lunes, 11 de septiembre de 2017

LA CONDICIÓN HUMANA de André Malraux


Hoy os invito a una lamentable masacre. Lamentables lo son todas. Ésta, la masacre de Shanghái de 1927, es una más de las que llevamos los seres humanos sobre nuestras espaldas. En esos tres días que duró la masacre de Shanghái hubo una aniquilación. 
De nuevo la sinrazón tomó la batuta y la orquesta, gregaria y obediente, la obedeció al pie de la letra. 

«La condición humana» escrita por André Malraux en 1933, logra una simbiosis magistral acerca del antagonismo existente entre el capitalismo y el comunismo. En aquel otro tiempo de principios del siglo XX, esta cuestión iniciaba su experimento. 

A decir verdad cuando leí la novela me detuve más en las reflexiones filosóficas, tal vez por deformación o porque el experimento de los regímenes políticos que se planteaba en la novela ya habían arrojado suficientes resultados... 

Sea como fuere, lo cierto es que esa mezcla de «soledad frente al destino, dignidad ante la adversidad, solidaridad con los desfavorecidos y ansia de transcendencia», fue lo que me hizo asidua de círculos de debate. 

En ellos tuve la fortuna de profundizar, con personas sabias, acerca del enigma de la condición humana; y mi espanto se espantó de sí mismo. Hecho éste que le vino muy bien a mi orgullosa ignorancia. 

Finalmente estaba en situación, después de todo, de admitir la alegría y el terror de ser y de existir. He de resignarme y confesaros que fue sumamente difícil. Pero, al cabo, me gusta lo difícil…y el asunto de la condición humana me sigue teniendo atrapada… 
Pero, atrapada, con una condición suficientemente humana: trato, pese al horror y las masacres y los desmanes, de vivir una vida humana. 

 ¡Deseo que os dispongáis a vivir vidas humanas! 


 LO QUE SE HA ESCRITO A CERCA DE LA OBRA 

 «La novela narra un episodio de la guerra civil china, que enfrentó desde 1927 hasta 1949, al partido Kuomintang dirigido por Chiang Kai-shek, con el Partido Comunista Chino, aliados hasta entonces en su objetivo de consolidar la unidad de la República China frente a los llamados señores de la guerra. 
El episodio en el que concentra la novela es la llamada masacre de Shanghái, de abril de 1927, en la que el ejército de Chang Kaï- Chek, incitado por los representantes de las potencias europeas con fuertes intereses económicos en China, detienen y ejecutan a los obreros y sindicalistas encuadrados en el Partido Comunista, que habían tomado en su poder la ciudad de Shanghái. 

Esa guerra civil culminaría en 1949 con la llegada al poder de Mao Tse Tung y la consiguiente instauración de la República Popular China y el exilio de su oponente a la isla de Taiwán. André Malraux había pasado algunos años en el extremo Oriente (especialmente en Indochina, pero también en China) en la década de los años veinte. Fruto de esa experiencia vital fue la que se conoce como “trilogía asiática”, formada por las novelas Les conquerants / Los conquistadores (1928), La voie royale / La vía real (1930) y la que nos ocupa, La condition humaine / La condición humana (1933)»

miércoles, 9 de agosto de 2017

ARCHIPIÉLAGO GULAG I de Alexandr Solzhenitsyn


Hoy os invito a examinar un documento de archivo. Os invito a un ejercicio saludable. Admito que «Archipiélago Gulag» de Solzhenitsyn, al ser un monumento a la verdad, a la verdad cruel de los «campos de trabajo» puede resultar denso y asfixiante. Cuando lo leí, hube de tomar tiempo para respirar… Y, aún así, hasta el aire me parecía obsceno. 
 Se trata de un libro autobiográfico y descarnado. Solzhenitsyn fue detenido por opinar diferente… fue detenido y llevado a un «campo de trabajo» desde 1945 a 1956 por atreverse a pensar… Y pese a ello, pudo contarlo minuciosamente para que no olvidáramos… para que no se volviera a repetir… 

Obtuvo el Nobel en 1970, pero su persecución no cesó y hubo de exiliarse. Al cabo, había contado al mundo la verdad del infierno que construyen los hombres aferrados «a su» verdad: ¡la mentira del pensamiento único! 
Por tanto os invito a examinar un documento de archivo, autentico y fiable, en él hallareis miedo, dolor, frío, hambre y muerte; elementos todos, con los que los regímenes totalitarios enmudecen cualquier discrepancia acerca de su verdad única y absoluta. 

 El libro me lo regaló un amigo, allá por la década de los años ochenta del pasado siglo, fue un regalo «envenenado» que, sin embargo, me ayudó a comprender la libertad; sí, esa libertad de la que tantos de nosotros disfrutamos en el día a día y que no alcanzamos a otorgarle una naturaleza inviolable. 
Incluso, a veces, la despreciamos y nos sumamos a una retahíla de gregarismo e idiocia indolente. Y, cabe preguntarse, nos adherimos a ese tedio... ¿para ir dejando pasar la vida y el tiempo en el seno de un «bienestar», deplorable y absurdo? No, debe de haber algo más… 

Tras la lectura de «Archipiélago Gulag» mi repulsa hacia aquellos que pisotean los derechos humanos (que ya existía en mi conciencia) despertó sentimientos de aborrecimiento. Y es que la injusticia, que nos relata Solzhenitsyn, es de tal calibre que no queda en la persona nada con lo que poder defenderse… 

¡Os deseo que opongáis resistencia a los profetas del pensamiento único! ¡Es un ejercicio saludable! 
¡Lástima que este tipo de ejercicios no se hagan «virales» en las «redes sociales», ni estén presente en las pasarelas de moda…! 

¡Os deseo que creéis «tendencia» a favor de la libertad! 


LO QUE SE HA ESCRITO ACERCA DE LA OBRA 


«Archipiélago Gulag era el nombre de la red de campos de internamiento y de castigo soviéticos donde fueron recluidos millones de personas durante la segunda mitad del siglo XX. En este monumental documento, Solzhenitsyn, que estuvo confinado en uno de esos campos, reconstruye minuciosamente la vida en el interior de la industria penitenciaria en tiempos de la Unión Soviética. Con este primer volumen, al que le siguen dos más, se inicia la traducción íntegra, por primera vez en nuestro idioma, de este legendario testimonio –redactado entre 1958 y 1967– que estremeció los cimientos del totalitarismo comunista. La traducción se ha realizado a partir de la edición de 1980, revisada y ampliada por el autor, y considerada por él la definitiva. Este primer tomo recoge las dos primeras partes («La industria penitenciaria» y «Perpetuum movile») de las siete que componen este relato del horror que vivieron millones de personas». 

