lunes, 21 de septiembre de 2015

84, CHARING CROSS ROAD de Helene Hanff


Ahora que mi biblioteca está padeciendo una profunda enajenación, os invito a participar en un pequeño homenaje. ¿Aceptáis? Gracias. Tal vez este hecho la sane más que cualquier nostalgia, evocación o anhelo. Y es que, inexorablemente, Gutenberg va camino de la guillotina. Se derrumba ante nuestros ojos -que apenas miran de soslayo-, esa letra impresa envuelta en encuadernaciones bellas, reclamando caricias de tiempo y saber. Sí, del mismo modo que se derrumban los imperios. 

Para ese pequeño homenaje, he elegido la librería que estuvo situada en el 84 de Charing Cross Road. Librería enigmática que desapareció como un presagio. Y es que para aquellos que, además de leerlos, olemos los libros y los admiramos como piezas de museo, hallando un placer inexplicable en ello, una librería es un lugar sagrado. Ocupa en nuestras vidas un espacio, como el que viene a ocupar el mapa, siempre enigmático, de un pirata en pos de su tesoro. Porque a la postre en ellas, en las librerías, existen tesoros: los libros. 

Se forjan amistades en torno a este modus vivendi, como la que estableció durante 20 años Helene Hanff, con los empleados y los dueños de la librería situada en el 84, de Charing Cross Road. Amistades epistolares en forma de inquietud y premura, en donde hallar la edición con la que sueñas, se convierte, a su vez, para el librero en una apasionante labor detectivesca. Y para el lector: en una noche de magia que espera al día como quien espera a Papá Noel o a los Magos de Oriente. 
Sí, no todo está dentro de los libros, que también. Su envoltura, como en los regalos, los convierte en joyas. Separarte de ellos se asemeja a una amputación. Porque estar rodeada de su verbo, de su algarabía, te abriga de cualquier adversidad, de cualquier maleficio. Te procura una suerte de soledad multitudinaria. 

Ojalá que no confundamos valor y precio. Ojalá que la virtualidad, con su inmediatez y arrebato, conquiste su espacio sin ocupar ni invadir aquel otro espacio: el de una biblioteca con sus anaqueles y su desorden ordenado, al antojo del dueño. 

 Y dado que de nada sirve abandonarse a la añoranza, no añoremos… 

 ¡Tengamos siempre un libro muy cerca de nuestras manos y de nuestro corazón! 


LO QUE SE HA ESCRITO ACERCA DE LA OBRA 

"En octubre de 1949, Helene Hanff, una joven escritora desconocida, envía una carta desde Nueva York a Marks & Co., la librería situada en el 84 de Charing Cross Road, en Londres. Apasionada, maniática, extravagante y muchas veces sin un duro, la señorita Hanff le reclama al librero Frank Doel volúmenes poco menos que inencontrables que apaciguarán su insaciable sed de descubrimientos. Veinte años más tarde, continúan escribiéndose, y la familiaridad se ha convertido en una intimidad casi amorosa. Esta correspondencia excéntrica y llena de encanto es una pequeña joya que evoca, con infinita delicadeza, el lugar que ocupan en nuestra vida los libros... y las librerías. 84, Charing Cross Road pasó casi inadvertido en el momento de su publicación, pero desde la década de los setenta se ha convertido en un verdadero libro de culto a ambos lados del Atlántico". Anagrama.

miércoles, 19 de agosto de 2015

PALABRAS DE AMOR de José Antonio Marina


Es tan propicio el estío al amor que no podía dejar de invitaros a una obra repleta de sentimiento amoroso. ¿Quién no ha tenido un amor tan radiante y efímero como el azul del mar? Guardad silencio, se trata de una pregunta retórica. 

Por otro lado, siempre me han gustado las cartas, las he escrito y las he recibido. Aún las escribo y aún las recibo. ¡No está nada mal para estar en la época de Internet! ¡Todo un logro! Es como una reivindicación. Sí, eso es. Le echo un pulso a lo inmediato, a lo concreto, a lo virtual. Y me siento tan complacida como el soldado que regresa a casa después de la batalla. Las cartas son, al menos para mí, una forma exclusiva donde hallo el reposo de los azares inciertos. Y en donde la espera, conforma una suerte de ilusiones en verso. 

Conservo las cartas de mis abuelos y las de mis bisabuelos y he de confesar que, faltando a una norma elemental de educación -dado que la correspondencia de los otros nunca se debe abrir-, las he leído y las releo, con pudor, pero las leo, porque me enseñan a manejar mis sentimientos. No tengo la menor idea de si, finalmente, los manejo pero leerlas me procura un sublime efecto placebo. Un día de estos tendré que deshacerme de algo tan íntimo… Lo sé. Bueno, ya lo pensaré mañana. 

