martes, 19 de agosto de 2014

LAS AVENTURAS DEL BUEN SOLDADO ŠVEJK de Jaroslav Hašek


Hoy os invito a entonar una plegaria. Os invito a elevar una oración por todas aquellas personas que, con su proceder, hicieron posible la locura de la Gran Guerra. ¡Qué los dioses las perdonen! Y, también, os invito a elevar una oración por las personas anónimas que, sin saber el porqué de su desgracia murieron en el campo de batalla, víctimas de la necedad de su tiempo. 
Era agosto de 1914, hace ahora un siglo, cuando se inició aquella espantosa guerra, la Primera Guerra Mundial, que como todas las que fueron antes y serían después sólo dejó tras de sí desolación, hambruna, llanto, odio y negrura en la victoria de los vencedores y de los vencidos. Porque es sabido que las guerras y las victorias son absolutamente incompatibles. 

Para entonar nuestra plegaria he elegido la letra de una de las obras, dedicada a la Gran Guerra, que conquistó mi corazón con más ahínco: “Las aventuras del buen soldado Švejk”. La novela me llegó envuelta en la muselina de los regalos. No conocía la obra, ni había leído nada del checo Jaroslav Hašek (1883-1923). Todo ello, si cabe, aún la dotó de más misterio. La curiosidad me atrapó y durante horas me convertí en la sombra del protagonista Josef Švejk, un soldado torpe y atolondrado que, arrebatado por servir a su país, se enroló en las filas del ejército austrohúngaro durante la Primera Guerra Mundial.

 Las desternillantes y asombrosas peripecias de este afable pícaro moderno, estúpido y sabio a la vez, ninguneado por los estamentos militares, sanitarios y eclesiásticos, resultó ser una proclama antibelicista, una arenga satírica contra la futilidad y el sinsentido de la guerra. Nada pudo complacerme más que tener un amigo tan importante como anónimo: el soldado Švejk. 

Os deseo que en las calles de vuestras vidas encontréis más héroes anónimos que napoleones, y que éstos sean vuestros auténticos amigos, ya que ellos son los que han hecho de la guerra la verdadera lección de la Historia. Lección que, nuestra pedante y orgullosa ignorancia de Homo Sapiens, nos ha impedido aprender. 

¡Larga vida a los héroes anónimos! 



LO QUE SE HA ESCRITO ACERCA DE LA OBRA: 

Fue algo así como el reverso burlón de Kafka. Tenían la misma edad, vivían en Praga y eran escritores, pero quizá habría sido difícil encontrar dos almas más opuestas. Mientras el autor de La Metamorfosis era casi un eremita de la escritura, aficionado a recluirse en soledad, el excesivo Jaroslav Hasek (1883-1923), orondo, marrullero y de talante indomable, prefería el bullicio de las tabernas. Su obra magna, la novela: Las aventuras del buen soldado Svejk (Galaxia Gutenberg),  fue vertida por primera vez al español en 2008, directamente del checo por la traductora Monika Zgustova (Praga, 1949), en un volumen acompañado con las ilustraciones de la edición original (1923), de Josef Lada. 

Es una lástima que no conste ningún encuentro entre Kafka (1883-1924) y Hasek, porque seguramente habrían tenido mucho de que hablar. Ambos recelaban profundamente de ese Estado moderno hiperburocratizado que se encarnaba en el Imperio austrohúngaro, un inestable mosaico multinacional que se extendía desde el Adriático hasta las actuales República Checa, al norte, y Ucrania, al este. Los dos autores estaban convencidos de que ante aquella administración elefantiásica el individuo quedaba reducido a poca cosa. Fueron de los primeros en verlo con tanta claridad, pero su enfoque fue dispar. Mientras Kafka le dio forma de pesadilla, como en la novela El Castillo o el cuento: Ante la ley, el incorregible Hasek prefirió reírse de todo aquello. Su mayor creación, el soldado Svejk, es un ingenuo charlatán que se alista al ejército para combatir en la Primera Guerra Mundial como si se tratara de una reyerta de bar entre austriacos, serbios y turcos. Es arrestado por alta traición, ingresado en un manicomio y se pierde en el sur de Bohemia antes de llegar al frente. 