Alexandr Solzhenitsyn (1918, Kislovodsk, Cáucaso del Norte-2008, Moscú) estudió ciencias en Rostov y en 1942 fue enviado al frente. En 1945, detenido por «delitos de opinión», fue internado hasta 1956 en un campo de trabajo, donde vivió gran parte de la experiencia relatada en Un día en la vida de Iván Denísovich (Andanzas 677) y en Archipiélago Gulag (Tiempo de memoria 47/1-3). Rehabilitado, volvió a tener graves problemas a partir de 1967. Pese al Premio Nobel, concedido en 1970, su situación se agravó hasta el punto de que, en 1974, fue expulsado de la URSS. Tras veinte años de exilio en Estados Unidos, volvió a Rusia, donde murió. Además de las obras citadas, Tusquets Editores ha publicado sus novelas El primer círculo y Pabellón de cáncer (Andanzas 175 y 193), así como sus textos Cómo reorganizar Rusia y El «problema ruso» al final del siglo XX (Ensayo 14 y 25). Los dos relatos del presente volumen, que ofrecemos en una nueva traducción a partir de la versión definitiva del autor, y con un iluminador epílogo del traductor, se basan en sendas historias reales, convertidas, gracias a la maestría narrativa de Solzhenitsyn, en dos pequeñas joyas literarias. https://www.planetadelibros.com/libro-archipielago-gulag-i/202624

miércoles, 12 de julio de 2017

EL DESIERTO DE LOS TÁRTAROS de Dino Buzzati


Hoy os invito a transitar por un desierto en el interior de una fortaleza militar. Os invito a vivir o revivir «El desierto de los tártaros» (Buzzati. 1940). Es, por tanto, una invitación para valientes o para aguerridos guerreros. Para personas, al cabo, que no teman enfermar de tiempo, de silencio ni de melancolía. 

Porque, a decir verdad, no sabemos muy bien adónde vamos… ni lo que vamos a encontrar… tal vez sea un viaje sin retorno… un laberinto… una emboscada… corremos el riesgo de perdernos o desaparecer… 
¿Aceptáis la invitación? ¡Gracias! ¡Nos ponemos en marcha! 

 El desierto de Buzzati, en el interior de la Fortaleza, nos cautiva con el ímpetu de un huracán. El paisaje es árido, obscuro, de un silencio ensordecedor y claustrofóbico. Nos impresiona la vastedad del silencio…Porque advertimos que el silencio es el dueño y señor de la Fortaleza… La vida de Drogo, el protagonista, que viaja con nosotros, transcurre por el interior de la ruinosa y abandonada Fortaleza Bastiani. 

Sus muros son inextricables. Nuestra espera es larga, a prueba de desesperanza. Vamos al encuentro de un acontecimiento que jamás llega. La ausencia del enemigo en el horizonte, nos arrebata la motivación por continuar. La reclusión se nos antoja eterna y carcelaria. El miedo, el extrañamiento, el desarraigo y la soledad, que se aloja en nosotros, nos hacen encontrarnos como «en una tierra extranjera, en un mundo duro e ingrato» 

 Nos asalta la duda y el deseo de huida, pero optamos por quedarnos en la Fortaleza. Después nos asalta la ansiedad y la frustración, pues nuestras expectativas se han visto defraudadas ante la inutilidad de la espera en silencio… siempre el silencio… la desilusión… el desengaño… y, de nuevo, el silencio a voz en grito y la obscuridad… 

«El río del tiempo pasa sobre la Fortaleza, agrieta las murallas... precipita las vidas de quienes esperamos en el Fuerte a que no pase nada…». 

 «Entre tanto el tiempo corre, su latido silencioso mide la vida, no podemos ni parar un instante, ni siquiera para echar una ojeada hacia atrás. ¡Párate! ¡Párate!, quisiéramos gritar, pero comprendemos que es inútil... 
Todo huye, los hombres, las estaciones, las nubes; y de nada sirve agarrarse a las piedras, resistir en lo alto de un escollo; los dedos cansados se abren, los brazos se aflojan inertes, nos arrastra de nuevo el río, que parece lento pero jamás se para…» 

Nos invade un exhaustivo inventario de melancolía. Y en esos momentos somos plenamente conscientes de que nuestro largo y penoso éxodo está desanudándonos de nuestra vida previa al viaje, de su silencio enorme, que nos ahogaba lentamente… nos estamos desamarrando de esa vida anterior, rutinaria y monótona, que nos mataba, nos asesinaba… 

 ¡Despertamos! 

Todo ha sido un sueño… o tal vez no… 




LO QUE SE HA ESCRITO ACERCA DE LA OBRA 


« La fascinación que ejerce en los lectores El desierto de los tártaros de Buzzati es indisociable del espacio y de la atmósfera creados en esta novela. Este trabajo estudia los elementos que configuran ese laberinto de tiempo que es la fortaleza Bastiani, y a los “enfermos” que por él transitan, como un paradigma contemporáneo de locus melancholiae. La novela de Buzzati construye, quizá mejor que ninguna otra novela del siglo XX, un escenario simbólico difícilmente superable en la representación de la tragedia de la vida humana». 

EL DESIERTO DE LOS TÁRTAROS: UN PARADIGMA DE LOCUS MELANCHOLIAE. BEGOÑA ALONSO MONEDERO. IES Venancio Blanco

domingo, 11 de junio de 2017

LA VIDA INSTRUCCIONES DE USO de Georges Perec


Hoy os invito a una novela-puzzle. Os pido permiso para dedicar esta novela a un invitado de honor. ¿Permiso concedido? Gracias por vuestra amabilidad. A decir verdad la tenía reservada para él desde que la leí, hace muchos años. 
Es un hombre joven que un día fue un niño al que, entre otras y variadas aficiones, le deleitaba hacer puzzles. Ahora comienza uno de los puzzles más importantes de su vida… y, tal vez, estas «instrucciones de uso» le sean útiles para armonizar la vida y la felicidad, ese «imposible necesario» del que nos habla, magistralmente, Julián Marías. 


En la novela «La vida instrucciones de uso» que George Perec publicó en 1978, nos dice que «la verdad última del puzzle: a pesar de las apariencias, no se trata de un juego solitario: cada gesto que hace el jugador de puzzle ha sido hecho antes por el creador del mismo; cada pieza que coge y vuelve a coger, que examina, que acaricia, cada combinación que prueba y vuelve a probar de nuevo, cada tanteo, cada intuición, cada esperanza, cada desilusión han sido decididos, calculados, estudiados por el otro». 