 Hoy os invito a más de 1000 cartas de amor que, magistralmente, José Antonio Marina ha rescatado, desde todos los siglos, para nuestro deleite y conocimiento de esta algarabía que es el sentimiento amoroso, sin el cual no queremos vivir. ¡Antes morir de amor que de vacuidad! Pero no es tan sencillo. Nos dice el propio autor:

 "Es fácil la unificación emocional, es decir, que dos personas en un momento determinado, sientan unánime el mismo sentimiento: alegría, dolor, placer, entusiasmo, amor. Lo que es difícil es unificar dos vidas, dos caracteres, dos proyectos distintos e independientes hasta ese momento (...)". 

Y es que el amor, también va con los tiempos y las modas de cada tiempo. Ya sé que tal afirmación es poco poética. Si bien, el estudio de Marina lo demuestra sin ambages. Hemos de admitir que los seres humanos somos escasamente originales y esta herida narcisista hace que busquemos el amor como enajenados, de amor en amor, y sin demasiado éxito a pesar del esfuerzo de los amantes por “mantener la llama imposible”, a la que aludía Aleixandre. 

Siempre cabe la posibilidad de ser la excepción. Excepciones hubo, hay y habrá. El resto es una estrella que se balancea entre el amor estable-consolidado y el amor pasión. 

Algunos, sin embargo, saborearon ese deleite caprichoso y excepcional, casi divino, que se amalgama entre eros y filia… ¡Quien lo probó lo sabe! 

 André Gorz comienza así su carta a Dorine:

 “Acabas de cumplir ochenta y dos años. Has encogido seis centímetros, no pesas más de cuarenta y cinco kilos y sigues siendo bella y deseable. Hace cincuenta y ocho años que vivimos juntos y te amo más que nunca (…) Necesito reconstruir la historia de nuestro amor para captar todo su sentido. Gracias a ella, somos lo que somos, uno por el otro y uno para el otro (…) Te escribo para comprender lo que he vivido, lo que hemos vivido juntos (…)” 

¡Va por ellos! 


LO QUE SE HA ESCRITO ACERCA DE LA OBRA 

 “El territorio del amor es vasto, selvático y frondoso. Se llega hasta él de forma inopinada y resulta muy difícil no extraviarse en sus laberintos y vericuetos. En un momento dado, dos personas se sienten atraídas una por la otra y entre ambas surge una comunión de emociones. Ambos se necesitan y de pronto no se ven capaces de vivir uno sin el otro. 

Esa fuerza inicial, esa pasión desbordante, no necesariamente proporciona la energía que sería precisa para unificar dos proyectos de vida diferentes hasta entonces, dos modos de mirar la vida, dos formas distintas de ser. Mantener la llama del amor a lo largo del tiempo es lo complicado. José Antonio Marina ha analizado más de mil cartas de amor de personajes famosos y desconocidos, muchas de las cuales figuran transcritas en el libro. Éstas son todas de escritores, puesto que son las mejor facilitan la tarea de analizar y describir las emociones, los sentimientos y las situaciones. 

 Cada persona vive el amor de un modo diferente, no cabe hablar de una fórmula única y universal válida para todos. Saber cómo lo vivieron otras personas, qué estrategias desarrollaron para hacerlo perdurar, para disfrutarlo al máximo viene a ser una ayuda a la que no cabría renunciar. 

Sin olvidar que leer las cartas de amor de Marco Aurelio, Franz Kafka, Simón Bolívar, Paul Verlaine o Emilia Pardo Bazán y todas las demás, proporcionan un verdadero deleite. Por escrito se dicen muchas más cosas que de viva voz. Ante el papel en blanco la gente no se muestra tan tímida y tiende más a explayar sus sentimientos, a explicar su pasión. 

No faltan quienes inmediatamente después de despedirse de su amor, todavía con la pasión tratando de escapar por todos los poros, corren a escribirle una ardiente carta. La lectura de esas cartas permite penetrar en el corazón de sus autores, conocer sus equivocaciones y disfrutar con sus aciertos. 

El libro está dividido en tres partes. En la primera hay una cartografía del amor; en la segunda hay un muestrario de biografías amorosas; y en la tercera hay un epílogo. No falta el siempre utilísimo índice onomástico”. Vicente Torres.

martes, 14 de julio de 2015

EN BUSCA DEL TIEMPO PERDIDO de Marcel Proust


Hoy os invito a construir una catedral cuyos planos no son definitivos: os invito a ir tras el tiempo perdido en un monólogo interior y circular. Os invito a cruzar un desierto que pocos se han atrevido a recorrer. Os invito a una gran obra, por su volumen (en torno 3000 páginas, un millón de palabras y más de 200 personajes) y por su ambición literaria. He pensado que este verano sería distinto si os acompañaba Marcel Proust y su: “À la recherche du temps perdu”. El porqué lo tendréis que descubrir vosotros. 