Nadie es capaz de determinar si se trata de un conspirador o de un solemne idiota. Eso sí, sus andanzas ponen de vuelta y media al ejército, a las instituciones médicas y a la administración. "Hasek incide en lo absurdo que es que el gran Estado no proteja al individuo sino que poco a poco lo asfixie", señala desde Barcelona la traductora, Monika Zgustova. "Es un idea presente en la obra de Kafka, aunque la trató con mayor seriedad". Curiosamente, los dos grandes personajes de Hasek y Kafka comparten punto de partida: tanto Svejk como Josef K., protagonista de El proceso, son detenidos al entrar en escena. La peripecia de Svejk, con todo, da lugar a un vagabundeo disparatado, muy acorde con el propio carácter del autor. El bonachón recluta Svejk, vendedor de perros e impermeable al desánimo, es en cierto modo un trasunto del propio Hasek, según opina la traductora. "Los dos trabajaron vendiendo perros, entre otras ocupaciones y fueron voluntarios en la Primera Guerra Mundial", la conflagración que supuso el fin del Imperio Austrohúngaro y el surgimiento de varios Estados, entre ellos Checoslovaquia. Eso sí, Hasek sí que llegó a combatir en el frente, donde contrajo la tuberculosis. La revolución bolchevique lo sorprendió en Rusia, donde residió un tiempo y se casó por segunda vez, mientras seguía unido a su primera mujer, Jarmila, que vivía en Praga. Hasek era un bohemio a quien "a menudo había que sacar a la fuerza de las tabernas", añade Zgustova. "Además, le gustaba tomarle el pelo a todo el mundo, sobre todo a los carcas". 

El autor compaginaba la creación literaria con la colaboración en una revista zoológica en la que se inventaba animales fantásticos e incluso su genealogía. Evidentemente, en cuanto fue descubierto, lo despidieron. Su irrefrenable vocación para la broma quedó fijada en el idioma. Como su ilustre conciudadano kafkiano, Hasek también ha dado lugar a un vocablo. "En checo, sveiquear es charlatanear con el ánimo de embaucar a alguien", explica Zgustova. "Cuando se dice: nosveiquees, significa: no te enrolles tratándome como si fuera imbécil". Novela inacabada, la enfermedad obligó a Hasek a dictar los últimos capítulos, prácticamente desde su lecho de muerte. Falleció de tuberculosis a los 39 años, en 1923, la misma enfermedad que se llevó a su conciudadano Kafka un año después. La novela tuvo un éxito inmediato, pero los intelectuales la rechazaron por su lenguaje soez. "No gustó a la buena sociedad pero sí al público en general". Con los años, El buen soldado Svejk, "más que una comedia, una novela grotesca, hilarante, y que habla de las personas normales y corrientes", se convirtió en un clásico. "En toda Europa central y del este, de Alemania, Austria y Hungría a Polonia y Rusia, Svejk es una novela que forma parte de la cultura general". Abel Grau. El PAIS CULTURAL. Diciembre. 2008.

martes, 15 de julio de 2014

LA CANCIÓN DEL PIRATA de Fernando Quiñones


Hoy os invito a una canción. Pero no a una canción al uso. Os invito a La Canción del Pirata. Ya sabéis que los piratas cantan a la vida al son del viento, entre pentagramas azules. Al cabo, todos tenemos alma de pirata, libertad de pirata, desparpajo de pirata, sueños de pirata… Porque ser pirata también encierra un noble código de honor. 
 Os propongo un cambio de rumbo en nuestras prescindibles e insignificantes vidas. Dejaremos de mirarnos obsesivamente, porque de tanto mirarnos a nosotros mismos nos hemos procurado una ceguera de opiniones violentas y egocéntricas, hemos perdido el horizonte, no avistamos tierra firme y las estrellas son sólo metáforas sin verso. Han perdido su poder para conducirnos a buen puerto. 
Y es que el mundo tiene mares embravecidos y desiertos inmensos y terribles en donde no hay oasis. Pero también posee amaneceres de nácar y lunas sin tedio, en donde descansar de las tormentas. E irremediablemente otros, antes que nosotros, los disfrutaron, padecieron sus inclemencias, sus injusticias, sufrieron hambre y calamidades. Amaron y murieron. Pero lo hicieron con la gallardía de la pasión, del asombro y del contento. Porque eran sabios, y conocían que, desde antiguo, los días no regresan y que, al cabo, somos aves de paso. 

La Canción del Pirata, de Francisco Quiñones, llegó a mí en una botella que alguien arrojó al mar. Un naufrago. Y dado que mis ojos vibran con el agua marina, no tuve dificultad alguna para distinguir, de inmediato, que se trataba de un tesoro. Y los tesoros no se explican. Se viven sin acudir a la verborrea de las razones. 

 Por tanto, con esta invitación, la canción la tendréis que cantar vosotros mismos, y os sorprenderá, al escucharos, que el pirata que lleváis dentro es más fuerte que los miedos y la moralina que, a voz en grito, os declama la calma chicha de los vientos urbanos. 