 Si el hombre joven, invitado de honor de estas líneas, tiene en cuenta esta premisa, no sería de extrañar que pudiese ser el autor-creador de su propio puzzle, de su propia vida… Le animo a ello… 

Sé que en París culminó otro puzzle importante de su existencia… Y la novela comienza en un antiguo edificio parisino entre los pisos tercero y cuarto del número 11 de la calle Simon–Crubellier, del barrio de la Plaine Monceau. 

 Parece que las piezas van encajando… 

 En la novela-puzzle de George Perec, se relatan más de un centenar de historias diferentes, no todas relacionadas con personajes del edificio. Estas historias acontecen entre los años de 1833 a 1975. Hasta aquí todo puede habernos sucedido, estar sucediéndonos y/o sucedernos en el futuro… 

Las piezas siguen encajando… 

 Algunas de estas historias están vinculadas con la historia principal de la novela, la de Percival Bartlebooth, un multimillonario «que ha organizado su vida en torno a los rompecabezas, y que para llevar a cabo su proyecto ha recorrido el mundo y recurrido a varios otros habitantes del edificio…». 

 Cada capítulo es una pieza del puzzle… El invitado de honor de estas líneas, sabe y ama la música… Y en el capítulo 2 tenemos un piano… 
 «…El salón de la señora de Beaumont está casi enteramente ocupado por un gran piano de concierto, en cuyo atril se puede ver la partitura cerrada de una famosa canción americana, Gertrude of Wyoming, compuesta por Arthur Stanley Jefferson…» 

Las piezas siguen encajando… 


 ¡Le deseo, al invitado de honor, y os deseo a todos y a cada uno de vosotros que finalicéis, como autores, el puzzle de vuestras vidas! 



 LO QUE SE HA ESCRITO ACERCA DE LA OBRA 


«Considerada desde su aparición como una obra maestra y se le concedió el prestigioso Premio Médicis. Con los años su importancia no ha dejado de crecer. Así, esta obra maestra inclasificable de la que se ha dicho que es un compendio tan enciclopédico como la Comedia de Dante o los cuentos de Canterbury de Chaucer, y, por su ruptura con la tradición, tan estimulante como el Ulises de Joyce- fue galardonada como la mejor novela de la década 1975-1985 en la encuesta realizada por Le Monde en el salon du livre de 1985.entre la primera idea de la novela y su realización transcurrieron nueve años. Perec hablaba así de su proyecto: en otra ocasión afirmaba que efectivamente, cada capítulo se parece a un fragmento de un gigantesco, fascinante puzzle, cuyo epicentro lo constituye una casa parisina de la calle Simon-Crubellier: Cada pieza del puzzle es un capítulo y lleva una indicación sobre sus inquilinos de hoy y de ayer, reconstruyendo los objetos, las acciones los recuerdos, las sensaciones, las fantasmagoría. Siguiendo el orden sabiamente entretejido por Perec, asistimos a la formación de un microcosmos construido por una serie de vivencias, una prodigiosa concatenación de existencias, de vida vivida o simplemente soñada». http://www.quelibroleo.com/la-vida-instrucciones-de-uso

lunes, 15 de mayo de 2017

LA ESPUMA DE LOS DÍAS de Boris Vian



Hoy os invito a un libro controvertido. No tuvo éxito entonces, 1947, ni parece que en nuestros días, los «entendidos», le otorguen un veredicto absolutorio. A mí, sin embargo, me hizo pasar unas horas deliciosas. Y ahora que tengo un “blus compartido”, lo he releído y me ha procurado toda suerte de hermosas e inesperadas sensaciones... 
Tal vez sea zafia su prosa, tal vez no tenga “el nivel” de otros autores coetáneos. ¿Y qué? Quizás así lo quiso su autor, al que la vida lo dejó a medio vivir. 

Afloran en esta novela, como en tantas otras, tres formas de amor: el amor loco, el amor imposible, y el amor físico. Denuncia, asimismo, las inhumanas condiciones del trabajo, en donde los trabajadores se nos presentan como si fueran máquinas. No en vano el jazz está omnipresente en la novela. Las ciénagas, el ambiente húmedo de los bayous de Luisiana, cuna del jazz, es la cuestión que, entre líneas, pretende pasar de lo real a lo irreal. Líneas a donde llegan remesas de esclavos… 

Las estaciones marcan un tiempo impreciso, manejable... Al cabo, ¿a quién de nosotros no le pasa el tiempo de este modo? ¿A quién de nosotros el jazz no le produce efectos de gritos de libertad, de dolor de esclavitud? 
El jazz hemos de escucharlo con el corazón y con los pies y no con la cabeza, y eso lo consigue Boris Vian, con su prosa de absurdos extraños y sus tiempos a destiempo. 

También  está presente el elemento religioso en contraposición a «los espirituales negros». Mas no se sumerge en las convicciones personales. Estas pertenecen al mundo sensible, interior e intimo de las personas y las respeta. 
No. Boris Vian en «La Espuma de los días» critica magistralmente a la religión- institución, mediante una boda y un entierro. Durante la boda, la Iglesia se afana en conseguir dinero. En el entierro el propio Jesucristo cobra vida y pregunta al personaje el porqué de no haber dado más dinero para el entierro. 
Es la crítica a una institución, no a una creencia. Y lo hace con un humor desigual, entre lo irónico y lo absurdo de lo real- irreal. 

Denuncia el culto a la cultura y al ego de la personalidad que es reverenciada como culta, a través del personaje de Jean-Sol Partre. ¿Quién de nosotros no sufre, o ha sufrido en algún momento, el hartazgo de las doctas opiniones de los «sabios oficiales»? 

Os propongo abandonar los prejuicios durante la lectura de «La Espuma de los días», tal vez escuchar el piano del ragtime y las bandas ambulantes de Boris Van os otorgue un estado de idílica espontaneidad. 

Sí, como el jazz, tal vez Boris Van pretendió no ser leído por indicación de los sapientes, no ser copiado ni afamado, tal vez quiso producir un efecto de implicación- interpretación, distinto en todos y en cada uno de aquellos que se acercaran a la novela...  

¡Os deseo que os impliquéis en la espuma de vuestros días! 

¡Somos los intérpretes de los mejores blues de nuestras vidas! 





