domingo, 24 de noviembre de 2013

LA CIUDAD Y LOS PERROS de Mario Vargas Llosa


Este Otoño, como todos los otoños de mi vida, me ha declarado la guerra, e intenta hacerme comprender, sin lograrlo, el argumento de tanta maldad. Y es que los otoños, a lo largo de mi existencia, siempre han "hecho historia" y, naturalmente, éste no iba a dejar de hacerlo. Ilusa de mí, si he osado pensar que lo reclamarían otros asuntos. Definitivamente, entre el Otoño y yo hay algo personal. 

 ¡Y en estas estamos! Vemos caer las hojas e intentamos averiguar de qué batallas son las cicatrices que adornan nuestra piel... De repente, el olvido se ha hecho memoria y heme aquí releyendo una de las novelas que más me conmovió cuando era adolescente: “La ciudad y los perros” de Vargas Llosa. 

 Sé que es una novela que quise olvidar, pero no pude. No albergo duda alguna acerca de que aquel mundo de silencios, miedos, trampas, mentiras, violento e injusto, que contiene la obra de Vargas Llosa, destronó las metáforas dulces que por aquel entonces tejían mi vida cotidiana. Y por el principio de supervivencia, inherente a nuestra naturaleza, me di a otros libros e historias que no me proporcionaban pesadillas, o, al menos, no con tal intensidad. 

 Ahora que el Otoño y yo tenemos la misma edad, la novela no ha dejado de conmoverme. En la cuidad hay perros. Una jauría inunda el planeta. No entraré en detalles. Y es por ello que he pensado en compartirla con vosotros. Tal vez podáis arrojar luz a las pesadillas de este Otoño tan recio, o tal vez os quedéis callados, como el poeta de la novela, evitando así aclarar la muerte del cadete Ricardo Arana… 

 ¡Confío en que os alejéis de los silencios, acaban siendo la peor de las pesadillas! 

 ¡Os deseo un feliz reencuentro con la voz, con todas las voces de todos los otoños que han sido y serán! 


Acerca del argumento: 


 “Comienza con el robo de un examen de química el cual va a ser tomado días después, este es extraído por el cadete Cava, alumno venido de la sierra quien es vigoroso y osado. Éste fue ordenado por el círculo, agrupación que impone el lema y desorden entre los internos del Colegio Militar Leoncio Prado y del cual es líder. Se llega a descubrir este delito porque Cava deja un vidrio roto al cometer su fechoría, entonces las autoridades del plantel toman cartas en el asunto consignado a toda la sección en todos estos sucesos, resultando afectados injustamente culpables y no culpables y entre ellos un muchacho (Ricardo Arana) el cual es conocido como "el esclavo" y quien denuncia Cava el cual es degradado y expulsado por las autoridades del plantel. 
 El Colegio Militar Leoncio Prado, como parte de entrenamiento de sus cadetes realiza maniobras, en estas prácticas militares Ricardo Arana recibe un balazo en la cabeza causándole la muerte. Ahora todos desconfían del Jaguar puesto que Arana fue el autor indirecto de la expulsión de Cava y se piensa que fue una venganza llevada a cabo en un a situación propicia debido a la confusión reinante en estas actividades. 
 Al saber esto las autoridades del colegio se estremecerán pensando en las perjudiciales consecuencias del escándalo. Establecen como versión oficial que la muerte de Ricardo Arana fue accidental. Entre todos los internos hay uno llamado Alberto “el poeta”, quien es hipócrita y se desenvuelve como amigo del "esclavo"; éste en un momento rompe con los pactos que los une con el círculo y a la vez culpa del crimen al Jaguar ante el teniente Gamboa, el cual es conocido por ser un hombre disciplinado y recto. A la larga todos se ven envueltos en actos de silencio, por lo tanto, el caso se da por cerrado y la investigación no se reabre. 
A Alberto se le impide seguir adelante con sus investigaciones y ni el teniente Gamboa puede hacer nada, incluso este es ascendido olvidando así el apoyo inicial que le dio al poeta. Las autoridades del plantel para callar al poeta lo amenazan con mostrar a sus padres las novelitas pornográficas que éste escribía y que a la vez eran vendidas por sus compañeros de aula. 
 El poeta se quedo callado y así se evito aclarar la muerte del cadete Ricardo Arana, “el esclavo”.

viernes, 4 de octubre de 2013

LOS GIRASOLES CIEGOS de Alberto Méndez



Hace tiempo que un amigo, y cierto es que mis amigos son un regalo del Cielo, me sorprendió al comprar para mí: "Los girasoles ciegos", publicada en ese mismo año de 2004. Yo no tenía ni la menor idea acerca de la obra y no conocía a su autor. ¡Era una maravilla que mi amigo hubiera pensado en mí, cuando él la leyó!  Así es la amistad. 
Mas tarde supe que era el primer libro narrativo de Alberto Méndez y que había sido galardonado. En el 2008, además, pasó al cine dirigida por José Luis Cuerda. No superó al relato. 