En la novela hallaréis la realidad de la conducta humana descrita por el microscopio minucioso del autor. Viviréis la pasión por comprender a vuestro microcosmos desde una cosmovisión única. 

Alejado de la razón y la lógica, Marcel inventa desde la memoria desmemoriada de su conciencia: el tiempo recobrado, un tiempo que solo se hace posible a través de la creación. Encontrareis, asimismo, momentos de tedio durante su lectura, momentos aburridos y de absoluta desesperación y momentos sublimes. Se trata de una experiencia vital exigente. 

Si lográis concluir la novela, que os aseguro que no es tarea fácil, os sentiréis más cerca de lo que de universal hay en todos y cada uno de nosotros. 

Después de atravesar el desierto de: “A la busca del tiempo perdido” asistiréis a la metáfora monumental de vuestra propia vida. 

 ¡Os animo a ser intrépidos con el tiempo y con la memoria involuntaria! 


LO QUE SE HA ESCRITO ACERCA DE LA NOVELA 

[...] "En busca del tiempo perdido" no es una novela editada en un solo volumen, sino que se compone de siete partes, publicadas en forma sucesiva a lo largo de 14 años, tres de ellas luego de la muerte de su autor. Marcel Proust prácticamente se recluyó en su casa para escribirlas entre 1908 y 1922, el año de su fallecimiento. La primera parte, llamada Por el camino de Swann, tuvo que ser costeada por el propio Proust, ante el poco interés de las editoriales. Sin embargo, su éxito fue inmediato, y la segunda parte (A la sombra de las muchachas en flor) fue publicada por Galimard y ganó el prestigioso premio Goncourt en 1919. 

En busca del tiempo perdido pretende reproducir los recuerdos de un joven escritor francés de comienzos del siglo XX, y retrata la vida de la clase alta parisina, sus vivencias e inconsistencias. Posee un claro contenido autobiográfico, pues la gran mayoría de sus personajes son inspirados en la propia familia, amigos y conocidos de Proust. Los siete volúmenes que componen "En busca del tiempo perdido" son: 
• Por el camino de Swann. Proust nos introduce en la vida del narrador, su niñez y sus visitas al campo en verano, que perdurarán en su memoria. A continuación se centra en la vida de Charles Swann, un amigo de sus padres, que se enfrentará a su círculo social al enamorarse de una mujer de un estrato inferior, así como su lucha para conquistarla y mantener la relación. 

• A la sombra de las muchachas en flor. En este volumen se narra la adolescencia del protagonista y su corta relación y noviazgo con Gilberte, la hija de Swann. También se centra en el encuentro inicial de aquel con Robert de Saint-Loup y con el barón de Charlus, personajes que cobran importancia en las siguientes partes de la novela. 

• El mundo de Guermantes. Los Guermantes son una familia aristocrática y muy distinguida, de cuyo círculo el protagonista quiere formar parte. No obstante, al principio es rechazado, hasta que finalmente es invitado a una fiesta formal. 

• Sodoma y Gomorra. Diversos episodios de relaciones homosexuales del barón de Charlus, y lésbicas de algunas mujeres del círculo del narrador, parecen ser la razón del título de esta cuarta parte de "En busca del tiempo perdido". 

• La prisionera. El tema principal de este volumen de En busca del tiempo perdido es la relación del narrador con Albertine, a quien acaba de desposar, y sus enfermizas sospechas de infidelidad. Aquel controla todos los movimientos de su pareja, hasta que esta lo abandona. 

• La fugitiva. Describe los esfuerzos del narrador por recuperar a Albertine, quien fallece luego en un accidente. Después descubre las relaciones lésbicas de ésta, incluso con Andreé, con quien el protagonista pensaba casarse. Se reencuentra con Gilberte, que ha decidido casarse con Robert de Saint-Loup, el mejor amigo del narrador. 

• El tiempo recobrado. En esta última parte Marcel Proust trasporta al lector hacia muchos años después, cuando el tiempo ha hecho mella en todos los personajes y el narrador descubre la razón por la que debe escribir lo que ha vivido y visto: la necesidad de unir el presente y el pasado a través de un relato coherente.[...]

lunes, 29 de junio de 2015

EL ALEPH de Jorge Luis Borges



Hoy os invito a uno de mis cuentos preferidos: “El Aleph”. Lo tenía reservado para un latido especial. Y helo aquí: 
Os lo muestro en forma de latido, haciéndose el interesante, al pretender despertar lo que jamás durmió. Y ya veis que no es un 30 de abril, cumpleaños de Beatriz Viterbo, ni es una candente mañana de febrero, cuando ella muere. Es una lujuriosa luna de junio. Y en esta luna de junio deseo que todos esos Viterbo os anuden a una analogía de infinitos cielos de libros y de cuentos. 