LO QUE SE HA ESCRITO ACERCA DE LA OBRA 



 «A medio camino entre la fantasía surreal y la novela, La espuma de los días es un relato brillante y cargado de imaginación que narra dos historias de amor paralelas y el final de los sueños y la inocencia. Envueltos en las nubes irreales de su amor, los protagonistas dan la espalda al mundo real, que no obstante, no tardará en llegar a buscarles. Y las consecuencias de la exposición a la frialdad de la realidad sobre su amor no tardarán en salir a la luz. Repleta de fantasía y humor, página tras página La espuma de los días es una novela amena y profunda al tiempo, cargada de connotaciones que trascienden a su, en principio, ingenua pulsión. Está escrita con la brillantez de la fantasía y la inspiración, de manera efectiva y divertida». http://www.lecturalia.com/libro/24781/la-espuma-de-los-dias 


 «El lector que se introduce en esta novela se encuentra directamente enfrentado al juego de las inversiones que subyace en la intención global: en un universo absurdo y extraño, el narrador presenta a un personaje particularmente banal e indefinido, por lo que el resumen también aparecerá como superficial. La novela se centra en el personaje de Colin, que "cuenta con una fortuna suficiente para vivir convenientemente sin trabajar para otros"; un amigo llamado Chick, que no tiene esa suerte, ya que al ser ingeniero, es muy pobre (¡al contrario que los obreros!). El tercer personaje masculino es el cocinero de Colin, Nicolás, que se enamorará de Isis, una amiga de Colin. Un día, Chick conocerá a Alise, una chica pariente de Nicolás. Colin, celoso, también quiere conocer a una chica y se enamora de Chloé tras una fiesta. Se casa con ella y regala parte de su dinero a Chick para que se case con Alise. Chloé enferma: le crece un nenúfar en el pulmón. Para curarla, Colin le compra flores y la envía a la montaña. Cuando regresa, ya no está el nenúfar, pero sólo puede utilizar uno de los pulmones. Colin busca un trabajo para poder comprar flores, pero entonces Chloé vuelve a enfermar, le afecta al otro pulmón. Su casa se va empequeñeciendo y es cada vez más triste y oscura, a pesar de los desvelos de su pequeño ratón gris con bigote negro para que todo quede como estaba. Como Chick ama más a Partre que a Alise, ésta mata al filósofo con "El arrancacorazones", nombre que Vian utilizará en su siguiente novela, y quema las librerías cercanas a su casa, pero muere entre llamas. Mientras tanto, la policía mata a Chick por no pagar los impuestos. Chloé muere y tiene que ser enterrada como los pobres. Colin, decepcionado y triste piensa en el suicidio...» http://www.lecturalia.com/libro/24781/la-espuma-de-los-dias

domingo, 23 de abril de 2017

EL FÚTBOL A SOL Y SOMBRA de Eduardo Galeano



¿Qué tal un partido de fútbol de puño y letra? Sí, ya sé que soy lega en la materia y que os estoy invitando sin conocimiento de causa. Pero algunos de vosotros sois concienzudos conocedores de este deporte e hinchas muy documentados. Y, además, si vamos al estadio con Eduardo Galeano y su "Fútbol a sol y sombra" (1995), nadie saldrá ileso. 

Tuve ocasión de comprobarlo en Uruguay, hace ya algunos años, y fui hincha "celeste" sin tener ni idea. Sí, sí, me contagié de ese «nosotros» de los hinchas y tragué el veneno de la derrota y el éxtasis de la victoria abrazada a desconocidos «nosotros», y durante aquellos minutos padecí una enfermedad, una enfermedad que remitió cuando la cancha quedó sumida en el vacío de la expectación pretérita. ¡Fue sublime! Porque, en efecto, no hay nada menos vacío que un estadio vacío... «El reino de la lealtad humana ejercida al aire libre» 

¿Aceptáis la invitación? ¡Pues adelante! ¡Nada de prejuicios! ¡Nada de violencia! ¡Rindamos homenaje al fútbol! «A esa música del cuerpo, fiesta de los ojos, y también una de las estructuras de poder y uno de los negocios más lucrativos del mundo». Negar este extremo sería necedad. 

No puedo, en esta ocasión, invitaros con recuerdos o apasionamientos técnicos. Alguna que otra vez he estado en un estadio de fútbol, pero para desquicio de los que lo vivís y lo conocéis y lo amáis, no se detuvo mi sensibilidad en el resultado ni en las jugadas... no supe. Y me quedé colgada de la policromía de la masa y del gregarismo, en la alegría de los unos frente al llanto de los otros... en el manicomio de los fanáticos, en la religión donde no hay ateos y en algunas otras cuestiones de pan y circo, que Galeano se encargó de aclararme. 

 Os pido disculpas a media voz. No debí aceptar tales invitaciones... ¿o tal vez sí...? La curiosidad siempre me traiciona. Ya os he adelantado (y algunos lo sabéis de sobra) que no tengo ni idea de fútbol. Sin embargo, el libro lo leí y me entusiasmó, me divertí y reflexioné, tanto como con otros libros de Galeano. Y en la cancha puedo llegar a sentir el "nosotros" del dorsal número 12. 

¡Por tanto, si tengo ocasión asisto a un partido de fútbol!  

Os paso el balón, porque hoy jugamos "nosotros", los números 12, con una jugada en forma de pregunta-respuesta que nos regala Galeano: 

«¿En qué se parece el fútbol a Dios? En la devoción que le tienen muchos creyentes y en la desconfianza que le tienen muchos intelectuales...» 

 ¡Disfrutad de la jugada!  



LO QUE SE HA ESCRITO ACERCA DE LA OBRA 


«En este libro sorprendente, uno de los mejores escritores uruguayos actuales nos hace el regalo de una divertidísima historia del fútbol diseminada en cápsulas breves, en las que saltan cientos de anécdotas, recuerdos y consideraciones llenas de humor y de ironía. Desde la indumentaria de Zamora hasta la efedrina de Maradona, nada escapa a este hincha del Nacional que se da gusto contando chistes y recordando también los dramas y las tragedias del deporte más universal. Cuando era niño, Galeano quería ser jugador de fútbol, pero sólo jugaba bien, y hasta muy bien, mientras dormía. Uno de los libros más personales de su autor». http://www.lecturalia.com/libro/15001/el-futbol-a-sol-y-sombra 

HE SELECCIONADO ESTE CAPÍTULO

                                               EL HINCHA
 « El hincha una vez por semana, el hincha huye de su casa y asiste al estadio. Flamean las banderas, suenan las matracas, los cohetes, los tambores, llueven las serpientes y el papel picado; la ciudad desaparece, la rutina se olvida, sólo existe el templo. En este espacio sagrado, la única religión que no tiene ateos exhibe a sus divinidades. Aunque el hincha puede contemplar el milagro, más cómodamente, en la pantalla de la tele, prefiere emprender la peregrinación hacia este lugar donde puede ver en carne y hueso a sus ángeles, batiéndose a duelo contra los demonios de turno. 