Quiñones, novela la Historia como un mago. La Canción del Pirata, "presenta al hombre en su terca y abundosa soledad. Amando, necesitando, odiando, buscando, huyendo y olvidando a los semejantes. Manoteando en el mundo que, a ciegas, cree poder dominar. Burlando a la vida e interiorizando las proclamas que ella misma suscita" 

Encontrareis en sus páginas una bellísima historia de amor y desengaño, encontrareis flaquezas, pragmática jactancia, la única, por otra parte, que el protagonista, Juan Cantueso, se puede permitir, baqueteado por nacimiento y circunstancias. 
Juan Cantueso representa al español de todos los siglos, que vive como puede en un mundo que ninguna otra oportunidad le ofrece. 

Vagad con Juan Cantueso por Andalucía, Venecia, Las Indias y Lisboa. ¡Vagad y vivid, contra viento y marea! 

 Y esa será La Canción del Pirata: ¡La vuestra! 



LO QUE SE HA ESCRITO ACERCA DE LA NOVELA

 “Durante 1682 y en la cárcel de Cádiz donde espera la resolución de su caso que se prevé aciaga, el protagonista narra su vida al bachiller don Román de Irala. Este recoge sus palabras para la confección de un libro que luego desaparecerá, según se cuenta en un tercer nivel de la novela, anatemizado por la Inquisición, harto activa en aquella época. Juan Cantueso, El Rubio, vagará por Andalucía, Venecia, Las Indias, y Lisboa para volver a sus lugares natales no sin dejar sembrado un copioso rosario de amores, cuchilladas, timbas, tempestades, relaciones y episodios de todo pelaje que hacen que esta novela se lea con la impaciencia que depara el interés de la trama y el temor de ir aproximándonos al final de la orgía. 
El autor ha desplegado un monumental esfuerzo de documentación tanto en lo lingüístico como en lo histórico o social, pero, sobre todo, en la exposición de la cotidianeidad, en la inmiscución en lo intrahistórico, en la indicación de esas nimiedades que hacen que sintamos el pulso de la época, la visualicemos y nuestros esquemas mentales se adapten progresivamente el compás de la narración hasta sumirnos hasta las cejas en el mundo que se pinta. Evidentes y perseguidas son las concomitancias con la picaresca sin que falten resabios cervantinos tanto en el estilo como en la inclusión dentro de la historia central de interpolaciones tan rocambolescas como la que termina con la presunta anagnórisis de El Honrado y Valentín que, sin turbar el apasionante relato del protagonista, vincula la novela con las modas narrativas de su tiempo. 

Quizá sea propiedad la palabra que más cuadre al lenguaje, a la estructura, al cosmos narrativo que Quiñones nos presenta. Sin incurrir en fárrago ni anacronismo, la vida española de la segunda mitad del XVII se nos muestra con la autenticidad que proporciona la abundancia de referencias concretas, el despliegue de conocimientos folklóricos, históricos, costumbristas y populares de un autor que domina esos predios, la fluencia de un lenguaje tan natural y creíble como soterradamente trabajado y pulido. 
Cuando la cultura no se exhibe sino que surge al servicio de una historia, de unas coordenadas narrativas que la precisan y la acogen, el resultado suele ser más rico que cuando se opera a la viceversa. Novelar la Historia sólo pueden hacerlo Yourcenar, Sender, Graves u otros monstruos; encajar lo histórico como ambientación o marco de una fabulación pueden parecer más sencillo pero precisa de no poca documentación que debe ser manejada con una mezcla de precaución y audacia. 

La Canción del Pirata contiene abundantes elementos autobiográficos perfectamente imbricados en la ratio narrativa. Hasta las disquisiciones entre vitalistas y estoicas del protagonista rezuman esa humanísima sorna con la que el autor suele teñir sus ficciones. Autobiográfica es también la fijación con el mar. No sé por qué el autor ha hablado de la desvergüenza y el amoralismo de su novela – a no ser que busque imitar las protestas de nuestros autores clásicos– cuando el componente ético es esencial en la novela. Decir que, además, se nos cuenta todo esto con una amenidad, una gracia y un estilo que para sí lo quisieran tantas novelas que uno se zampa, puede ser, después de lo dicho, tautológico. Muévanos esta corroboración a ser acompañados por Quiñones más a menudo. Es una experiencia intensa”. Javier Barreiro.

martes, 24 de junio de 2014

EL SIGLO DE LAS LUCES de Alejo Carpentier


Hoy, os invito a una fiesta caribeña y barroca. Os invito a la “sinfonía del Caribe”. Os invito al tiempo de la Revolución Francesa, en las Antillas: una maravillosa locura para los sentidos. Os invito a un viaje por la realidad mágica de los ideales.  