"Arribo, ahora, al inefable centro de mi relato; empieza, aquí, mi desesperación de escritor. Todo lenguaje es un alfabeto de símbolos cuyo ejercicio presupone un pasado que los interlocutores comparten; ¿cómo transmitir a los otros el infinito Aleph, que mi temerosa memoria apenas abarca?" 

  Contad el cuento de “El Aleph” a un ser querido. Al cabo, algo de locura es necesario amasar en nuestra vida, para después morirla. 

Os deseo que la luz de "El Aleph" os arranque una sonrisa creciente, de esas que se ríen por dentro, hasta calar nuestra osamenta.  


 FRAGMENTOS DEL CUENTO 


Quizá los dioses no me negarían el hallazgo de una imagen equivalente, pero este informe quedaría contaminado de literatura, de falsedad. Por lo demás, el problema central es irresoluble: la enumeración, siquiera parcial, de un conjunto infinito. En ese instante gigantesco, he visto millones de actos deleitables o atroces; ninguno me asombró como el hecho de que todos ocuparan el mismo punto, sin superposición y sin transparencia. Lo que vieron mis ojos fue simultáneo: lo que transcribiré, sucesivo, porque el lenguaje lo es. Algo, sin embargo, recogeré. En la parte inferior del escalón, hacia la derecha, vi una pequeña esfera tornasolada, de casi intolerable fulgor. Al principio la creí giratoria; luego comprendí que ese movimiento era una ilusión producida por los vertiginosos espectáculos que encerraba. 

El diámetro del Aleph sería de dos o tres centímetros, pero el espacio cósmico estaba ahí, sin disminución de tamaño. Cada cosa (la luna del espejo, digamos) era infinitas cosas, porque yo claramente la veía desde todos los puntos del universo. Vi el populoso mar, vi el alba y la tarde, vi las muchedumbres de América, vi una plateada telaraña en el centro de una negra pirámide, vi un laberinto roto (era Londres), vi interminables ojos inmediatos escrutándose en mí como en un espejo, vi todos los espejos del planeta y ninguno me reflejó, vi en un traspatio de la calle Soler las mismas baldosas que hace treinta años vi en el zaguán de una casa en Fray Bentos, vi racimos, nieve, tabaco, vetas de metal, vapor de agua, vi convexos desiertos ecuatoriales y cada uno de sus granos de arena, vi en Inverness a una mujer que no olvidaré, vi la violenta cabellera, el altivo cuerpo, vi un cáncer en el pecho, vi un círculo de tierra seca en una vereda, donde antes hubo un árbol, vi una quinta de Adrogué, un ejemplar de la primera versión inglesa de Plinio, la de Philemon Holland, vi a un tiempo cada letra de cada página (de chico, yo solía maravillarme de que las letras de un volumen cerrado no se mezclaran y perdieran en el decurso de la noche), vi la noche y el día contemporáneo, vi un poniente en Querétaro que parecía reflejar el color de una rosa en Bengala, vi mi dormitorio sin nadie, vi en un gabinete de Alkmaar un globo terráqueo entre dos espejos que lo multiplican sin fin, vi caballos de crin arremolinada, en una playa del Mar Caspio en el alba, vi la delicada osatura de una mano, vi a los sobrevivientes de una batalla, enviando tarjetas postales, vi en un escaparate de Mirzapur una baraja española, vi las sombras oblicuas de unos helechos en el suelo de un invernáculo, vi tigres, émbolos, bisontes, marejadas y ejércitos, vi todas las hormigas que hay en la tierra, vi un astrolabio persa, vi en un cajón del escritorio (y la letra me hizo temblar) cartas obscenas, increíbles, precisas, que Beatriz había dirigido a Carlos Argentino, vi un adorado monumento en la Chacarita, vi la reliquia atroz de lo que deliciosamente había sido Beatriz Viterbo, vi la circulación de mi oscura sangre, vi el engranaje del amor y la modificación de la muerte, vi el Aleph, desde todos los puntos, vi en el Aleph la tierra, y en la tierra otra vez el Aleph y en el Aleph la tierra, vi mi cara y mis vísceras, vi tu cara, y sentí vértigo y lloré, porque mis ojos habían visto ese objeto secreto y conjetural, cuyo nombre usurpan los hombres, pero que ningún hombre ha mirado: el inconcebible universo.

domingo, 10 de mayo de 2015

LAS UVAS DE LA IRA de John Steinbeck


Hoy os invito a un compromiso, os invito a una novela y a una película: “Las uvas de la ira” dirigida por John Ford y basada en la novela de Steinbeck. El compromiso al que os invito consiste en algo sencillo: que al leerla o releerla y /o visionarla, según el caso, os detengáis, tan solo un instante, en el tiempo del pensamiento. Os detengáis en el hambre de los otros, en la injusticia que padecen los otros, os detengáis en los juegos de los niños que no pueden jugar y en los miserables que hacen posible que en el mundo ocurran estas desgracias. Porque esos miserables no son anónimos. Saben lo que hacen, pero no les importa. 