Aquí, el hincha agita el pañuelo, traga saliva, glup, traga veneno, se come la gorra, susurra plegarias y maldiciones y de pronto se rompe la garganta en una ovación y salta como pulga abrazando al desconocido que grita el gol a su lado. Mientras dura la misa pagana, el hincha es muchos. 

Con miles de devotos comparte la certeza de que somos los mejores, todos los árbitros están vendidos, todos los rivales son tramposos. Rara vez el hincha dice: «hoy juega mi club». Más bien dice: «Hoy jugamos nosotros». 

Bien sabe este jugador número doce que es él quien sopla los vientos de fervor que empujan la pelota cuando ella se duerme, como bien saben los otros once jugadores que jugar sin hinchada es como bailar sin música. 

Cuando el partido concluye, el hincha, que no se ha movido de la tribuna, celebra su victoria; qué goleada les hicimos, qué paliza les dimos, o llora su derrota; otra vez nos estafaron, juez ladrón. Y entonces el sol se va y el hincha se va. Caen las sombras sobre el estadio que se vacía. En las gradas de cemento arden, aquí y allá, algunas hogueras de fuego fugaz, mientras se van apagando las luces y las voces. 

El estadio se queda solo y también el hincha regresa a su soledad, yo que ha sido nosotros: el hincha se aleja, se dispersa, se pierde, y el domingo es melancólico como un miércoles de cenizas después de la muerte del carnaval».

viernes, 24 de marzo de 2017

LECCIONES DE LOS MAESTROS de George Steiner


Me adentré en la Primavera, hace unos días, disfrutando de la vida, viviéndola, pensándola y sonriéndole, naturalmente en buena compañía. Recorrimos lugares alegóricos y trepamos a las sabidurías y a los magisterios goyescos y cervantinos. Es sana costumbre hacer sencillas las cosas. Al cabo, en esas pequeñas cosas se hallan los maravillosos secretos que separan un mapa de un botín. 

 Por tanto hoy os invito a pasear, en volandas, por la inestabilidad, no solo meteorológica, de esta estación tan elogiada y ensalzada por poetas, cantautores, músicos, pintores y escritores. Os invito a una convulsión reflexiva. Y para ello me ha elegido (todo un honor para mí) George Steiner y sus «Lecciones de los Maestros» ( Siruela. 2004) 

 Os invito a entrar en el Delfos que me legaron mis Maestros. De tal modo que advertiréis que esa es la razón última por la que sigo jugando con las «cosas serias», a fin de vivir con plenitud y poder conocer sin fronteras ni apriorismos. 

 Este libro es «una reflexión sobre una dualidad que acompaña a la recepción de la tradición y de la cultura: la formada por el maestro y el discípulo. Lo que en principio se presenta como un ensayo de corte histórico va dando pie, en especial durante los primeros capítulos, a consideraciones muy pertinentes sobre el hermoso arte de enseñar». 

He sido afortunada, lo he de confesar, porque he tenido Maestros que no hubieran podido ni querido (por tratarse de un imposible) cobrar todo lo que me enseñaron. Porque lo que me transfirieron no tiene precio. ¡Sí, sí, las cosas importantes no tienen precio! «¿Cómo es posible pagar por la transmisión de sabiduría, de conocimiento, de doctrina ética o de axiomas lógicos? ¿Qué equivalencia monetaria o patrón de cambio se puede establecer entre la sagacidad humana y la entrega de la verdad, por una parte, y unos honorarios en metálico, por otra?» 

 «Para Steiner «La auténtica enseñanza es una vocación. Es una llamada». El maestro es, en tantas tradiciones, alguien que merece ser venerado, porque en sus manos está la capacidad de entregar a la siguiente generación un testimonio lleno de sentido. De ese modo, el maestro es tal no en virtud de un contrato o de un sueldo, sino por una verdadera vocación que, como el profeta, responde a la citación con un «¿Por qué me llamas, qué quieres que haga?» y que a menudo se interpreta como un peso, invariablemente como un gran encargo».

 Un Maestro es aquel «que pone una obsesión en el camino de sus alumnos». 

 ¡Así fueron mis Maestros! 

¡Disfrutad de la obsesión dentro de Delfos! 





 LO QUE SE HA ESCRITO ACERCA DE LA OBRA 

La última obra de George Steiner se titula Lecciones de los maestros —Siruela, Madrid, 200 —. Se trata de una reflexión sobre una dualidad que acompaña a la recepción de la tradición y de la cultura: la formada por el maestro y el discípulo. Lo que en principio se presenta como un ensayo de corte histórico va dando pie, en especial durante los primeros capítulos, a consideraciones muy pertinentes sobre el hermoso arte de enseñar. Como es lógico, el camino empieza con los griegos, y enseguida se centra en la posición de la sofística, la escuela en la que se dio por primera vez de un modo sistemático la presencia del maestro, la docencia como modo de vida y fuente de transmisión. 

Con los sofistas, como ya denunciaba Platón por boca de Sócrates, aparece el peligro de la corrupción: quien cobra por enseñar, ¿será capaz de seguir siendo independiente en la exposición de sus conocimientos, o acabará adaptando lo que dice a la complacencia inmediata de sus oyentes, es decir, de quienes le pagan? «¿Cómo es posible pagar por la transmisión de sabiduría, de conocimiento, de doctrina ética o de axiomas lógicos? ¿Qué equivalencia monetaria o patrón de cambio se puede establecer entre la sagacidad humana y la entrega de la verdad, por una parte, y unos honorarios en metálico, por otra?» (p. 23). Parece contradictorio que el maestro, iluminador del camino del discípulo, le pueda presentar factura. Eso es degradante, es risible. 

Señala Steiner que quizás haya que matizar: en el campo de las artes, de las artesanías, de los saberes técnicos, tiene sentido cobrar por enseñar, pues a fin de cuentas lo que se trata es de dotar de las destrezas precisas para ejercitar un oficio, un modo de desenvolverse en la vida, en el mundo del trabajo, mercado, negocio. Puede ocurrir así con la matemática aplicada, con la ejecución musical, aunque quizás no con su composición (¿escribió Bach lo que compuso por ser un asalariado? ¿Mozart para llenar un puchero? Parece que no). 