 Si bien, os invito al libro porque me gustó desde la primera página. Y porque me encuentro inmersa en una batalla en donde: "superar exige asumir, no pasar página o echar en el olvido". En definitiva, debo hacer mía la existencia de un vacío  "Debo patentizar una ausencia definitiva". 
Y dado que no se me dan bien los dramas de café, busco en los libros palabras. Así que divagando entre el duelo asumible y mi incapacidad para digerir el dolor, tomé "Los girasoles ciegos" de un anaquel de mi biblioteca, donde había estado desde hacía casi una década, para encontrar abrigo al amparo de sus palabras. 

Cuando releí: "Si el corazón pensara dejaría de latir", me vino, de golpe, la historia del capitán Alegría, y ciertamente me reconfortó. Después el "Manuscrito encontrado en el olvido"...  y me detuve en frases que había subrayado: "elegir nuestro pasado", "no es justo que comience la muerte tan temprano...". Y así hasta llegar al cuarto y último relato que da nombre a la obra: "Los Girasoles ciegos",  y mientras la releía me sorprendí a mí misma con "una sonrisa triste, como las que suelen usarse en las despedidas tristes". 
 Sin embargo, yo no estaba triste. ¿Había asumido las ausencias irreparables? No lo sé. Pero sé que comencé a alejarme del tiempo del silencio, y que hoy os lo he contado sin aspavientos.  

Porque como dijo el capitán Alegría: 

"Aunque todas las guerras se pagan con los muertos, hace tiempo que luchamos por usura. Tendremos que elegir entre ganar una guerra o conquistar un cementerio" 

Y sabiendo, como sabía el capitán Alegría, que:

  "un desertor es un enemigo que ha dejarlo de serlo, y un rendido es un enemigo derrotado, pero sigue siendo un enemigo".

 ¡Rendíos, si fuere necesario, pero jamás desertéis!

 ¡Os deseo que las palabras os sean propicias!



 Lo que se ha escrito a propósito de la obra:

 "Los girasoles ciegos es un libro de cuentos articulado a lo largo de cuatro historias- cuatro derrotas- que transcurren entre el período quizá más duro de la posguerra, que va desde 1936 a 1942, y que siendo totalmente independientes están hábilmente entrelazadas entre sí. Sus personajes son seres vencidos. Seres que se encuentran en un camino, sin vuelta atrás posible, recorriendo una senda de entrega y resistencia sin ser conscientes del momento en el que se abrirá la puerta de la tragedia. El primer relato, o primera derrota, nos cuenta las peripecias del capitán Alegría, un oficial del ejército fascista que se rinde a los republicanos cuando las tropas golpistas están entrando en Madrid. Postura que no será entendida por ninguno de los dos bandos, pero que el oficial toma cuando descubre que lo que querían sus correligionarios no era ganar la guerra, sino matar al enemigo. Su entrega le eximirá de ser parte de un ejército vencedor que ha cometido tantas atrocidades y crímenes. Como dice Ramón Pedregal a propósito de una reseña sobre el libro: “El capitán Alegría es un Bartleby que cuestiona la norma de aquellos con los que vive y no puede abandonar su visión de lo que ocurre”. 