Será una “Ruta 66”, que os dejará una estéril sensación, una sensación de cómplices por inacción. No importa. Desechar la culpa de vuestras conciencias, la culpa no sirve para dar de comer a los que no tienen nada. Ni para abrigar del frío a los desheredados. Pensad que en la indignación no existe la esperanza de la ira. La ira trata de bailar un vals con nuestras vidas, la indignación no es más que un baile de máscaras. 

Y arrancado el compromiso a vuestro corazón, y tras ese instante detenidos en las esquinas del pensamiento, volverá la sincera y franca tristeza a vuestras conciencias, ahora ya sin culpa, una conciencia libre por saberse parte de un compromiso, alejada de las miradas de soslayo, de las tormentas de verano, de los remedios caseros, que hablan de una felicidad infeliz y absurda. 

Después ya nada será igual… Porque os miraréis de frente, cara cara, sin más afeite que el del anhelo de una fraternal armonía entre los habitantes de la Tierra. ¿Una utopía? Tal vez. Pero no existe en ella ni un ápice de cobardía. 

Os deseo que en esta ocasión vuestra experiencia por la “Ruta 66”, que va en busca de trabajo, en busca de un techo donde vivir y de una tierra donde morir, no os deje desempleados. 

¡Gracias por aceptar el compromiso de poner ira en vuestras conciencias y, gracias, por deshaceros de la inútil y falsamente redentora culpa! 




 LO QUE SE HA ESCRITO ACERCA DE LA NOVELA 


“Distinguida con el Premio Pulitzer en 1940, Las uvas de la ira describe el drama de la emigración de los componentes de la familia Joad, que, obligados por el polvo y la sequía, se ven obligados a abandonar sus tierras, junto con otros miles de personas de Oklahoma y Texas, rumbo a la «tierra prometida» de California. Allí, sin embargo, las expectativas de este ejército de desposeídos no se verán cumplidas. Entre las versiones cinematográficas que ha conocido esta novela destaca la memorable protagonizada por Henry Fonda y dirigida por John Ford” Alianza. 

“En las uvas de la ira se narra la historia de una familia de granjeros del Medio Oeste de EE.UU., Oklahoma, los Joad – cuyo hijo Tom, el segundo, vuelve a casa, con la libertad condicional, después de estar cuatro años en la cárcel por un homicidio involuntario, tras una pelea - que, como tantos otros se ven obligados a abandonar sus granjas en busca de un mejor futuro en California, en la recolección de naranjas. Ocurre después de la caída de la bolsa de Wall Street, en lo que se denominó la Gran Depresión. A causa de la crisis bancaria miles de familias se quedaron sin sus casas al no poder pagar a los bancos. Además a ello se unió el “Dust Bowl” de Oklahoma, que provocó malas cosechas por la sequía, a lo cuál se unió el uso de los tractores que restaba mano de obra al campo. También les acompañaron la familia Wilson. El camino hacia California a través de la carretera 66, en una vieja camioneta, es largo y lleno de infortunios (el novelista lo compara con el caminar de una tortuga, representado a través de este animal la lucha de la clase obrera). A la familia Joad, incluido el tío John, les acompaña el predicador Casy, amigo de la familia, que ha perdido la fe ya que es un mujeriego. Además opina que lo sagrado del hombre no proviene de un Dios lejano sino de las propias personas. 