No sucede así en cambio con el material filosófico, ético o cognitivo. ¿Qué vale la reflexión kantiana sobre la síntesis a priori o la doctrina aristotélica del motor inmóvil? Cuando vemos a Wittgenstein alejarse camino de su cabaña noruega podemos intuir que la actividad del auténtico filósofo no tiene nada que ver con los índices de impacto de las revistas científicas, ni con la aplicación práctica (la patente) de (a modo de ejemplo) las investigaciones filosóficas. Aunque también se puede suponer que si no cobran es porque no lo necesitan, por estar cubiertos por el mecenazgo, por una institución que cuida de ellos, por la fortuna familiar (Steiner cita bajo este supuesto a Schopenhauer). 


Los hombres normales dependen en cambio de la mensualidad de la nómina, y por lo tanto deben enseñar bien en una universidad (con lo que supone de trabajo académico que asegura que se valore la propia tarea aunque suponga «renunciar al árbol verde de la vida»), bien en una escuela secundaria (impartiendo materias que no son las suyas, que no les interesan; con la atención puesta más en la disciplina que en el cultivo de la verdad; con la decepción repetida ante la apatía del alumnado o la violencia). De algo hay que vivir, aunque, ¿no supone la presencia de esa necesidad una traición al significado esencial de la tarea que se tiene entre manos? En este punto Steiner muestra toda la brillantez de su percepción sobre la labor del educador: «La auténtica enseñanza es una vocación. Es una llamada». El maestro es, en tantas tradiciones, alguien que merece ser venerado, porque en sus manos está la capacidad de entregar a la siguiente generación un testimonio lleno de sentido. De ese modo, el maestro es tal no en virtud de un contrato o de un sueldo, sino por una verdadera vocación que, como el profeta, responde a la citación con un «¿Por qué me llamas, qué quieres que haga?» (p. 25), y que a menudo se interpreta como un peso, invariablemente como un gran encargo. Ahora bien, el don supone responsabilidad: hay que hacer fructificar los propios talentos, más en la medida en que han sido recibidos no para el enaltecimiento propio sino con el fin de mejorar lo que nos rodea. En ese sentido se puede decir que un verdadero profesor ha tomado unos votos, ha ejecutado un juramento hipocrático, que le hace responsable de quienes pasen por su aula, por sus manos (como el alfarero forma el barro, él da formación a los alumnos), sin poder conformarse con las barreras propias de los horarios, convenios, rutinas y sueldos. ¿Decir esto es idealismo? Probablemente, pero esta vez avalado por Steiner (y por Sócrates, Platón, Séneca... hasta nuestros días). 

«Enseñar con seriedad es poner las manos en lo que tiene de más vital un ser humano. Es buscar acceso a la carne viva, a lo más íntimo de la integridad de un niño o de un adulto. U n maestro invade, irrumpe, puede arrasar con el fin de limpiar y reconstruir» (p. 26). A la contra, el falso maestro lleva a cabo una tarea devastadora, como la lleva la reducción utilitarista del saber (hacer cosas, ¿comprenderlas?, ¿comprenderse?), la mediocridad de miras o la desesperanza porque se supone que del mundo nada se puede cambiar, que así de mal está todo, y se piensa que llenar de ilusiones de conocimiento la cabeza de los jóvenes lleva a una corrupción mayor que la que consigue la presencia cotidiana de lo erótico, de lo gris, de la violencia. «La mala enseñanza es, casi literalmente, asesina y, metafóricamente, un pecado. Disminuye al alumno, reduce a la gris inanidad el motivo que se presenta. Instila en la sensibilidad del niño o del adulto el más corrosivo de los ácidos, el aburrimiento, el gas metano del hastío. Millones de personas han matado las matemáticas, la poesía, el pensamiento lógico con una enseñanza muerta y con la vengativa mediocridad, acaso subconsciente, de unos pedagogos frustrados» (p. 26). 

Lo desalentador del caso podría ser constatar cómo esta situación es lo corriente, la norma de conducta. Quizás haya más artistas geniales que maestros, que buenos profesores. Encima los primeros pueden llegar a contar con el reconocimiento de la sociedad, del mercado (centenario de Mozart, de Cervantes, Chaplin o Picasso). Los segundos realizan en cambio una tarea en la que no cae en la cuenta casi nadie: los padres quieren conocer las notas medias, no lo que han aprendido sus hijos; los adolescentes aceptan como debido a ellos, como algo natural, cualquier servicio, incluso el lujo impagable de la enseñanza viva; los colegas no es raro que se dejen llevar por la envidia o la murmuración; en fin, el mismo profesor cae en la apatía cansada de quien lleva demasiados años experimentando que se encuentra solo, o por su calidad docente le viene como reconocimiento el mayor de los horrores, un cargo de gestión o directivo, que le aparta de la tarea en la que precisamente había alcanzado esa infrecuente excelencia. Steiner no es optimista, si bien sabemos que no se aleja de la realidad: «La mayoría de aquellos a quienes confiamos a nuestros hijos en la enseñanza secundaria, a quienes acudimos en busca de guía y ejemplo, son unos sepultureros más o menos afables» (p. 27). No tienen pasión, no la transmiten, no la pretenden. Prefieren compartir la mediocridad, «no "abren Delfos" sino que lo cierran». 

Y sin embargo hay excepciones, y resulta que escondidos profesores o profesoras de enseñanzas medias, una promoción tras otra (aunque a veces el fracaso pueda ser total) logran que alguno de los muchachos o muchachas que pasan por sus manos despierten al don que poseen, que duerme en ellos. U n maestro es aquel «que pone una obsesión en el camino de sus alumnos», logrando transmitir la invitación a que piensen por sí mismos, a que afronten de verdad la vida desde la perspectiva de una personalidad propia, no masificada, «prestándoles un libro, quedándose después de clase, dispuestos a que vayan a buscarlos» y, yo añado, decididos a ir en su busca. En esta perspectiva la enseñanza se convierte en una vocación, en una realidad hermosa. Y la presencia de estas ideas basta para agradecer a George Steiner la publicación de su libro. JAVIER ARANGUREN Publicadoen Humanidades, Educación | discípulo | educación | enseñar | maestro | sabiduría July 2006 - Nueva Revista número 106 http://www.nuevarevista.net/articulos/lecciones-de-los-maestros

sábado, 18 de febrero de 2017

PORQUE PARECE MENTIRA LA VERDAD NUNCA SE SABE de Daniel Sada



Hoy os invito a seiscientas páginas endiabladamente difíciles de leer: «Porque parece mentira la verdad nunca se sabe» de Daniel Sada (1999) Por tanto se trata, en apariencia, de una invitación al exilio de los libros. Es una invitación que encierra, no lo negaré, una pequeña dosis de provocación paradójica: os invito a un libro y os conduzco al abandono de su lectura. 