Cuando “El siglo de las luces” ( publicada en 1962) y yo misma nos enfrentamos a la siempre interesante y dura tarea que implica, necesariamente, la acción volitiva de “conocerse”, nos miramos con escepticismo. Después, página a página, me sedujo y quedé cautiva de su prosa exuberante y del compromiso por la libertad, siempre incierta y malvendida. 

Entre los sueños de amor, libertad y terror que proponía el argumento fui componiendo la realidad que me circundaba, y a la que nunca he llegado a comprender. Por aquel entonces era, por mi parte, una actitud que rebosaba arrogancia; sí, esa insolencia propia de la ignorancia juvenil. 

 En mi biblioteca existen varias ediciones de “El siglo de las luces”, también las censuradas, y todas están repletas de notas al margen, subrayadas y con signos indescifrables entre sus líneas. Cada una de ellas pertenece a un tiempo: el de la adolescencia, el de la juventud, el del sesudo compromiso social universitario y el de los restos de la vida. Y en todas ellas me hallo. Son como una instantánea. Si bien, nunca he pretendido unir “esas instantáneas” con el afán de conocer quién era, o quién soy en realidad. Aunque, estoy segura de que me darían pistas certeras. 

Tal vez me identifiqué con los distintos personajes, según iba dejando atrás la pedante y cándida adolescencia. Tal vez, sí. Pero no lo sé. Cuando visité la Habana, busqué la casona en donde habitaban: Sofía, Carlos y Esteban, con su orfandad, su luto y su mundo repleto de magia, de misterio y de vida, a través de los libros; busqué la alegoría de la libertad, busqué a Carpentier, pero un grito de angustia me contrajo hasta el vómito. ¿Era una representación del cuadro de Munch, lo que bullía en mi cabeza? O… ¿era Goya simbolizando los “desastres de la guerra” que asoló a España y la expulsó de la modernidad? No lo sé. Sé que el macabro pintor de la guillotina, David, ese no era. 

Tal vez, el personaje francmasón Víctor Hugues, excelente contador de historias, nos podría responder a tantas y tantas preguntas… 
Porque las preguntas sin respuesta, son hermosas. Nos evitan la convicción dogmática de las verdades incondicionales. Hacen que dudemos, sin prisa, con la calma de la eternidad. 

 ¡Os deseo, en vuestros trabajos y en vuestros días, exuberancia y frondosidad caribeñas: una realidad mágica a ritmo carpentieriano…! 


 Lo que se ha escrito acerca de la novela: 

 […]El Siglo de las Luces’no sólo tiene el característico toque carpenteriano, el barroquismo del estilo y el enaltecimiento de la exuberancia caribeña, sino que lo lleva a cimas insuperables. ‘El Siglo de las Luces’, es una novela espléndida, copiosa en referencias culturales; a no dudar, uno de los clásicos mayores de la literatura latinoamericana. Su trama abunda en peripecias cuyo marco histórico lo proporciona la dramática década final del siglo XVIII. Su hilo conductor: los ecos de la Revolución Francesa en el Caribe. 

Escenarios principales de la narración son el ámbito caribeño y la Francia revolucionaria; secundariamente, en el brinco temporal que conduce al desenlace, el Madrid que ha presenciado los tumultos de mayo de 1808. Entre sus protagonistas, Víctor Hugues destaca por su historicidad: fue Comisario de la Convención en Guadalupe, en la que hizo un verdadero gobierno de terror, y luego Agente del Directorio en Cayena (Guayana Francesa). Completan el trío protagónico los jóvenes cubanos: Sofía y Esteban, quienes no sólo harán a Hugues objeto de afecto y desprecio, a su turno, sino personificación de la grandeza y vileza de la crucial coyuntura finisecular. Hugues los inicia en la ebullición de ideas que promete y, de hecho, ha desencadenado un cataclismo histórico de amplias repercusiones, al tiempo que introduce a Sofía en el mundo del amor. Por no estropear el suspenso, me limitaré a referir someramente el arranque de la trama. Todo principia en La Habana, en torno de 1790. 