En el viaje van perdiendo las esperanzas, al mismo tiempo que pierden a los abuelos que mueren antes de llegar a la supuesta tierra prometida. El hijo mayor de los Joad, Noah decide separarse de la familia para ir a otro lugar a buscar fortuna. Igualmente hace su cuñado, Connie Rivers, a pesar del embarazo de la hermana, a la cual abandona. La madre Joad es la que mantiene unida al resto de la familia. La ira de los campesinos hambrientos crece al ver como los propietarios de los cultivos prefieren dejar pudrirse los frutos antes que recogerlos porque, al parecer, no les es rentable por la carestía de la mano de obra. Los “okies”, como son llamados esos inmigrantes americanos de Medio Oeste por los californianos, son tratados de forma inhumana por los codiciosos terratenientes, al igual que lo fueron por los banqueros. Son hacinados en campamentos y contratados para cubrir el puesto de los trabajadores agrícolas que, en huelga, luchan por unas mejoras salariales ya que, el exceso de mano de obra, había hecho que bajasen mucho los salarios en California. A cambio, los Joad descubren la solidaridad de los que son como ellos. Se ayudan unos a otros para poder resistir y salir adelante en una California que no sólo no era “el cielo prometido” sino que se había convertido en un infierno para ellos. Un lugar en el que ya no cabía la esperanza de una vida mejor. Continúan su camino y por fin llegan a Weedpatch, un campamento del gobierno con buenas condiciones sanitarias que está dirigido por un comité compuesto por las personas que en él habitan y sin policía. Allí viven en solidaridad, realizando trabajos comunitarios. Después de un tiempo, al no encontrar trabajo para todos los componentes de la familia, deciden marchar de allí, llegando al Rancho Hooper (Hooper Ranch). Allí les contratan para la recogida de los melocotones, con un salario más alto ya que, en realidad, con su trabajo rompen la huelga que los otros trabajadores agrícolas han comenzado reclamando mejoras salariales. Tom descubre que uno de los líderes es su amigo Casy. Éste es atacado por antihuelguistas (strike breakers) y es asesinado por uno de ellos con un pick handle (pico). Tom, al defenderse de ese hombre, le mata. 

Él resulta herido. La policía le busca por lo que Ma Joad, su madre, le esconde y decide que han de irse de alli. Pero Tom, decide quedarse y luchar por los derechos de los trabajadores y, a consecuencia de ello mantiene una pelea matando a un hombre por lo que es buscado por el sheriff el cuál, junto con sus policías, siempre vigila a los “rojos” o agitadores, como ellos llaman a todo aquel que reclama mejores salarios. Finalmente los pocos que quedan en la familia parten sin él en busca de ese trabajo que les brinde la oportunidad de una vida mejor, en medio de una gran lluvia. En esta novela también se describe la gran fortaleza de las mujeres a la hora de afrontar los problemas ya que la madre es quién, en un momento dado, toma las riendas. Esta fortaleza la demuestra Rosasharn (Rose of Sharon) cuando, al poco de morir su bebé, alimenta con su leche materna a un niño y a su padre, a los cuales encuentra en un almacén en el que se refugian de la lluvia” Rosa María Castrillo.

viernes, 3 de abril de 2015

EN EL CAMINO de Jack Kerouac



Hoy os invito a recorrer la más mítica de todas las rutas: “la Ruta 66”, de Chicago a los Ángeles, en descapotable, un viaje enloquecido a bordo de Cadillacs prestados y Dodges desvencijados, o a lomos de una Harley. 
No se trata de un viaje al uso. Se trata de “una transgresión”, cada uno sabrá cual es la suya. Es un viaje interior, un viaje de asfalto y gasolina, un viaje por el tiempo que nos ha tocado vivir. Tal y como decía Sartre: “No perdamos nada de nuestro tiempo; quizá los hubo más bellos, pero este es el nuestro”. 

Y para ello, se hace imprescindible leer: “En el Camino” de Jack Kerouac. Sin este equipaje autobiográfico perderemos la esencia y la compañía de los pioneros. El libro me lo regaló un amigo, en la edición no censurada de abril de 2009, él siempre había soñado con la “transgresión de la Ruta 66" y con su música, si bien, invariablemente la había pospuesto y los años se le echaron encima. Aunque aún hay tiempo. 

Yo, por mi parte, no conocía los entresijos de la “generación beat”, y tras la lectura de “el rollo”, mi determinación por la “Ruta 66” se convirtió en bulliciosa: entrar en una taberna bajo los raíles del metro de Chicago, buscar un cementerio de coches, deleitarme con los murales pintados en las paredes, un 4 de julio en Oklahoma City, descansar la mirada en un rancho de Texas, sentarme en un banco a ver pasar un tren interminable en un pueblo casi abandonado, sentir la carretera solitaria… 
Que en algún tramo te detenga la marcha un coche de policía, es como en las películas: suena la sirena, encienden las luces y se amorran al trasero de tu vehículo hasta que te detienes. Te piden los papeles, te llevan a su coche, piden refuerzos y no dejan que los acompañantes salgan del vehículo. Al final, a pagar una multa de 75 dólares o 10 días de trabajo para la comunidad. No es descartable vivir esta segunda opción. O mejor no. Cada cual es cada quien. 

Os dije que cada uno sabrá cual es “su transgresión”, en este viaje interior de asfalto y gasolina. 

¡Y si no lo sabe, la “Ruta 66” le hará una propuesta que no podrá rechazar…!

¡Nos vemos en el Camino!