Mas nada ha de asombrarnos, se lee poco o nada. No tenemos tiempo... A decir verdad somos los actores de un esperpento en el que pareciera que se deseara ejecutar al tiempo... Matarlo de aburrimiento con explicaciones analfabetas alfabetizadas, rápidas, obvias, concretas, informáticas, virtuales y técnicamente mediocres. 

 Pero Daniel Sada es la antítesis de lo vernáculo, de lo irreflexivo, del alfabetismo funcional sea éste virtual o no. De reprocharle algo a Sada, le reprocharía todo: escribir una novela genial donde el lenguaje inutiliza a la trama y a los personajes, donde el heroísmo de un novelista no deja hueco para el cretinaje, pues su tema es «la prosaica inutilidad de tantos empeños ciudadanos...» 

Y Sada logra escribir una novela política sin ideología... y sin política..., donde las segundas intenciones morales o punitivas, realistas o mitofágicas están ausentes... 

Naturalmente leí la novela en México. No estoy segura de haberla podido leer alejada de aquel infierno, que era el lugar de los hechos: todo ocurre durante los largos, oscuros y anodinos años del imperio del fraude electoral en México. 

Desconozco si cometí una locura, propia de ignorantes, al irrumpir en el apoteósico mundo de las palabras de Sada. No os ocultaré que varias veces estuve a punto de abandonarla, de saltarme párrafos, páginas, capítulos. Mas las palabras me sobornaban... 

 «Ay de aquel que no habla a solas ni siquiera a campo abierto. Ay de aquel que se emborracha con sus principios morales y les da vueltas y vueltas y no se ríe de sus vueltas» 

¡Dad vueltas y reíd! 

 Acaso lo más cercano a lo real es lo que debió ser y no lo que fue... 




LO QUE SE HA ESCRITO ACERCA DE LA OBRA 


 [...] Daniel Sada no puede rehuir la responsabilidad de haber escrito la novela más endiabladamente difícil de la literatura mexicana. Impone la feroz soberanía del lenguaje al grado que, más que desear lectores, los invita al exilio. La verosimilitud de ese infierno mexicano, acaso el único escrito este fin de siglo, está más allá del fin y de los medios, de la política y de la ética, al manifestarse en un concierto casi insoportable de palabras, palabras sometidas a todas las acepciones y las declinaciones, donde sólo la apariencia es vernácula, pues estamos ante la más "artística" de las prosas. Antes del romanticismo, el arte era esencialmente un método. En ese sentido hablo del arte de Daniel Sada, que sólo a él le pertenece, intransferible, sadeano. Creo que el crítico Ricardo Pohlenz lo definió mejor que yo: [...]Purista exacerbado, Sada se atiene a tan meticulosa tarea como joyero, se dedica a sacar brillo de los tedios y opacidades de las tramas mínimas de un villorrio remoto: los hombres comunes, con sus anhelos y mezquindades, sin mayor trascendencia que sus hálitos, sus miedos, su lugar en el entramado de los hechos, dado como una reivindicación (debemos decir resurrección) de lo moderno. [...] Afanado, captura al vuelo luces y desvaríos, vidas y milagros: tan despiadado como dicharachero, lúcido en un discurso que trenza habla popular con figuras barrocas, hace encomio de enseñanzas y moralejas, a la manera de Cervantes o Rabelais, con sobrentendidos que victiman prebendas y jerarquías. (El Ángel, suplemento cultural de Reforma, 4/VII/1999.) 

El reproche más cómodo sería censurar su extensión. Pero hacerlo exigiría demostrar que había otra economía formal factible para escribir esta novela. Y Daniel Sada tuvo tanta necesidad de sus seiscientas páginas como la tuvieron, al extenderse, Gertrude Stein en Ser norteamericanos, Thomas Wolfe en El tiempo y el río o Faulkner en tantas de sus parrafadas, para no hablar de José Lezama Lima o de Joao Guimaraes Rosa, sus maestros más directos. La extensión es el nervio de la retórica de Sada, capaz de asegurarnos que "vamos a adelantar un poco el tiempo, como si efectuáramos un viaje apócrifo, pero sólo con la mira de ver a vuelo de pájaro la retahíla de sucesos acaecida", es decir, que la cantidad de escritura será inversamente proporcional a la sucesión nimia de los hechos, y la materia novelesca requiere, como lo dictó Joyce, de dilatar hasta su exterminio el tiempo real. El fraude electoral en Remadrín, pueblucho del norteño estado de Capila en una república llamada Mágico, podría atraer al lector ávido de realismo mágico, receta actual del didactismo folclórico. La trampa de Sada, en cambio, nos enjaula en una realidad dominada por un rigor becketiano donde la trama y sus personajes, atentamente construidos, pierden toda escatología. Si habría que reprocharle algo a Sada, habría que reprocharle todo: escribir una novela donde el lenguaje inutiliza a la trama y a los personajes, donde el heroísmo de un novelista no deja cháchara para el cretinaje, pues su tema es la prosaica inutilidad de tantos empeños ciudadanos. Porque parece mentira la verdad nunca se sabe, novela cuya traducción a otra lengua sería un reto titánico, narra las malandanzas de un cacique, la aventura de los querellantes y de los esbirros entre la represión y la muerte, sus destierros fugaces en los Estados Unidos, los cadáveres en las cajuelas de los carros, la espera de un padre maldecido en el no-destino de Salomón y Papaías, sus hijos desaparecidos. Todo ocurre en la monotonía atroz de un viaje por el desierto durante los largos, oscuros y anodinos años del imperio del fraude electoral en México. Pero en nuestra literatura, la de La sombra del caudillo (1929) y de La muerte de Artemio Cruz (1962), Daniel Sada logró una hazaña retórica: escribir una novela política sin ideología... y sin política, donde las segundas intenciones morales o punitivas, realistas o mitofágicas están ausentes. La vesania convoca a las palabras y éstas se lamentan como un aullido de campesinos viejos, como aquellos que en el desierto de Coahuila se abrazaban en círculo para entonar el lúgubre cardenche. Ante ese canto hermético, sólo la constancia del oído permite la comprensión del valor sapiencial, desprovisto de pedagogía, que esta obra maestra ocultará al impaciente, como cuando se escucha la plegaria: "Ay de aquel que no habla a solas ni siquiera a campo abierto. Ay de aquel que se emborracha con sus principios morales y les da vueltas y vueltas y no se ríe de sus vueltas" 