Un acaudalado comerciante criollo acaba de fallecer, dejando en la orfandad a sus hijos adolescentes, Sofía y Carlos, quienes se recluyen en la casona familiar en señal de duelo. Con ellos vive su primo Esteban, huérfano desde temprana edad, también adolescente y un verdadero hermano para ambos. La reclusión deviene gradualmente en fiesta, al hacer de la casa un lugar encantado al margen del mundo; mundo del que, no obstante, se maravillan los chicos a través de los libros. Cierto día irrumpe un francés de nombre Víctor Hugues, marsellés afincado en Saint-Domingue (la futura Haití). Desea hacer tratos con el dueño de casa, de cuya muerte obviamente no está informado. Superada la decepción, el francés se revela un prodigioso compañero de juegos y un gran contador de historias; parece un prestidigitador que no acabara de sacarse cosas de la manga. Para mayor admiración de sus nuevos amigos, proporciona al enfermizo Esteban el auxilio providencial del doctor Ogé, mulato y amigo del marsellés. Pero Víctor y Ogé son francmasones y extranjeros, doble motivo de sospecha para las autoridades locales; deben huir de Cuba. Los vaivenes de su fuga arrastran a Sofía y Esteban, quienes se ven abocados a un Caribe convulsionado por la proliferación de ideas revolucionarias y la revuelta de los negros en Saint-Domingue. 

 Los acontecimientos llevan a Víctor y Esteban al otro lado del océano, a una Francia en plena revolución que ya ha dado al mundo, un tiempo atrás, noticias tan pasmosas como el intento de fuga del rey y su captura en Varennes. He aquí que Victor Hugues hace su entrada en la Historia, pues volverá al Caribe oficialmente investido de poderes. Esteban será testigo de su encumbramiento y de su degradación, y mucho padecerán sus juveniles entusiasmos. No menos severo será el impacto en Sofía, en quien la espera no ha hecho sino acrecentar el aura romántica –doblemente romántica, en su caso- del marsellés. Sofía y Esteban aportan, en alternancia, la perspectiva desde la que se presencian y evalúan los actos de Víctor Hugues. Con Hugues hace su entrada la Revolución en el Caribe, representada en el Decreto del 16 Pluvioso del Año II, que “proclamaba la abolición de la esclavitud y la igualdad de derechos otorgados a todos los habitantes” de la Guadalupe; pero también en el símbolo del Terror revolucionario: la guillotina, esa siniestra máquina. 

Es un Hugues demasiado ensoberbecido de su papel el que retorna al Caribe. “Luciendo todos los distintivos de la Autoridad: inmóvil, pétreo, con la mano derecha apoyada en los montantes de la Máquina, Víctor Hugues se había transformado, repentinamente, en una Alegoría. Con la Libertad, llegaba la primera guillotina al Nuevo Mundo”. Y pronto, demasiado pronto, la realidad se impone a los ideales. Los atractivos que depara la novela son variados: acción, romance, un dramático trasfondo histórico con sus connotaciones políticas y filosóficas; los conflictos éticos a los que se ve enfrentado un Esteban tan idealista como vacilante en la acción; en lo que toca a la forma, una prosa gozosa como pocas, tan sugerente que resulta en verdadera fiesta para los sentidos. Al colorido y exuberancia del Caribe corresponden un estilo y un léxico frondosos, a la medida de la desmesura antillana. 

Largos párrafos se suceden, con escasos, breves y punzantes diálogos además de fascinantes descripciones de lugares y objetos. Carpentier era un apasionado de la radiante materialidad caribeña, y vaya que fue capaz de transmitirnos su pasión: en una prosa pletórica de sensualidad, envolvente y fascinante. Abundan sabrosos y expresivos localismos, y es que no hay modo de negarle dignidad a la vertiente caribeña de nuestra lengua común. No por nada se ha calificado a esta novela como ‘sinfonía del Caribe’. No en vano se caracteriza a Carpentier como escritor barroco, caracterización que el propio autor refrendará al promover el Barroco al rango de categoría fundamental en la delimitación de lo latinoamericano. Los pasajes históricos, referidos especialmente a la actuación de Víctor Hugues en calidad de agente de la Revolución, son fidedignos. Para su elaboración Carpentier hizo acopio concienzudo de fuentes documentales, proceso en que pudo además enterarse del destino de connotadas personalidades revolucionarias, caídas en desgracia y condenadas al destierro en la Guayana Francesa -destacan los casos de Jaques Billaud-Varenne y Jean-Marie Collot d’Herbois, quienes contribuyen al empaque histórico de la novela-. Escaso conocimiento hay de la vida de Hugues y poca certeza sobre sus años finales y sobre su muerte, al menos a la fecha en que el escritor redactó la obra. Me parece que el talentoso cubano supo sacar partido de lo que sí se sabe, recreándolo del modo más enjundioso para el lector […]

miércoles, 14 de mayo de 2014

LA LADRONA DE LIBROS de Markus Zusak



Hoy os invito a Todos, sin excepción. Propongo que se detengan las guerras, al menos un instante. Que nadie piense que la edad, o cualquier otra accidental circunstancia, puede convertirse en una categoría que nos procure, a su vez, abismales diferencias. Tan sólo la ignorancia nos ofrece tales desigualdades. La ignorancia acerca de nosotros mismos, y de los otros. La guerra es un acto de ignorancia, pero no el único. 