"La segunda derrota, quizá el relato más logrado y sobrecogedor de los cuatro, nos habla de un joven poeta que huye de los vencedores hacia las montañas asturianas en compañía de su mujer embarazada. En un escenario solitario y frío la muchacha da a luz a un niño y muere tras el parto. A través de un diario íntimo, donde el adolescente deja escrito su miedo, se nos va poniendo en antecedentes de la vana lucha que emprende el joven padre para salvar la vida de su hijo. En el tercer relato, o tercera derrota, un preso, el soldado republicano Juan Serna, cuando descubre el interés que un coronel (presidente del tribunal que debe juzgarle) y su mujer demuestran por el hijo que él conoció y vio morir, habla y habla (como si de una moderna Sherezade se tratara) sobre ese hijo (un ser vil que murió fusilado por su delitos) y lo convierte en el héroe que quieren sus padres en un intento más de rascar algunos días a la vida. Pero la mentira le termina asqueando y cuenta la verdad. Verdad que indefectiblemente le llevará a la muerte. La historia, o la cuarta derrota, que cierra el libro transcurre en la asfixiante vida cotidiana del nuevo régimen. En ella se habla de Ricardo. "Un “topo” al que toda la familia protege. Desde el armario en el que vive encerrado contempla horrorizado el acoso libinidoso que su mujer sufre por parte de un diácono, profesor del hijo del matrimonio. El final es dramático y desolador. Alberto Méndez nos ha dejado con su única obra no sólo un extraordinario ejemplo de composición literaria, sino -y a pesar, de la crudeza de todas las situaciones- una continua muestra de sensibilidad, que puede conmover a todo tipo de lectores. Sencilla, realista y a la vez cargada de simbolismos, Los girasoles ciegos es una obra sobre la memoria. Sobre una memoria colectiva que debe tener definitivamente su asentamiento en el lugar que le corresponde. Porque superar la tragedia de aquella España de represión, marchas militares y ruido de sables, exige, como se dice en el prólogo de Carlos Piera que abre el libro, asumir, no pasar página o echar en el olvido"

martes, 17 de septiembre de 2013

RAYUELA de Julio Cortazar



Hoy os invito al París de Cortazar (Bruselas, 1914- París, 1984). Cuando, Rayuela, aquella "crónica de una locura" entró en mi vida yo era una joven estudiante de Filosofía y Letras. Ya podéis imaginar que estaba en el lugar adecuado y en el momento preciso. Por entonces, aquella obra era considerada desde hacía casi veinte años, como: "una llamada al desorden necesario". Nada podía resultar más seductor. He de reconocer que el autor, Cortazar, también me resultaba sumamente atractivo. 
 Con el libro ya en mi poder, me sentía la dueña de un inmenso tesoro, me encerré en él durante días, y me inundó de asombro, desconcierto y devoción. Después me he dado cuenta que nunca he salido de ese "grito de alerta", de esa "gigantesca humorada". Y no es menos cierto que no la he compartido en tertulias sesudas de palabras, humo y papel, he guardado el secreto de mi enamoramiento. Sí, del mismo modo que se guarda un recuerdo del viento del olvido. 

Así que os invito a un juego en donde hallaréis la liberación, más allá de cualquier frontera. Os propongo un juego sin reglas, ni idearios repletos de prejuicios. Os invito, como dijo el poeta, a una: "Prosa hecha de aire, sin peso ni cuerpo pero que sopla con ímpetu y levanta en nuestras mentes bandadas de imágenes y visiones..." Así es el París de Cortazar en Rayuela. Y así sigue siendo el alma de quienes se quedaron en el juego de aquella "contra novela".

¡Os deseo que encontréis a la Maga en las esquinas, de los versos-besos, de  los tugurios de cualquier ciudad ! 

Y..., por favor: ¡Evitadle el viento del olvido! 



Algunos fragmentos:

 "Pero ella no estaría ahora en el puente. Su fina cara de translúcida piel se asomaría a viejos portales en el ghetto del Marais, quizá estuviera charlando con una vendedora de papas fritas o comiendo una salchicha caliente en el boulevard de Sébastopol. De todas maneras subí hasta el puente, y la Maga no estaba. Ahora la Maga no estaba en mi camino, y aunque conocíamos nuestros domicilios, cada hueco de nuestras dos habitaciones de falsos estudiantes en París, cada tarjeta postal abriendo una ventanita Braque o Ghirlandaio o Max Ernst contra las molduras baratas y los papeles chillones, aun así no nos buscaríamos en nuestras casas. Preferíamos encontrarnos en el puente, en la terraza de un café, en un cine-club o agachados junto a un gato en cualquier patio del barrio latino. Andábamos sin buscarnos pero sabiendo que andábamos para encontrarnos. Oh Maga, en cada mujer parecida a vos se agolpaba como un silencio ensordecedor, una pausa filosa y cristalina que acababa por derrumbarse tristemente, como un paraguas mojado que se cierra. Justamente un paraguas, Maga, te acordarías quizá de aquel paraguas viejo que sacrificamos en un barranco del Parc Montsouris, un atardecer helado de marzo" ( Pág, 6) 