O cuando Sada considera que: La culpa era el correlato de un castigo que si bien podría no ser sino idea o deseo que se prolonga y al cabo se desvanece, quedando así establecido que en principio para nadie sería fácil encontrarlo y capturarlo y, por ende[...] un inocente vislumbra las tragedias de este mundo como una triste ocurrencia si no de Dios, sí de El Diablo, o de los dos que, borrachos, hacen un pacto "por mientras" si no a lo tonto, sí rápido, en un sitio indefinido; y hasta se sienten amigos, pero no, o ¿qué decir? Porque parece mentira la verdad nunca se sabe es una novela tan importante como lo fue Al filo del agua (1947), de Agustín Yáñez. Mientras leía esa semejanza me asustaba, tanto por el ¿ingrato? olvido al que reducimos a Yáñez, como por la facilidad con que las conquistas extremas de Daniel Sada (Mexicali, 1953) serán digeridas por su heredad, que será inevitablemente más "artística" que metódica, más romántica que novelesca. 
Nosotros ya olvidamos las exigencias propuestas por Yáñez, porque Revueltas y Rulfo las tradujeron y las sublimaron. Y cerrando ese ciclo, Sada aparece como un autor que nos vuelve a arrancar de toda comodidad, en un fin de siglo donde reina, aun en las mentes más rigurosas, la tentación de la novela didáctica. Se nos recuerda, durante la proeza sadeana, que vivimos para escapar infructuosamente de esas sordas parvadas de pajarracos que sobrevuelan Remadrín, las palabras. 

 Ante cada uno de mis fastidios y de mis incomprensiones, la palpitación de la obra maestra me sobornaba. Tenía que ver la trama de esa palabrería como quien se empeña en mirar al sol con los ojos. Cuando quedé felizmente enceguecido, las tinieblas, con otras formas y colores, ocuparon el vacío y apareció el sentido. Ese gran lector de la tradición de la novela que es Daniel Sada me conmovió, rendido, ante el poder de su arte. 
Él, menos que nadie, podía olvidar la suprema eficacia de un final perfecto. Ahuyentados por un ejército de fantasmas, Trinidad y su esposa huyen de Remadrín hacia un verdadero hogar. Dejan clavado en la puerta un recado, indicándoles a sus hijos, desaparecidos políticos, dónde los esperan, porque están ciertos de su retorno. Si Pedro Páramo escenificó la fulminación del padre, medio siglo después Daniel Sada certifica la fuga sin fin de los hijos, condenados a errar tan muertos como esas palabras que les dieron vida y que vuelan por los desiertos en ese recado destinado a palidecer, empresa del lenguaje al fin y en principio [...] Christopher Domínguez Michael. http://www.letraslibres.com/mexico/libros/porque-parece-mentira-la-verdad-nunca-se-sabe-daniel-sada

martes, 24 de enero de 2017

EL FIN DE LOS SUEÑOS de Gabriella Campbell y José Antonio Cotrina


Hoy os invito a un libro de dos, un libro escrito a cuatro manos. Sí, ya sé que hay obras para piano interpretadas a cuatro manos (casi siempre por dos niñas repeinadas para la ocasión y ante personas adultas) obras, al cabo, aprendidas con la exactitud de la obligación tediosa. ¡Un tostón! Pero no me refiero a esa clase de escenografía de salón decimonónico ¡No! 

 Os invito a una manifestación de saber, saber hacer y saber estar. A una manifestación de dos... Me gustan las entregas de dos... Las vidas de dos... Los trabajos y los días de dos... 
A los autores los conozco. Los jóvenes, y no tan jóvenes, de mi familia, siguen a José Antonio Cotrina. Y a Gabriella Campbell la persigo, desde hace años, como editora, correctora, lectora y escritora ¿Acaso alguien no la sigue? 

 La cuestión es que os invito al «Fin de los Sueños», que es esa obra que llega, magistralmente, hasta donde los dos se ha propuesto que llegue. Y Campbell y Cotrina, lo consiguen. 
Nos provocan «un insomnio a dos», que más allá de adentrarnos por los vericuetos anestésicos de la locura, despiertan una «revolución onírica», que nos reclama, a su vez, hurgar en la fascinación y en el horror, de nuestra olvidada sensibilidad... 

Nos proponen hacerlo a golpes de monstruos (muy de Cotrina) a fin de rescatar nuestros propios sueños con sus pesadillas. No tomarlos prestados. 
Apartarnos de aquello y/o aquellos que nos obligan a dormir un sueño perverso, ancestral, rutinario, necesario y estéril. 

Atreveos! La «peste onírica» no comportará un problema para la Salud Pública, o tal vez sí... 

Disfrutad de la magia! 



LO QUE SE HA ESCRITO ACERCA DE LA OBRA

 «Ya no es necesario dormir más. En Ciudad Resurrección, tras la revolución onírica, lo que en un principio estaba destinado a hacer a los soldados perfectos y siempre alertas, se extendió a la población, donde se empezó a experimentar con esta tecnología. Pero a pesar de eliminar la necesidad de dormir, el cuerpo necesita soñar para mantenerse cuerdo, y fue así como surgieron los sueños «a la carta »: programas (bien creados por el gobierno o los llamados «artesanos») que daban al soñador el descanso necesario para mantenerse en condiciones y seguir adelante. 

Un mal llamado «peste onírica» y una chica capaz de manipular los sueños son los detonantes de esta historia, en la que Anna e Ismael serán el dúo protagonista de esta novela, aunque irán acompañados de un grupo de lo más variopinto. Narrado desde varios puntos de vista, El fin de los sueños nos sumerge en un mundo donde reina la tecnología y las diferencias sociales siguen presentes. Los autores ahondan en temas que pocas veces vemos en literatura juvenil (por considerarse tabú en su mayor parte), pero con el toque característico que solemos encontrar en los libros de Cotrina. Pero te tenemos que avisar, lector, de que si buscas algo tan denso como La canción secreta del mundo no lo vas a encontrar. 
La trama de El fin de los sueños sigue un camino más recto que la anterior novela de Cotrina, pero lo que sí encontraras son el tipo de escenas y monstruos a los que nos tiene tan bien acostumbrados. Espeluznante, paranoico e imaginativo. Los autores nos sumergen en un mundo donde el horror y la fascinación van de la mano. A Freddy Krueger le ha salido un competidor». 
Por Estefanía Moreno yorda(a)eltemplodelasmilpuertas(punto)com.
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