LO QUE SE HA ESCRITO ACERCA DE LA NOVELA 

 “En el camino (On the Road) es una novela escrita por Jack Kerouac en su mayor parte en 1948 y 1949, terminada en 1951 y publicada por primera vez en 1957 en la editorial estadounidense Viking Press. Es una novela, en parte, autobiográfica escrita como un monólogo interior y basada en los viajes que Kerouac y sus amigos hicieron por los Estados Unidos y México entre 1947 y 1950 y contribuyó a la mitificación de la ruta 66. Está considerada como la obra definitiva de “la generación beat” y recibe su inspiración del jazz, la poesía y las drogas, describiendo un modo romántico y bohemio de vida. 

El libro es uno de los clásicos más influyentes del siglo XX y aún hoy se sigue reeditando a un ritmo de 100.000 copias anuales, siendo considerado por la revista Time como una de las cien mejores novelas en idioma inglés editadas desde el nacimiento de la revista en 1923, hasta la actualidad. Con esta novela Kerouac fue calificado como el nuevo Charlie Parker y su estilo fue denominado como “prosa espontánea y comparado con el “Be Bop” debido a su ritmo frenético e improvisado. "En el Camino" fue escrita en sólo tres semanas, mientras Kerouac vivía con su segunda esposa Jane Haverty en un apartamento en el número 454 de la calle 20 oeste de Manhattan y fue mecanografiada sin márgenes ni párrafos diferenciados, en un largo rollo de papel al que Kerouac llamaba simplemente: “el rollo”. Contrariamente a la leyenda, Kerouac no utilizó más drogas que el café para escribir la novela. 

 El rollo original actualmente es propiedad de James Isray, el propietario del equipo de fútbol americano Indianapolis Colts, quien lo compró por una elevada suma de dinero y permite su exposición en universidades, museos y centros culturales. En 2007, se descubrió que Kerouac empezó a escribir On The Road en francés, lengua materna en la que escribió además dos novelas no publicadas. 

 La legendaria historia sobre cómo escribió Kerouac En el camino pasa por alto la tediosa organización y preparación previa antes de su explosión creativa. Kerouac llevaba pequeños cuadernos en los que escribía notas para preparar la novela durante sus ratos libres, algunas de las cuales fueron incluidas en el libro pese a haberlas escrito como notas sin ordenar siete años antes de sus viajes. Kerouac corrigió la novela varias veces antes de que el escritor y asesor de la editorial Viking Press decidiera publicarla. 

En 2006 comenzó a prepararse una adaptación, En el camino, dirigida por el cineasta Walter Salles y producida por Francis Ford Coppola que se estrenó en 2012. En agosto de 2007 se publicó una edición sin censurar de la novela coincidiendo con el 50 aniversario de su publicación original, incluyendo partes que fueron consideradas inadecuadas cuando vio la luz por primera vez y sustituyendo también los pseudónimos que utilizó Kerouac por los nombres reales de los personajes. 

En abril de 2009 se publicó la primera edición de la novela sin censura en español, la cual fue fielmente traducida del rollo original mecanografiado por Kerouac, y el cual hace más íntimo el acercamiento que se tiene con el autor al utilizar los nombres reales y al respetar los sucesos con los cuales se concibió la obra 

“El libro comienza presentando al impulsor de la mayoría de las aventuras que tienen lugar a lo largo de la novela, Dean Moriarty, pseudónimo de Neal Cassady, quien fuera el alocado «hipster» que se convirtió en héroe de todos los beats. El narrador es Sal Paradise, alter ego de Kerouac, fascinado por su ecléctico grupo de amigos, por el jazz, por los paisajes de Norteamérica y por las mujeres. En el primer párrafo de la novela se puede leer: “Con la aparición de Dean Moriarty comenzó la parte de mi vida que podría llamarse mi vida en la carretera…”, en el que Moriarty ya es presentado como el instigador e inspirador de muchos de los viajes de Sal. La ciudad de Nueva York es el punto de partida de la aventura, donde poco antes de la llegada de Moriarty, Kerouac/Paradise conocería a Carlo Marx -sobrenombre de Allen Ginsberg-, quien pronto se convertiría en su mejor amigo en la ciudad. Sal define a Dean como “el estafador santo de mente brillante” y a Carlo como “el estafador poético y doloroso de mente oscura”. Carlo y Dean hablan de sus experiencias con sus amigos por todo el país y Sal se queda fascinado con ellos y con otros que irá conociendo más tarde en sus viajes” 