 "Toco tu boca, con un dedo toco el borde de tu boca, voy dibujándola como si saliera de mi mano, como si por primera vez tu boca se entreabriera, y me basta cerrar los ojos para deshacerlo todo y recomenzar, hago nacer cada vez la boca que deseo, la boca que mi mano elige y te dibuja en la cara, una boca elegida entre todas, con soberana libertad elegida por mí para dibujarla con mi mano en tu cara, y que por un azar que no busco comprender coincide exactamente con tu boca que sonríe por debajo de la que mi mano te dibuja. Me miras, de cerca me miras, cada vez más de cerca y entonces jugamos al cíclope, nos miramos cada vez más de cerca y los ojos se agrandan, se acercan entre sí, se superponen y los cíclopes se miran, respirando confundidos, las bocas se encuentran y luchan tibiamente, mordiéndose con los labios, apoyando apenas la lengua en los dientes, jugando en sus recintos donde un aire pesado va y viene con un perfume viejo y un silencio. Entonces mis manos buscan hundirse en tu pelo, acariciar lentamente la profundidad de tu pelo mientras nos besamos como si tuviéramos la boca llena de flores o de peces, de movimientos vivos, de fragancia oscura. Y si nos mordemos el dolor es dulce, y si nos ahogamos en un breve y terrible absorber simultáneo del aliento, esa instantánea muerte es bella. Y hay una sola saliva y un solo sabor a fruta madura, y yo te siento temblar contra mí como una luna en el agua. ( Pág, 29)

 "¿Por qué tan lejos de los dioses? Quizá por preguntarlo. ¿Y qué? El hombre es el animal que pregunta. El día en que verdaderamente sepamos preguntar, habrá diálogo. Por ahora las preguntas nos alejan vertiginosamente de las respuestas. ¿Qué epifanía podemos esperar si nos estamos ahogando en la más falsa de las libertades, la dialéctica judeocristiana? Nos hace falta un Novum Organum de verdad, hay que abrir de par en par las ventanas y tirar todo a la calle, pero sobre todo hay que tirar también la ventana, y nosotros con ella. Es la muerte, o salir volando. Hay que hacerlo, de alguna manera hay que hacerlo. Tener el valor de entrar en mitad de las fiestas y poner sobre la cabeza de la relampagueante dueña de casa un hermoso sapo verde, regalo de la noche, y asistir sin horror a la venganza de los lacayos". ( Pág. 438).

lunes, 19 de agosto de 2013

EL TEOREMA DEL LORO de Denis Guedj





En el año 2000 llegó a mi vida Denis Guedj, Profesor de Historia de las Ciencias en la Universidad de París. Naturalmente, no me hubiera interesado en absoluto si hubiera sido un “Profesor al uso”. Pero Denis Guedj era, además, novelista, autor teatral, cineasta y sobre todo un explorador de la vida. 

Hoy os invito a una de sus novelas: “El teorema del loro”. Un relato cautivador. He de confesaros que nunca me interesaron demasiado las Matemáticas, pero Guedj consiguió incorporarlas a mi vida sin despejar excesivas incógnitas. Y es que las ecuaciones tienen tanta poesía como la más lograda de las metáforas. Y la abstracción tanto misterio como el porvenir y los caprichos del azar.  
Os propongo que hagáis una mochila con humor y razón sin razón alguna, la propuesta no es otra que caminar con la vida en estado puro. De este modo fui riéndome de mi misma y de mis álgebras obstinadas mientras me deleitaba la trama polifónica y la voz de M. Ruche, que había construido Guedj. 
Cierto es que siempre quise mantener el misterio del número PI y su 3.14 16… Dado que habíamos sido presentados pero nunca habíamos intimado. Si bien, no es incompatible el misterio con la risa. Todo lo contrario, es como 2+2, que por un feliz acuerdo son 4. Sea, pues. 

Durante estos años “El teorema del loro”, me ha proporcionado tertulias con matemáticos, con título o sin él, piratas al cabo, en las que siempre la risa ha predominado sobre la falsedad solemne de los sabios de pacotilla. Hoy, de aquellas tertulias de lápiz, papel, café y humo queda amistad, complicidad y risas. Un magnifico tesoro libre de hipotecas, primas de riesgo y demás inventos miserables. 

Os regalo un secreto: Las metáforas y los números, incluido el PI, están construyendo el futuro, sin avisar a los políticos ni a los economistas y demás aguafiestas. ¿Ya habéis sonreído? 
Bueno, no era un mal regalo. 