"La ladrona de libros", me la regaló un amigo que me conoce bien. Un amigo que sabe que no tengo prejuicios ante la letra impresa. Era una mañana de primavera, del año 2009. Y cuando llegó del kiosco de prensa, con él en la mano, deseé que tuviera algo urgente que hacer y que me dejara sumida en la lectura de aquella historia. Y así aconteció. Mi amigo tenía algo urgente que hacer y me lo había comprado para que, entre tanto, lo esperara. No hubo mejor espera. Ya os he dicho que me conoce bien. 

En "La ladrona de libros", la Muerte, cobra protagonismo, es testigo de la locura humana que es la guerra. Liesel Meminger, la niña, el personaje principal de la historia que nos narra Markus Zusak, se va curando de esa locura, que soporta en un pueblo de la Alemania nazi durante la Segunda Guerra Mundial, leyendo, memorizando, leyendo, memorizando, una y otra vez, y fascinada por todas y cada una de las palabras que aprende y por todas y cada una de las historias que encuentra en aquella inmensa biblioteca, ahora prohibida. Biblioteca a la que acude a "tomar prestada su sanación", acude a leer. 

 Advertid que siempre que quieren arrebatarnos algo en nombre de la libertad y de la paz, queman libros. Los prohíben. Sí, no podemos fiarnos de las personas que no sienten nada cuando se quema, o se prohíbe un libro. Esas persona nos traerán desgracias... 

Después, en 2013 se hizo una adaptación cinematográfica de la novela, dirigida por Brian Percival y protagonizada, entre otros, por Sophie Nélisse, Geoffrey Rush y Emily Watson. He de decir que estuvo a la altura de la novela. También me gustó la película, aunque hubo matices que no contempló. 

 Hoy os propongo una invitación al asombro, una invitación que os sanará de la más terrible de las tragedias. Pero para ello debéis soportar la Vida, como la natural expresión de lo que somos... 

¡¡¡Disfrutad de las palabras de la Vida mientras llega la Muerte!!!



Acerca del argumento:

 "La primera peculiaridad de esta novela es su narrador, mejor dicho, su narradora: la Muerte. Ella es la que nos cuenta en primera persona la historia de Liessel, una niña alemana que descubre durante la segunda guerra mundial el placer de la lectura y el horror de la guerra. Sé lo que estás pensando: “¡Oh, no! Otra novela sobre el tema del Holocausto”. Y es que parece que este tema, a nivel literario al menos, vuelve a estar de “moda”. Pero, aunque trate este tema habitual, lo hace desde una perspectiva peculiar. A diferencia del “Niño del pijama”, la “ladrona” cuenta los horrores de aquellos que vivieron la segunda guerra mundial como ciudadanos normales que trataban, en la medida de lo posible, de seguir con sus vidas mientras lejos se desarrollaban unos acontecimientos dramáticos. 

Ése es el caso de la familia de acogida a la que llega Liessel. Una serie de personajes entrañables pueblan las páginas de esta novela: Rudy, el niño con el que Liessel entabla una gran amistad, que está obsesionado con Jesse Owens; Max, el ex-púgil judío que permanece escondido en el sótano; Hans, el pintor de brocha gorda y músico aficionado que ejerce como padre de Liessel; Rosa, la madre de acogida perpetuamente enfadada; la mujer del alcalde, y un largo etcétera, en el que destaca por encima de todos Liessel, la niña protagonista, rebautizada como la “ladrona de libros”. 

En esta novela encontramos el amor por la lectura (y también por la escritura) que el autor siente y que nos transmite a través de su protagonista, esa niña que recoge todos los libros que encuentra y que convierte en sus posesiones más preciadas. La lectura de esos libros tendrá un poder positivo sobre ella y sobre otros habitantes de la pequeña población. 

