica de Thomas Mann, una obra que mi amigo recordaba como un auténtico tostón. Sé bien que el gusto lector es algo personal e intransferible, y que lo que lees depende mucho del momento en que lo lees. Pero me cuesta entender que La montaña mágica le pueda parecer a alguien un ladrillo, porque es un texto moderno, sumamente legible, hipnotizante. Una especie de colosal cuento de hadas (o de brujas) sobre la vida. El título no engaña: es una montaña mágica en donde suceden todo tipo de prodigios. La gente ríe bravamente frente a la adversidad, calla cosas que sabe, habla de lo que no sabe, ama y odia y, de la noche a la mañana, desaparece. Esa montaña que representa la existencia, permanentemente cercada por la muerte, es el escenario del combate interminable de los enfermos, que luchan como bravos paladines medievales o escogen olvidar que van a morir. 
La vida es una historia que siempre acaba mal, pero nos las apañamos para no recordarlo. https://elpais.com/diario/2010/05/01/babelia/1272672752_850215.html
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