 Acerca del argumento 

Un niño rescata de su cautiverio a un loro parlanchín y se lo lleva a su casa, la familia recibe en herencia una biblioteca con los mejores libros de matemáticas y dos cartas enigmáticas que les llevarán a iniciar una investigación que sirve de ingeniosa excusa argumental para repasar de manera asequible los grandes hallazgos de la historia de las matemáticas....

viernes, 26 de julio de 2013

TODOS LOS VERANOS de Haroldo Conti


Hoy os invito a “Cuentos de Navegantes”, uno de los libros más hermosos para aquellos que nos sentimos herederos del Mar de Ulises. Nada es más nuestro que el viento a bordo de un velero en el Mediterráneo, nada más cercano a la piel de nuestra memoria que una ceñida ganando barlovento.  Y es que de este modo nos alejamos de las veletas de la Tierra, que ni es tan firme ni tan copernicana, porque, en cierto sentido, nuestro Cervantes es Homero. 

De la magnífica selección de Juan Bautista Duizeide, he elegido: “Todos los veranos” de Harol Conti, no sabría explicaros el porqué  O, tal vez sí... Lo cierto es que todos y cada uno de los cuentos que contiene la edición- prologada por Pérez Reverte- han formado parte de mis sueños y de mis realidades venidas a más, desde que " un lobo de mar" me lo regaló  allá por el verano del año 2008.  
Siempre que el viento me acaricia, a bordo de mi pequeño velero, una de esas historias se pone al timón y me lleva más allá del horizonte... Y, amarrados a los azules, fondeamos en lugares impensados.... marinos, peripecias, piratas, corsarios, aventuras… 
En definitiva,  "Cuentos de Navegantes" es una joya,  una joya que está tejida con todo aquello con lo que se teje y se desteje cualquier vida que se precie de ser Vida... Y,  de esta forma, sentimos que el camino hacía Ítaca, no es otro que la Vida misma. 

¡¡¡Deseo que sintáis que en el corazón del verano habita el dorado!!!!

 ¡ Corsarios, buen viento y buena caza! 



Acerca de "Cuentos de Navegantes": 

“Envidio la oportunidad que se ofrece al lector de este volumen de enfrentarse por primera vez, si es que las desconoce, a las historias que aguardan amarradas, fondeadas, navegando, al garete o en las profundidades del mar, en cada una de estas líneas y en cada una de estas páginas. El trabajo de rastreo y selección resulta oportuno e impecable, y su resultado es de una belleza que sabrán apreciar tanto los lectores aficionados al mar como los que se conforman —cada cual tiene sus gustos, y en materia de gustos no me meto— con mantener asentados los pies en una tierra firme que, lamento ser aguafiestas, no es en realidad tan firme como parece. Mar y marinos, peripecias, aventuras, reflexiones, vida y muerte en los escenarios sobre los que el hombre navega y escribe desde que existe su memoria. Una forma estupenda de adentrarse en la vasta, inmensa geografía de la literatura naval” 
Arturo Pérez-Reverte. De la Real Academia de la Historia

martes, 25 de junio de 2013

VIEJA ESCUELA de Tobias Wolff



Cuando la noche más corta, para los medidores de tiempo, nos deja la luna más bella, cantada por los poetas. Os invito a leer "Vieja Escuela" de Tobias Wolff. Como el autor, se la dedico a mis Profesores: los que fueron , los que son y los que serán. 


 Hace años que está en mi biblioteca, era agosto de 2005, la leí durante una travesía estival. En ella encontrareis la esencia adolescente de los sueños. Todos hemos vivido esa edad de querer ser, lo que tal vez no seriamos nunca; pero estábamos absolutamente convencidos de haber nacido para ello. Y ese aplomo, que después llamamos: ridículo, nos hizo grandes.


 Valientes y tímidos, aprendimos a considerar ciertas comportamientos de amabilidad, como formas de agresión. Y ese aburrimiento, que era agradar, como un modo de obediencia inaceptable. 
De igual modo, aquellos que soñábamos con ser escritores, tomando la vida en porciones, decidimos no acostumbrarnos a los ascos espirituales ni intelectuales. Y aprendimos que las heridas no son despreciables, son un hecho básico de la vida. 
También encontrareis en sus páginas que hay éxitos que no merecen ser transitados. Porque hay mentiras que se ciernen en torno a la inocencia. Y esas mentiras nos alejan del cálido asombro.

 ¡ No olvidéis que, antes que nada, la memoria es un sueño, un sueño de un recuerdo que no podemos poner a prueba! 

¡Y, traicionando al escepticismo, no perdáis la cálida inocencia del asombro!