Con una narración ágil, a veces cortante y seca -como no podía ser menos, tratándose de la Muerte-, y otras veces, poética, Markus Zusak usa el recurso del flash-forward, que al contrario que el flash-back (que nos muestra hechos transcurridos en el pasado), nos muestra un futuro que todavía no ha sucedido, amparándose en los conocimientos venideros que tiene esta narradora excepcional. Este detalle puede molestar a algunos lectores, por el destripe de información, igual que otro recurso habitual: los incisos que efectúa cada dos por tres la narradora escritos en una tipografía distinta. Aunque al principio se hacen raros, rápidamente el lector se habitúa a estos incisos y comprende que forman parte de la manera en que está narrada esta historia. Y si llegáis al final, tened pañuelos a mano, porque “la ladrona” os robará el corazón"

viernes, 25 de abril de 2014

DEMIAN de Hermann Hesse


Hoy os invito a una de esas nostalgias que jamás se alejan de nosotros. En este caso, nunca he permitido que Demian, de Hermann Hesse, se esfumara por las cloacas de la desmemoria. Siempre anduvo por los anaqueles de mi vida y de mi biblioteca, en una edición de bolsillo, con una dedicatoria hermosa y enamorada, rubrica y fecha. 
 Era muy joven cuando me lo regalaron. Y lo leí. No sé qué pude entender entonces. Ahora sé que más allá de lo que pudiera comprender, hubo algo mágico que abrió mi curiosidad hasta confines ignotos. 
Porque lo que mi curiosidad buscaba, lo que suscitaba sueños, placer y miedos, no encajaba en absoluto dentro de la "felicidad mimada" de mi paz infantil. Pero esto lo supe después. Supe más tarde que el amor no debe pedir ni exigir. 

 Las páginas del Demian, al que os invito, están repletas de tiempo: amarillas, subrayadas, una y otra vez, como si temieran perder algo muy valioso. Ya sé que muchos no creerán que una joven adolescente pudiera sentir tales deleites, para ellos no va dirigida esta invitación. 

La invitación es para aquellos que conocen mejor al ser humano. Para aquellas personas, valerosas y de carácter, que, como dice Hesse, han inquietado siempre a las demás gentes... Y las inquietan porque no son personas que saben. Son personas que buscan. 

"Y cuando alguien que de verdad necesita algo lo encuentra, no es la casualidad la que lo pone en su camino, si no él mismo..." 

 Bien, dado que todos necesitamos encontrar un "algo" o un "alguien" y que el exterior es aceptado, por la mayoría, como la única realidad donde poder encontrar a ese "algo" o a ese "alguien. 

Os propongo un juego: silenciad al todopoderoso dios-exterior: real, único y verdadero y mirad hacia el interior de vosotros mismos... 

 ¡ Ahí estará aguardándoos ese "algo" o ese "alguien"!

 ¡Y seguid buscando...! 


 Acerca del argumento:

 "La historia de la juventud de Emil Sinclair, es una novela que relata la niñez hasta la madurez de este complicado personaje del escritor alemán Hermann Hesse. La obra fue publicada por vez primera en 1919. En ésta Emil Sinclair es un niño que ha vivido toda su vida en lo que él llama el Scheinwelt (mundo de ensueño o mundo de la luz), pero una mentira lo lleva a ampliar sus visiones del mundo y a conocer un personaje enigmático de nombre Max Demian que lo llevará por los senderos del auto-razonamiento destruyendo paradigmas materialistas que antes le rodeaban. La novela refiere y utiliza conceptos del Gnosticismo, particularmente el demiurgo (entidad que, sin ser creadora, es impulsora del universo imprimiéndole movimiento) Abraxas, mientras muestra la influencia del sistema de psicoanálisis de Carl Jung. La novela fue publicada primeramente con el pseudónimo de "Emil Sinclair", como el narrador de la historia, pero Hesse reveló luego ser el autor"

miércoles, 19 de marzo de 2014

CONFUSIÓN DE SENTIMIENTOS de Stefan Zweig



La historia de un profesor universitario, no la de todos los profesores universitarios, puede mirarse, en parte, a través de esta bella obra de Stefan Zweig (Viena, 1881- Brasil, 1942).También la de los estudiantes, no la de todos los estudiantes, por supuesto. 
 La vida interior, si la vivimos como nuestra, nos tiene a su merced. Del mismo modo que aquellos que se tienen por más expansivos, los que rozan y entremezclan su verbo, su piel y sus afectos y desafectos, incesantemente, están a merced de otro tipo de huracanes. 

 En definitiva, todo es bello si acontece en los pentagramas de nuestros días. Y no es bello porque nos procure una felicidad de idiotas, es bello porque nos obsesiona, nos tortura y nos ofrece momentos sublimes, tersos de inquietud y curiosidad. 

Hoy os invito a uno de mis libros secretos. En vano he tratado de hallar una explicación lógica a este hecho. Es uno de esos libros que deliberadamente he excluido de cualquier acto social. De cualquier opinión, de cualquier artificio o brusquedad por parte de los otros. 
Lo he protegido, soy consciente de ello, lo he protegido de la vanidosa frialdad de aquellos que, por pegar la hebra, revelan lo impenetrable con razones tediosas. 