Con el paso del tiempo, "En el camino", un libro que fue la biblia y el manifiesto de la, se ha convertido en una «novela de culto» y en un clásico de la literatura norteamericana. Con un inconfundible estilo bop, que consiguió para Kerouac el título de «heredero de Charlie Parker» en esta novela se narran los viajes enloquecidos, a bordo de Cadillacs prestados y Dodges desvencijados, de Dean Moriarty, el mítico hipster, el héroe de todos los beatniks, «un demente, un ángel, un pordiosero» y el narrador Sal Paradise, recorriendo el continente, de Nueva York a Nueva Orleans, Ciudad de México, San Francisco, Chicago y regreso a Nueva York. Alcohol, orgías, marihuana, éxtasis, angustia y desolación, el retrato de una América subterránea, auténtica y desinhibida, ajena a todo establishment. Una crónica cuyos protagonistas, en la vida real y en el libro, fueron Jack Kerouac (Sal Paradise), Neal Cassady (Dean Moriarty), Allen Ginsberg, William Burroughs”. ANAGRAMA

domingo, 15 de marzo de 2015

EL RUIDO Y LA FURIA de William Faulkner


Hoy os invito a una obra escrita por un genio: Willian Faulkner. Una obra espinosa y cosmopolita: "El ruido y la furia", publicada por primera vez en 1929. Llegó a mí, hace años, desde una biblioteca de adultos, como: "El sonido y la furia". El hurto de libros, a los mayores, era una de mis aficiones, y a veces tenía sus compensaciones. Esta la tuvo.  Al principio no comprendía nada, dado que es un cuento relatado por un idiota: Benjy, l"leno de ruido y furia", en alusión a un soliloquio del Macbeth de Shakespeare. 

Llegó a parecerme tan dura y enrevesada que pensé que no había acertado al "robar" esa novela de entre todas las otras que se me ofrecían. Mas fue después, cuando salté al tercer capítulo cuando sentí que aquello era un buen botín. 

 En "El Ruido y la Furia", descubrí con el correr de los años, que también podía ser leída, como la gran parte de las obras de Faulkner, como un microcosmos en el cual "el Sur es el Todo". Y es que la Guerra de Secesión, la guerra entre el norte y el sur de Norteamérica fue para Faulkner: la decadencia. 

La decadencia de la familia Compson, que representa en la novela, puede ser interpretada como un análisis del deterioro de la moral tradicional para ser reemplazado por el desamparo de la modernidad. La novela fue llevada al cine en 1959, por la 20th Century Fox. Dirigida por Martin Ritt. La película no supo seguir la idea del tiempo que marcaba la novela. Decadencia y desamparo de la modernidad... narrado por un deficiente mental, por un idiota. 

 Sin embargo, la película: "Lo que el viento se llevo", me ayudó a comprender más y mejor a Faulkner. Entendí la fascinación de los personajes más trágicos. Entendí el pragmatismo sin escrúpulos de las conciencias más remilgadas, cuando a Dios ponen por testigo de que nunca volverán a pasar hambre. 

 Admitamos que para algunas personas la modernidad -el cambio de costumbres domesticadas-, es siempre una inseguridad, un desamparo. Admitamos que las guerras desintegran el tiempo y las relaciones entre los seres humanos. Admitamos que es difícil hacer de nuestra propia conciencia un verdugo para con nosotros mismos. Admitamos que pasar hambre y penurias es algo que no olvida nuestra frágil memoria, y que nos cambia, nos hace enfrentarnos a la vida de otro modo. 

  Admitido lo anterior, os deseo que no juzguéis a la ligera: ni a los demás ni a vosotros mismos. Porque separar conciencia de contexto suele resultar tan absurdo como pretender poseer la verdad absoluta, única e irrebatible. ¿Dónde está esa verdad? ¿ Quien la tiene? 

 Os deseo que os acerquéis a tantas verdades nutritivas de vuestro ego, como a otras tantas miserias desnutritivas. Y que las miréis de frente, cara a cara.

Después la felicidad será más insegura, transitoria y provisional... Pero más felicidad... 



LO QUE SE HA ESCRITO ACERCA DE LA NOVELA 


 Novela clave en la obra de William Faulkner (1897-1962), pues en ella se adentró en técnicas que habrían de hacerse claves en la narrativa moderna y consolidó el que habría de ser su mundo narrativo, El ruido y la furia (1929), título que evoca los célebres versos de «Macbeth», se articula en torno a los monólogos interiores de los hermanos Compson: Benjy, el idiota; el sensible Quentin, atormentado por el incestuoso amor que siente hacia su hermana Caddy, y el inescrupuloso Jason. 

La trágica historia que Faulkner va urdiendo con genial maestría narrativa en torno a los miembros de una antigua familia hacendada del Sur, desvela con una fuerza expresiva inusual la lenta e implacable corrosión del tiempo, así como el desvanecimiento y la perversión del intangible paraíso de la infancia
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