 Acerca del argumento:



 "Vieja Escuela logra sumergirnos en ese ambiente estudiantil, casi idílico pero completamente creíble a lo largo de sus páginas, para hacer una reflexión sobre la vocación literaria, sobre el precio que hay que pagar por ella. Hemingway hará una visita al colegio y elegirá de entre todos los relatos de los alumnos el que considere mejor. Su autor pasará con el ganador, y sólo con él, una tarde y el discípulo podrá conversar con su ídolo y pedirles cuantos consejos desee. Será el elegido. Con la ilusión de los alumnos, jóvenes aspirantes a escritores, por conseguir una obra maestra, asistimos a la rivalidad entre ellos, a sus envidias y ambiciones. Y sobre todo, asistimos a lo dicho ya muchas veces de la angustia del escritor ante el folio en blanco. Pero la novela es mucho más que eso. Porque Vieja Escuela continúa, y ahí, con esas páginas de los últimos capítulos, Wolff consigue que ésta sea una novela magnífica. El protagonista logra el premio, sí, pero a costa de engañar a los demás y de engañarse a sí mismo. Plagio, imitación, creación, amor por la literatura. De todo esto trata. De la primera parte de la novela, melancólica, pausada, evocadora de un ambiente casi mágico y perfecto —parece que vemos la tiza y el pupitre— se pasa a la parte final en la que el protagonista, ya adulto, ya convertido en autor , reflexiona sobre el éxito literario, sobre las mentiras, las suyas y las de sus condiscípulos, las de sus profesores y hasta las de los ídolos literarios, empezando por Hemingway. Ahí es donde Wolff nos encandila. Y queda una pregunta: ¿Se arrepiente el protagonista de lo que hizo para lograr el éxito?

jueves, 30 de mayo de 2013

HIJOS DEL ANCHO MUNDO de Abraham Verghese



Abraham Verguese (Etiopía-Estados Unidos), me conmocionó con su novela: "Hijos del ancho mundo". Fue una tarde de junio del año 2012. Mi alma estaba desalojándose de un anunciado chaparrón, que ni con la despedida, a pleno sol, tenía previsto abandonarme. Pero eso lo supe más tarde. Por aquel entonces, tan sólo necesitaba leer. Leer, sí. Perderme en el mundo, en apariencia irreal, que proporciona una novela. 

"Hijos del ancho mundo", fue la elegida de entre otros títulos que había en la librería. Hoy os invito a la ternura de sus palabras, porque está repleta de sabiduría. Sí, rebosa esa sabiduría que nos hace mirar nuestra propia vida con magia y tragedia a un mismo tiempo. Durante las horas que estuve pendiente de lo que acontecía en el interior de "Hijos del ancho mundo", tomé dos decisiones. Las dos cambiaron mi vida. 

Y es que se trata de una obra maestra, en la que resplandece el antiguo arte de narrar historias. Y en ese trance, entre la historia viva e impresa y la vida de nuestro corazón, ocurren las cosas más insospechadas. De repente, te sorprendes viajando detrás de los personajes desde India a Etiopía y a América. Y no solo viajas, te quedas, se detiene tu cotidianidad, y te quedas a tejer vida, en otros lugares y con otras gentes. 
Y escuchas: "Llegamos a esta vida espontáneamente y, si tenemos suerte, encontramos un objetivo además de hambre, penuria y muerte prematura que es, no lo olvidemos, lo que aguarda a la mayoría." Y sonríes, porque conoces tu objetivo... 

Os deseo, que améis la vida, y que rellenéis el vacío que existe entre la ambición y la conveniencia. "La vida es así. La vivimos hacía delante, pero la comprendemos en retrospectiva " 

"Y entonces, en el vacío silencioso que sigue, oigo el agudo zumbar de las estrellas y me embargan el júbilo y la gratitud por el insignificante lugar que ocupo en la galaxia..." 


Vivid, aunque os parezca que la vida consiste en reparar agujeros!!! 


Acerca del argumento: 

 A los siete años de la venida de la hermana enfermera a Etiopia, desde un convento de Carmelitas de Madrás . En el modesto hospital Missing, de Adis Abeba alumbró a dos varones gemelos. Morirá a consecuencia del parto. El padre de las criaturas es un médico cirujano británico, que desaparece sin dejar rastro. Los niños: Marion y Shiva Stone crecen en el microcosmos del hospital misionero, criados por un pequeño grupo de personas que, con escasos medios y recursos, se afanan en curar a los enfermos...
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