Os regalo una tempestad interior, un grito de muerte… 

Después… ¡Amad la vida con ahínco y leedla entre líneas! 


ACERCA DEL ARGUMENTO 

 Roland, un joven estudiante, está a punto de abandonar los estudios cuando su padre decide enviarlo a la universidad de una pequeña ciudad de provincias. Allí, un brillante profesor despierta en él una nueva pasión: el amor al saber. Deslumbrado, el joven se acerca al maestro y le propone ayudarlo a concluir la gran obra de su vida. El profesor acepta el ofrecimiento, pero pocas veces manifiesta la gratitud que el discípulo ansía y en ocasiones incluso lo trata con una distancia que lo atormenta. Tan devoto como inseguro, Roland se pregunta por qué no es digno del interés de una persona tan maravillosa como el admirado maestro, ¿tan despreciable lo considera? La respuesta, sin embargo, es mucho más compleja y desconcertante de lo que podía sospechar, y sólo en el otoño de su vida, cuando él mismo se ha convertido en un respetado profesor, es capaz de evocar unos hechos que, ahora lo sabe, marcaron su vida más que todos los honores o los éxitos profesionales.

miércoles, 26 de febrero de 2014

EL CONTADOR DE HISTORIAS de Rabih Alameddine



Escuchad. Dejad que hoy os cuente una hermosa historia. Era primavera, junto al Mediterráneo. Yo era inmensamente feliz. Sí, tenía una felicidad de esas que hacen sublimes todas las miserias, simplemente porque en tal estado no existen miserias. Y fue entonces cuando me regalaron "El contador de Historias" de Rabih Alameddine. No conocía al autor, ni por supuesto su obra, pero mi sonrisa, al ver el libro escogido para mí, se hizo más expresiva que cualquier alusión erudita. Y la novela se incorporó por derecho propio a mis castillos en el aire, y pasó a formar parte de aquella felicidad, que como todas las eternidades terrenales un día se esfumó. 

Pero de aquel entonces, quedó, entre otros, "El contador de historias", con su sabor a felicidad eterna. Es un libro más allá de cualquier consideración lógica. ¿Su dedicatoria era acaso una revelación? : "A Nicole Aragi, destructora de demonios, exquisita paloma". Deseo pensar que lo era... La novela fue el primer éxito literario del autor. ¿Esto también era una revelación? No lo sé... 

Lo cierto, es que las historias de aquel contador de historias, de aquel hakawati, son tan hermosas, tan a la medida de ninguna medida, que siempre que las releo me amarra su viento al mástil de un barquito de papel. Y recorro el mundo salpicando de olas las tierras del desierto. Las tierras de Damasco, del Líbano... y a  las gentes de esa cultura, de las Mil y una Noches, las miro y me miran. Y entonces sabemos que es mucho más lo que nos une que lo que nos separa. 

No os desvelaré lo que significan las palomas, ni os desvelaré lo que significa tirar una llave al mar... Descrubidlo, id a cualquier garito y escuchad al contador de historias. Prestad atención a sus silencios...  ¡Y dejad que su voz os proteja de los discursos estúpidos!

Os deseo que alguien os cuente una historia, y que sea el mejor hakawati el que os embelese con un cuento tan extraño, tan autentico, tan maravilloso y tan intrigante que os inunde el corazón, sin remedio, y sin querer ponerle remedio a tan hermosa enfermedad. Porque en las historias, como en la vida, lo importante no es la historia, sino cómo se cuenta. 

 ¡Qué las historias del hakawati, os miren de soslayo y os confundan entre sus lunas orientales! 


Acerca del argumento: 

 "En 2003, Osama al-Kharrat regresa a Beirut, tras muchos años en Estados Unidos, para visitar a su padre agonizante. Allí entra de nuevo en contacto con su infancia, con la traumática guerra contra Israel, pero sobre todo con la figura de su abuelo, un hakawati o contador de historias profesional. Sus historias —sobre su llegada al Líbano como huérfano de las guerras turcas— se mezclan con cuentos tradicionales del Medio Oriente reimaginados, desde Abraham e Isaac hasta Fátima. Como un verdadero hakawati, Rabih Alameddine nos brinda Las mil y una noches de este siglo: una novela divertida y cautivadora que encanta desde sus primeras líneas. Una novela de gran calidad literaria que mezcla los mejores ingredientes de la narrativa de aventuras con la actualidad de Oriente Medio"
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